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El exorcista, yo sigo siendo aquel…

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Innovación: acción y efecto de innovar, creación o modificación de un producto y su introducción en un mercado. No es la mejor definición que he leído de la RAE, pero soy consciente de que, a ciertas edades, todo cuesta más. Total, que en los últimos años, esta palabra nos martillea día tras día convertida en la piedra filosofal, en el santo grial que nos hará más listos y más felices. Yo que no suelo tener la cabeza para muchos ruidos, utilizo la innovación con mesura. La aplico poco o nada en mis tortillas de patata y lentejas (eso se lo dejo a Ferrán Adrià), poco o nada en mis métodos de limpieza (doméstica), aunque no voy a negar haber sucumbido ante algún lavavajillas casi milagroso, y poco o nada en mi forma de vestir porque no nos engañemos, uno no tiene edad ni cuerpo para experimentar con looks tendencia pero poco prácticos para una vida convencional. Las medias de futbolista con bermudas me crean desasosiego.

Pero como quiero estar a la que salta, me inquieta no utilizar la innovación. Hay veces que me cuesta hasta conciliar el sueño pensando en qué aspectos de mi vida debo innovar. Dicen que si no lo hacemos, nos quedaremos obsoletos, y acto seguido, desenganchados de esta sociedad que no te perdona ni una. No sé, pero parece que de apellido le hayan puesto presión. Te presento a Innovación Presión. Encantado.

Me centro en el trabajo. Yo creo que no voy mal. No es que vaya a luchar por las medallas pero tampoco me cerrarán el estadio antes de llegar a la meta. En redes sociales, me defiendo, por más que no deje de decirme a mi mismo que esto es como pegar carteles en la calle, pero más cómodo y limpio. Vendo piso. Vendo chanclas poco uso. Me estoy comiendo una bravas. Estos son mis pies en la piscina municipal. Te presento a mis abdominales. Te voy a pegar un tiro. Se busca hombretón limpio y sin instintos criminales. Mira qué paella.

Innovar han innovado. Aunque no se yo si antes deberían habernos dado un cursillo acelerado, como de esos que te dan cuando estas en el paro y que no te sirve para nada excepto para comprobar que los fondos dedicados a fomentar el empleo van fenomenal para que unos pocos no se queden sin trabajo. Me desvío del asunto.

En el tema informática estoy ahí ahí. En Word me defiendo por más que se empeñe el señor Gates en actualizarlo cada vez que le pillas el punto. Conocimientos de Excel tengo aunque las malditas celdas se me rebelen de vez en cuando. Otros programas, pues nivel usuario. Tampoco aspiro a un puesto en la NASA.

Si hablamos de relaciones personales, ahí me planto un poco. El tema emocional admite pocos cambios a no ser que vengas del neolítico, con lo cual, más que innovación, mereces una celda de aislamiento de por vida. Fíjate que puntito de agresividad me está saliendo solo buscando formas de innovar. Yo no se en qué me puedo convertir si lo consigo.

Leo un poco la prensa, que siempre anda contratando cerebros innovadores pero terminan regalando aspiradoras y robots de cocina (¿dónde puedo echar mi CV para el puesto?). Me topo con una noticia curiosa. Varios restaurantes han prohibido pagar por separado. O sea, que me pagan todos juntos y las cuentas las hacen luego o aquí no se sirve. En su defensa aseguran que no pueden atender a un grupo de 20 personas en fila diciendo: a mi me cobras 5 bravas, no raciones, dos bocaos de una tosta de jamón, 3 mejillones, 6 aceitunas (los huesos los tienes en la mesa… o debajo de ella) y media caña, que la espuma no me la he bebido. Tiempo, cambios, y lo mejor, al final, los chupitos y los vinos previos tomados en la barra no los paga ni el tato. Pues me parece bien. Digo lo de los bares. Han innovado.

O sea, que era esto… Y yo intentando innovar la innovación. Ahora me cuadra todo. Urge un curso vía Google de Iniciación a la Innovación. 40 horas. Certificado por el Instituto de Innovación Horbrook Institute Innovation. Un nuevo nicho de empleo.

Yo no soy quien para cuestionar casi nada y mucho menos si parece una cuestión tan consolidada y aceptada por todos. Me reservo, eso si, mi derecho a ejercerla en virtud de mi libertad como persona, humana, que sigo siendo (tengo días) por muchos envites que te de la vida y los que en ella habitan. Innovar a golpe de pistola me acojona. Incluso cuando en el tema que me apasiona, las series de televisión, hay veces que funciona, y otras que no. Todo depende de la maestría que uno tenga, innata o aprendida con los años. Por eso la serie de la que hoy os quiero dar mi humilde opinión, innovar lo que se dice innovar, pues poco, pero gustarme, lo que se dice gustarme, pues un rato.

El exorcista

El delirio que precede a este artículo (no me lo tengáis en cuenta) es una reflexión, y mira que me gusta poco reflexionar, pero cuando me pongo, me enredo y me quedo un rato sin saber salir. Lo dicho. Al ver esta serie, o mejor dicho, antes de verla, me asaltaban tantas dudas que me daba hasta pereza. Hacer una serie basada en la película El exorcista me parecía un sacrilegio. Como cualquier adaptación, continuación, remake o como quieras llamarlo. Los clásicos son clásicos por algo. Y jugar con ellos no trae nada bueno. Pero como soy un poco ‘masoca’, y a pesar del mal ratito que me hacen pasar las historias sobre posesiones, me puse a ello.

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Empecemos por los actores. De entrada, el reparto atrae. El mejicano Alfonso Herrera pinta bien. Cura joven, guapo, latino… Tras verle en Sense8 resulta hasta gracioso. Ha pasado de darse unos revolcones de escándalo con nuestro Miguel Ángel Silvestre a sacerdote. Cuidado. La cosa no es tan gratuita como parece ya que cuando la serie avanza, uno descubre que su atractivo es parte importante de su papel. Ni un pero.

Nos encontramos después con Geena Davis. Supongo que marginada del cine por su edad, como muchas otras (urge Comisión de Investigación), es la enésima actriz que desembarca en la televisión para dar vida a un papel que el cine le niega pero que aquí, le permite sus momentos de lucimiento. Eso si, necesitará de varios episodios para coger su sitio. La mujer, expresiva, lo que se dice expresiva, no es. Tampoco es que lo haya sido antes. Pero desconozco si el extremo al que lleva su cara, lo es por exigencias del director o por inyectarse sabe dios qué. Con ella, nunca sabes si deberías decirle hola o adiós. Si entra o sale. Si está triste o alegre. Si es un ser angelical o te va a romper el cuello. Paciencia. La inexpresividad puede dar sus frutos. ¿Me has oído Nicole?. De ahí lo acertado de su elección. Su cara no da pistas. Y eso ayuda mucho a la historia.

Pero para mí, sin duda, la gran sorpresa ha sido Ben Daniels, uno de esos actores que te suenan pero que nunca ha sido una estrella, y mucho menos, ha tenido un papel protagonista como lo tiene en El exorcista. Y la verdad es que es todo un acierto. El papel ya es un regalo para cualquier actor, pero en sus manos, es capaz de eclipsar al mismísimo diablo.

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Vamos con la serie. Sorpresa. Y eso que las historias de posesión no suelen ser una fiesta en innovación. De hecho, en esta, los tópicos se suceden uno tras otro. Pero claro, una posesión es una posesión, ya se sabe, el poseído tiene voz de aguardiente, el cuerpo, un mapa de heridas a cual más desagradable, nos mostrará habilidades como elevarse de la cama cuando le sale, tendrá la fuerza de un luchador de sumo, indagará en tu pasado, concretamente en tus secretos más ocultos como si fuera un periodista del corazón, te insultará (como un periodista del corazón) y como remate, vomitará como un surtidor a pesar de no probar bocado durante el tiempo que el angelito/a lleve dentro el demonio. Por supuesto, si es verde, mejor. Yo, no por verlo muchas veces, condigo evitar el asco más profundo (de ahí mi reparo ante purés de colores similares).

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Exorcist Season1 Episode 106

Exorcist  Season 1 Ep 105

Y entonces, me diréis, ¿qué tiene de buena? Y yo me alegro mucho de que me hagas esa pregunta. Primero, entretiene, que no es poco. Tiene una historia que se sostiene (aunque reconozco que se les va un poco de las manos). Los giros se suceden en cada episodio, sin retrasarlos ni mostrándolos todos a la vez. Y son solo 10 episodios, lo que hace que nada se alargue como ocurre con ciertas producciones patrias. Cansinas hasta la desesperación.

En contra, claramente está su encaje con la historia original. No olvidemos que no se trata de una adaptación, es, y aquí mi sorpresa (grata), una continuación, porque parte de mis perezas previas residían en ver un remake y esto no lo es. Punto. No cuento más. Añadir que si no has visto la película, te dejará un poco frío, no la serie en sí, sino el encaje de una historia que en el filme sucedía en 1973, y este, en nuestros días. Recomendable una sesión antes de ver la serie. El otro aspecto negativo es sin duda que esta serie se emite en EE UU en una cadena en abierto, FOX (aquí se encarga HBO), y aunque sea en un horario adulto, tiene las limitaciones que tienen todas las cadenas en abierto. No pueden llegar todo lo lejos que llegan los canales de pago como HBO, Netflix etc etc etc… O sea, que no pueden soltarse la melena y esa contención hace que a veces nos vengan a la mente imágenes de terror para adolescentes. No se producen pero sobrevuelan. Yo creo que aquí reside la culpa de sus datos decepcionantes en Estados Unidos, y la incertidumbre sobre si renovará. Su creador ha dicho que aún no está cancelada y que en varias reuniones con los directivos de FOX, ha explicado hacia dónde caminaría la segunda temporada.

Total, que sin ser una ficción que pasará a la historia, se deja ver. Y eso, hoy en día, es mucho. No hace falta decirlo, pero se recomienda no ver a la hora de la comida, ni de la cena, ni de la merienda… Vamos, que si tienes estómago, adelante. Yo es que soy flojito para estas cosas.

The Crown, God save the Queen

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Juro ante lo que me pongan que lo que voy a contar es absolutamente cierto, está basado en hechos reales y se han cambiado los nombres para evitar represalias. Igualito que una peli de las sobremesas del fin de semana de Antena 3.

Cualquiera que a día de hoy, digamos de ayer y de siempre, esté buscando trabajo al margen de la mayor agencia de colocación de este país, dícese del enchufe o me he enterado por mi cuñado, además de la desesperación por no encontrar nada, o en el mejor de los casos, encontrarlo pero que no sirva para poder comer una vez al día, el aventurero que lo intente se estará llevando las manos a la cabeza pensando en qué momento nos cambiaron el idioma. Debió ser al poco de darnos euros por pesetas. Tuvo que ser entonces y se debió hacer con nocturnidad y alevosía (y muy mala hostia).

La cosa es muy sencilla (de explicar no de entender). Si uno usa algunas de la herramientas de búsqueda de empleo, esas que prometen que encontrarás trabajo antes de lo que imaginas, las dudas no es que te asalten, es que te toman como rehén y sin pedir rescate por ti.

Voy a los ejemplos prácticos que yo soy de esa generación pelín cortita que pillamos mejor las cosas si nos las explican con dibujitos: Business Development Executive w/EN/german/Dutch. Bien. Pasamos a los requisitos mínimos. Si no tienes el título de inglés expedido por la mismísima Reina de Inglaterra, la cosa se te complica al intentar entender qué buscan, pero puedes intuir gracias al Google Translate que el tema es vender. O sea, que a poco espabiladitos que seamos, se trata de telemarketing. Vender comiendo la oreja vía telefónica a ser posible en horas intempestivas que así les pillas más desarmados. No necesitas experiencia pero si la tienes mejor para ellos. Piden que estés muy motivado (a ser posible sin utilizar sustancias pero eso no especifican), que seas ético (no se si con los animales, con el planeta o con tus jefes), ambicioso (pero no tanto como para irte del curro a la primera de cambio), que poseas un gran interés por los negocios (los suyos no los tuyos) y… aquí viene mi favorita, tener un gran sentido del humor. Uso varias veces los traductores pero no parece que haya mucho misterio: great sense of humor. Si, dice esto. ¿Alguien que pueda explicármelo? ¿No, nadie? Entonces del sueldo ni hablamos porque no conviene cabrearse al segundo párrafo. ¿No me diréis que al responsable de ponerle nombre a la oferta y escribir los requisitos no os lo comeríais? Yo hasta poco hecho y eso que la carne me gusta más bien pasada.

Si seguimos buscando, nos encontraremos ofertas tipo: Desarrollador Full Stack, B2B Process Analyst, Collection Accounting Administrative, Supply Chain Operations Demand Planning Analyst, Learning Manager – Customer Fulfilment Centre, Site Engineering and Facilities Manager M/F, Circular Knit Fashion Designer – Womenswear, International Back Up team Member (French)… Y lo mejor de todo es que miras y cada oferta tiene 300 solicitudes como poco, o sea, que no es coña, que es real y que estos puestos existen, y encima, que hay mogollón de gente con ese perfil. Pero ¿dónde he estado yo metido estos últimos años?

Para ser el país de la Unión Europea con menos nivel de ingles, es curioso ver los nombres de los puestos de trabajo que se ofertan. ¿Estamos ante un complot de la multinacionales que solo quieren trabajadores de fuera?. ¿No nos quieren? ¿Dejo entonces el Follow me?

Por ejemplo, lo de “se necesita periodista” es más antiguo que el hilo negro, aunque luego los periodistas sigamos escribiendo con dos dedos y en cuanto nos sale un mensaje en el ordenador, desenchufamos sin pensárnoslo dos veces. Doy fe cual notario. Ahora la oferta sería algo así como Journalist Specializing Brand Marketing Social Media Fucking You Brother! Pedir ayuda a nuestros políglotas políticos sería en vano, mejor que lo vean en el Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Pero la queja me la escribe en inglés…

¿Qué está pasando? Porque la RAE se pone como una energúmena si mandamos a Eurovisión una canción en inglés. ¿Aquí no piensa intervenir? ¿Lo considera aceptable? Pero el tema llega al delito cuando una vez has entendido qué piden, entre los requisitos de muchas ofertas está el saber castellano, inglés, francés, alemán (nativo) y se valorará chino y ruso. Experiencia de 5 años en puesto similar, no tener más de 22 años para entrar a formar parte de un equipo joven y dinámico, disponibilidad horaria, coche propio y mantener la sonrisa cada final de mes cuando veas la nómina. El contrato es por un año. 6000 euros brutos anuales. Entiendo que te pagarán seis meses si y seis meses no. O en especie.

Reconozco que me muevo entre la risa nerviosa y el cabreo más monumental. Pero me contengo esperando que un día alguien con sentido común (el menos común de los sentidos, por cierto), diga hasta aquí hemos llegado. Puñetazo en la table, una buena palabrota, porque ellos andan justitos en este asunto, y un aquí se usa el castellano, coño. Porque yo me apuesto lo que tengo (que básicamente es nada) a que el personaje de turno encargado del diseño de la oferta, no sería seleccionado ni aunque su padre fuera el dueño de la empresa. Es que mientras se te gira la cabeza (y tu venga a sujetártela para no resultar desagradable), no se te ocurre el porqué de semejante mamarrachada. Entiendo que en la revolución de la cocina, esa, si, responsable de que tardemos más en leer el nombre del plato que en comérnoslo, haya una cuestión meramente económica. Tu dices: filete de lenguado con olas de mantequilla fundida sobre un lecho de aire de gazpacho y rocas de aceite al vapor, y chico, te comerás una mierda, pero de 60 euros no bajará el plato. Lentejas con chorizo, 5,95. Pero es que en el tema laboral, es todo lo contrario. Cuanto más largo, rimbombante, ininteligible y estúpido sea el nombre del puesto, ¡MENOS TE VAN A PAGAR!. Es como si a tu casero, o al cajero del súper, le hiciera gracia y te descontará un 20% cada mes por trabajar como Supply & Stock Control Specialist. En cambio, le dices que eres reponedor del Mercadona y como mucho te pedirá que le cueles en la caja.

Es lo mismo que ocurre en el mundo de la moda con esos estilistas que, porque ellos lo valen (because I´m worth it), se atreven a ponerse unas sandalias con calcetines blancos. Si se las vemos a un jubilado alemán, nos partimos la caja. Si se las vemos a ellos en una alfombra roja, están creando tendencia. Lo que pasa es que para mi, que un/a influencer (te cagas) se ponga dos chistorras a modo de tiara, me hace pasar un buen ratito, si tengo el día. Pero en el tema laboral, las gracietas deben ser las justas, aunque yo intente desengrasar este drama cotidiano, porque no parece que la protesta en serio, de resultados.

Si uno busca teleoperadores, que lo diga, que lo escriba. Y si busca mozo de almacén, igual. O dependiente, o médico, o carnicero. Si la cosa ya va de nuevos empleos inventados por los anglosajones, pues vale, pero que nadie tenga que pasar un mal rato cuando le pregunten que en qué trabaja y sea incapaz de decirlo sin alcohol en las venas. ¿Es pedir mucho? ¿Realmente hace falta saber coreano para llevar un autobus escolar? ¿Es necesario saberse el himno británico para reponer fruta en un supermercado? ¿Estamos llevando este tema hasta límites que rozan la ilegalidad?

Ir de nuevos ricos nos ha costado más de un disgusto (al que lo fuera y lo hiciera, claro), pero ir de nuevos snobs semánticos (o lo que es lo mismo, gillipollas que se creen superiores por meter palabrejas en inglés en conversaciones cotidianas donde exista una correspondencia en nuestro idioma), nos convierte en auténticos majaderos con poco recorrido.

Para unos y otros, hay recomendación sea cual sea su nivel de inglés. No se deja a nadie de lado porque esta serie es una delicia para muchos paladares, si, para los exquisitos también…e incluso para aquellos que sabemos que unas lentejas de la abuela, hoy por hoy, no tendrán estrellas, pero te suben hasta ellas.

The Crown

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Netflix no para. Ni intención tiene. Su despegue internacional ha convertido a esta marca en una factoría non stop (le voy a dar un poquito al tema…) de series de culto. Y cuesten lo que cuesten. Como es el caso de The Crown, una narración (astuta) de la vida de la Queen Elisabeth desde que llega al trono en 1952. Un hecho temprano por la muerte repentina de su padre. A partir de aquí, esta joya televisiva se mueve como ninguna entre el rigor y el folletín. A veces estamos asistiendo a un hecho histórico y acto seguido, le vemos el culo al Duque de Edimburgo, porque lo exige el guión. O escuchamos a una Reina Madre soltándole a su granddaughter, un speech demoledor sobre su destino y obligaciones, con la misma solemnidad que se fuma un purito entre mascarillas de oxígeno. Recetas no le da. God save the queen… venga, paro aquí.

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Sus 10 episodios (se anuncian 60 si la cosa no se tuerce) muestran (cómo se gusta a mi esta frase) las intrigas de palacio (¿a qué si?) de una familia que, y esto llama la atención, se quieren. Como lo oyes. Y mucho. Y tienen sentimientos. Unos por otros además. Llama la atención, o al menos a mi me ha sorprendido, que a personajes idealizados como Churchill, le ponen a bajar de un burro, que a la hermanísima, le gustaba quitarse la diadema más de lo normal, que el marido pero no Rey, algo que le ha tocado y mucho sus pelotas reales, es un buen padre y es un buen marido (bocaxhancla si…).

The Crown, de la que se dice ha costado más de 100 millones de dólares, no es un biopic, es como dirían los críticos, una radiografía muy inteligente y afilada de unos personajes de carne y hueso, con virtudes y defectos, hasta con miedos y sueños (muchos rotos), que se mueven con dificultad, en una época de la que se ha escrito tanto (y tan bien) pero que no nos cansamos de ver. Especialmente si como en esta serie, nos metemos de lleno en alcobas reales y en las cocinas de palacio, para ver si la plata de la familia estaba tan limpia y pulida como decían… Aunque la serie es 100% británica es Netflix quien pone el dinerito, y no quiere dejar de lado a un público norteamericano (e internacional) que ama tanto a la realeza como a sus miserias.

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No es Arriba y Abajo ni Downton Abbey pero algo hay. No olvidemos que no es una serie del Canal Historia, es Netflix. Y si encima has puesto 100 millones quieres que sea un producto masivo, aunque inteligente. Por eso es de agradecer que en lugar de inclinar la balanza hacia el culebrón, The Crown se construya con unos guiones impecables que funcionan como un reloj, y sobre todo, haya sido capaz de reunir un reparto que me atrevería a decir, solo puede salir de esa cantera infinita que existe en el Reino Unido. Todos están sublimes, perfectos. Y eso se demuestra porque te da igual si el parecido físico es más o menos acertado (que lo es). Para mi, Isabel es una espléndida Claire Foy. A ella, súmale John Lithgow, Matt Smith, Vanessa Kirby, Jared Harris…

No tengo un pero que ponerle, excepto que no podremos verla en abierto, creo. Así que habrá que pasar por caja, aunque qué queréis que os diga, si pagas y te ofrecen cosas como esta, yo me doy por satisfecho. Y si encima, me entero de qué color eran las cortinas de palacio… ¿esto tiene precio? See you soon! Best regards! O sea, hasta el próximo artículo…perdón, post.

Stranger Things, congelados en el tiempo

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Cuenta la leyenda que Walt Disney fue congelado, es decir, que usó la llamada criogenización para que cuando la ciencia hubiera dado con la cura a su enfermedad, fuera descongelado, tratado, y devuelto a la vida. Y aquí no ha pasado nada, tu.

Resulta cuando menos curioso, que el resto de los mortales, sin previa firma de conformidad, seamos sometidos a la misma técnica, año tras año, verano tras verano, con inciertos resultados. Y digo lo de incierto, porque desconozco si lo que pretenden es mantenernos frescos como lechugas o para matarnos sin contemplaciones, a la espera de un adelanto científico que resuelva el enigma, hoy por hoy, lejos de solucionar, de cómo regular el termostato del aire acondicionado.

Si vas en tren, pongamos el AVE, el peligro acecha en el mismo instante en el que se cierran las puertas y aquello se pone en marcha. Los que estamos un poquito viajados, sabemos que antes de una muda de repuesto, es preferible, imprescindible, llevar un jersey, chaqueta, incluso polar, eso ya depende de la temperatura corporal de cada uno. Y no escondido en la maleta, sino encima, sobre los hombros, como si fuéramos del mismo Bilbao. El camino hacia la estación será duro, habrá que soportar miradas y comentarios crueles y maliciosos del personal, que en el mejor de los casos, te considerarán que estás mal de la cabeza al verte a 40 grados y con el jersecito de marras (qué te van a contar a ti). Pero en este caso, y dándole la vuelta al refranero, ande yo caliente, ríase la gente. La recompensa llegará y pronto. En pocos minutos, la temperatura del tren bajará hasta ponerte las mejillas como una pastora suiza. Los incautos, sufrirán las consecuencias y entenderán cómo se siente una gamba en nuestro frigorífico.

Amablemente (aunque esto no es requisito para muchos que siguen creyendo que la mala educación todo lo puede) le pedirás al personal si pueden subir un poco la temperatura. Hay que hacerlo pronto porque de lo contrario, la hipotermia dificultará el habla. Es lo que tiene la hipotermia y contra eso, no se puede luchar. Amablemente (o no, porque hay miembros de la tripulación que entran dentro del grupo de aquellos que consideran que la educación…pues eso) te responderán que no pueden hacer nada, que el tren es climatizado, y que está regulado. No se si por ley. Supongo que la climatización a la que se refieren, viene determinada por la empresa de cámaras frigoríficas encargadas, mediante concurso público (no se crea nadie que esto es a dedo), de suministrar los vagones usando el mismo criterio que hacen para ganar concursos en Pescaderías Pepe.

Inmediatamente, te vendrá a la cabeza cómo es posible que un tren que ha costado, uno, dos, seis, doce millones de euros, tirando por lo bajo, tenga el mismo termostato que un ventilador a pilas. Pero claro, como no puedes decir, “última vez que viajo con esta compañía”, pues te enroscas en la chaqueta, y el orgullo, te lo echas hacia atrás, como si fuera una bufanda. Estilo que no falte.

Que nadie crea que esto es exclusivo del tren. Los autobuses urbanos han debido darle el concurso a la empresa antes mencionada. Sin importar edad, reza, sexo ni condición, mientras uno observa la ciudad bajo un sol de pelotas, la escarcha se te amontona en la cabeza, especialmente si no tienes pelo. ¿Balance de víctimas? Me imagino que el dato más fiable lo tendrán los farmacéuticos, quienes con la venta de antigripales, hacen su agosto. Vale. Aceptamos economía de mercado como motor de nuestra sociedad.

Del metro me cuesta más hablar porque la experiencia sería como si uno entrara y saliera de un frigorífico instalado en Cuba. Si tienes que hacer transbordo, sufrirás en tus carnes bajadas y subidas de temperaturas de entre 20 y 30 grados. Una montaña rusa de sensaciones como diría un buen publicista.

En ámbitos privados, dígase casa y coche, la cosa no mejora. Lo que para uno es “me muero de calor”, para otros es “me estoy pelando de frío”. Como curiosidad merece la pena señalar que quienes son más calurosos, son capaces de soportar temperaturas de más de 50 grados en playas y piscinas durante horas. Es un dato y ahí lo dejo. En la oficina o lugar de trabajo la cosa no mejora ni un pelo.

Saquemos conclusiones. ¿Son los encargados de controlar la temperatura amigos o asesinos en serie? Es la criogenización un arma de destrucción masiva? ¿Veremos un día levantarse a Walt Disney, ver alguna de las nuevas películas de animación, volverse a tumbar, y pedir de nuevo que le pongan a 70 bajo cero? ¿Quizá no sea al ser humano a quien se quiera congelar, y lo que se busca sea… congelar el tiempo? Porque estaremos de acuerdo en que pasa volando… Y aquí hay gente que se apunta en un plis plas.

Demasiadas cuestiones para resolver aquí. Pero lo que si me atrevo a decir, que mientras que eso no sea factible, lo de congelar el tiempo digo, porque a nosotros está más que probado…, repito, mientras no podamos congelar el tiempo, ¿qué tal si lo repetimos, en plan día de la marmota, una y mil veces? No seré yo el que cuestione si tiempos pasados fueron mejores, pero si no tienes nada nuevo que decir, o mostrar, o aportar, o contar, copiar el pasado no es tan mala idea. Incluso, hay veces, que es hasta una muy buena. Y esto es lo que han hecho los creadores de Stranger Things, la serie del verano, la serie del año.

Stranger Things

Protas Stranger Things

Se ha hablado tanto de ella, que queda poco que decir. Para quienes la hayan visto, nada que añadir. Para quienes no, mucho y poco a la vez, porque no se puede destripar, o como se dice ahora, no se debe hacer un spoiler.

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Se ha escrito que es una mezcla de los Goonies, de Cuenta conmigo, Poltergeist, La Cosa, Exploradores, Los Cinco…y tienen razón. Yo no puedo dejar de pensar en JJ Abrams y su fantástica Súper 8, un intento (con éxito) de recuperar el espíritu de aquellas películas de aventuras de la década de los 80. Sus creadores, los hermanos Duffer, han manejado con extraordinario acierto, las cantidades que debían mezclar para obtener una serie casi perfecta. Casi porque tiene sus fallitos, solo faltaría. Perfecta, porque lo es. Aventura, ciencia ficción, terror sobrenatural, humor, acción…

Injusto sería no destacar una de las claves de su éxito: un reparto absolutamente increíble, encabezado por una espléndida Winona Ryder, recuperada tras años de ostracismo, no sabemos si voluntario o no (el asuntillo de la actriz pillada in fraganti robando ropa en unos grandes almacenes la sentó como un tiro en su carrera), y un Matthew Modine, menos recuperado porque tampoco llegó nunca a ser una gran estrella. Su último gran éxito podría ser De repente, un extraño junto a Melanie Griffith y Michael Keaton. Pero hablamos de 1990. Birdy es anterior incluso. Por cierto, a él le debió costar aprenderse su texto, unos 30 segundos.

Lo dicho. Ambos cumplen y de sobra, aunque ninguno de ellos consigue eclipsar a tres jovencitos, no, cuatro, espera que son cinco (no han cumplido los 14) y que se comen literalmente la serie, la historia, a sus compañeros de reparto adultos… Yo destacaría a uno de ellos, Gaten Matarazzo, la estrella indiscutible de Stranger Things, por su simpatía, por su naturalidad, por su manera de hablar, y sobre todo, porque le han tocado las frases más divertidas, ingeniosas e inteligentes de todo el guión. Aunque hay una niña, que no es un diez, es un ¡11!

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Por supuesto, mención especial para un guión manejado con mucha inteligencia, sin pretensiones, y dosificado con la maestría de un Spielberg iluminado (últimamente comunica cuando le llama el éxito), a cuyo altar han debido llevar flores cada día de rodaje (o lo que habían rodado en plan ofrenda).

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Total, que Stranger Things, una de las novedades de Netflix para este verano (ya sabemos, una época más floja para estrenos aunque esto está cambiando) se ha convertido en el pelotazo ¡del año!. Y lo mismo me equivoco, pero me da que a sus responsables, los de Netflix digo, les ha pillado de sorpresa. No se porqué pero sospecho que no creían mucho en ella. Sin embargo, su rotundo éxito entre la crítica, entre el público y la repercusión mundial que ha tenido, les ha hecho sacar pecho y anunciar una segunda temporada que no se si tenían muy prevista. Cuando la veáis, me decís si estáis de acuerdo.

En definitiva, serie obligatoria. Son ocho capítulos para devorar de una sentada, en plan maratón. Con palomitas, patatas y refresco si queremos ponernos a tono con una historia ambientada en los 80. O con cerveza (si sois mayores de edad) y la ambientación la podéis dejar en esa sudadera raída que nunca has querido tirar y con la que triunfaste (o eso creías) en los bailes del colegio.

Un apunte más. La música. ¡Musicón! Vaya banda sonora. De quitarse el sombrero (o lo que te quites tu en señal de devoción). Compuesta por el grupo Survive, es todo un viaje en el tiempo gracias al uso de sintetizadores que a los que ya somos talluditos (al resto no sabrán ni de lo que hablo), nos transporta a Fama, Flashdance, y todo lo que nos hiciera mover el esqueleto como se decía entonces. Su cabecera es tan sencilla, que hipnotiza. Por si fuera poco, la banda sonora está salpicada de temas de bandas legendarias como los Clash,  los Smiths, New Order, Echo and the Bunnymen, The Bangles, Peter Gabriel, Vangelis… pelos como escarpias (aun a riesgo de ser tachado de ser más antiguo que el hilo negro).

Unas curiosidades más para terminar. Una. La niña protagonista, Millie Bobbie Brown, nació en Marbella de padres ingleses, pero a los siete años se mudó a Florida donde empezó a dar clases de interpretación, hasta que ahora, con 12, ha triunfado rotundamente. En cuanto la veáis en acción, comprenderéis el por qué. Dos. Los hermanos Duffer sudaron sangre para convertir en realidad su proyecto tras ser rechazado una y otra vez (para que luego digan que los responsables de las cadenas de televisión son unos cielitos avispados que saben lo que se hacen). Tres. Ha sido rodada íntegramente en Georgia, Estados Unidos. Un lugar que parece anclado en el tiempo. Cuatro. Dicen que está llena de errores temporales: coches, armas y demás atrezzo que muestra la serie, parece ser que aún no existía en la época en la que se desarrolla.

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Stranger Things Winona

Habrá que esperar hasta 2017 para disfrutar de su segunda temporada. Aunque espero que no tarden mucho en rodar porque los chavales están edad de crecer y si lo hacen, ya no será lo mismo. Así de cruel es el tiempo, que no se puede congelar.

Decíamos ayer…

El Caso 2

Estaba yo pensando (y mira que con este calor, no es fácil), con qué cara me presento yo después de tanto tiempo sin asomarme por aquí y sin haber dejado un mísero cartel de estos que tanto vemos en estos días tipo “cerrado por vacaciones hasta el 28 de agosto”. Me repasé los emoticonos por si había alguno que definiera perfectamente mi situación. No encontré. Y la flamenca, que mira que me gusta, podía malinterpretarse. Luego pensé en hacer como si no hubiera pasado nada. Incluso se me pasó por la cabeza aquello tan socorrido de echarle la culpa a la técnica. “Pues no he recibido tu mensaje”. “Pero si te envié un whatsapp”. “Huy, el mail me va fatal últimamente”. Tampoco me reconfortaba. Al final pensé, tu escribe otro post, que estamos en veranito, y los que están de vacaciones están de buenas, y los que no, o ya las han consumido, estarán del revés y contra eso, poco se puede hacer.

Venga. Pero superada esa inquietud, zas, otra. ¿Y con qué serie hago yo mi rentrée?  Ya estamos. Otra noche sin dormir (no se me ocurrió achacarlo al calor fíjate tu). Pero como estaba hasta el moño de “reconcomes”, me despaché a mi mismo rápidamente (cosa que recomiendo…no despacharme a mi, si no cada uno a sí mismo, porque te deja un regustillo agradable), y me dije: “Javier, hagamos algo genérico”, como los medicamentos. Mismo efecto y mucho más barato.

Y aquí estoy, con un nudo en el estómago tras escuchar las declaraciones de Pedro Almodóvar a un periódico inglés donde carga contra la ficción española (las series, porque con la que está cayendo, ficción hay por todas partes). Dice que de referente nada, a los actores españoles les califica de pobrecillos porque no tienen tiempo de interpretar bien con las prisas de la industria (espero que los que hacen coches no tengan el mismo problema y terminen bien la faena). Total, que la cosa se ha liado. Incluso algunos jefazos de algunas cadenas responsables de algunas series se han parapetado detrás del twitter y cual francotirador, han disparado donde más duele (que casi siempre suele ser a las partes nobles y/o en el caso de Almodóvar, a su talento).

Decir este tipo de cosas cuando la última vez que saliste en los medios fue como propietario de unas cuentas en Panamá, no deja de ser arriesgado. Si además tu último trabajo ha sido un fracaso de taquilla (aunque éxito de crítica), podemos hablar de acción suicida. Pero cuando uno tiene cierta edad, un reconocimiento mundial, y dinero para aburrir (incluso para llevártelo fuero del país), te pones el mundo por montera y dices lo que te sale del “asuntillo”. Yo, que no estoy en una época buena para juzgar (como mucho viendo las Olimpiadas, me pongo un poco juez ruso, pero forma parte de mi carácter), y encima, no me gusta un pimiento que me juzguen, pues no se me ha ocurrido otra que analizar (muy por encima) la ficción española (o sea, JUZ-GAR).

Referente. ¿Qué significa referente? Pues parece ser que es una cosa tomada como referencia o modelo de otra. El que escribió esto debe haberse quedado “agustico”. Tenemos alguna serie a la que se le pueda aplicar esta palabra. Veamos. Alguna de nuestras producciones han sido adaptadas por los americanos, que en estas industrias, saben algo de lo que hablan. Que si Pulseras rojas, que si Los misterios de Laura. Pero ambas han pasado sin pena ni gloria por aquellas tierras.

El Ministerio del Tiempo

A mi se me ocurre que El Ministerio del Tiempo tiene muchos ingredientes para ser una serie referente. Con el presupuesto que se merece sería un pelotazo. También me ha gustado El Caso, serie a la que los jefazos de la televisión pública de este país han fulminado, parece ser que por no gustarles las referencias al franquismo. ¡Toma toma y toma!. Pero claro, qué se puede esperar de una panda de comisarios políticos sin experiencia alguna en televisión. Es como si me ponen a mi a dirigir una central nuclear. Bueno, esto sería menos peligroso. Por no hablar de los periodistas sumisos, que siguen creyendo que por haber dado un golpe de estado en TVE, tienen el pan asegurado de por vida. Pan con jamón ibérico, eso sí. Me estoy desviando. Calentando y desviando.

El Principe

Olmos y Robles

Victor Ros

¿Qué más tenemos? TVE ha decidido renovar Olmos y Robles y Víctor Ros. Increíble. Debían estar fuera y delegaron en alguien, porque son dos series muy decentes (cómo les gusta esta palabra a algunos sobre todo para llamar indecente al resto de una manera disimulada). Ambas son correctas, incluso con momentos brillantes. Cuéntame cómo pasó ha fulminado su prestigio. Águila Roja no da más de sí. También es cierto, que con estos programadores de la casa, hasta Alfred Hitchcock hubiera sufrido para estrenar.

El Príncipe de Telecinco ha sido un bombazo. Pero en esta cadena hay poco más que rascar. La que se avecina y El chiringuito de Pepe tienen (o han tenido) su público, una más que otra, pero referentes referentes… no son. Antena 3 ha debido crear un programa informático para hacer series. Bajo sospecha y Sin identidad eran tan parecidas que parecían un crossover continuo (o lo que es lo mismo, unir en un episodio a personajes de varias series). Factura impecable. Tramas alargadas hasta la desesperación. Allí abajo es un ejemplo de esto último.

Alli debajo

¿Me estoy poniendo un poco almodovariano? No. No seamos más papistas que el Papa. Luego decimos de los franceses. Se puede ser intolerante a la lactosa pero no a las opiniones expresadas con respeto. Lo que digo, o trato de decir, porque después de tanto tiempo estoy desengrasado, es que hemos dado un salto de gigante en la ficción, pero nos queda un ratito y largo. Que las llamadas series familiares ya no cuelan, que los episodios de 90 minutos más publicidad son imposibles, que las temáticas o se abren o serán mono-temáticas…  ¿Tiene razón Pedro Almodóvar?  Seguramente no. Especialmente si se expresa de la manera en la que parece que se ha expresado. ¿Tiene razón el jefazo que le ha puesto de vuelta y media?. Tampoco. Y menos usando el argumento de que las series españolas dan de comer a mucha gente. La fabricación de armas también y es cuestionable.

Por cierto, hay que decir que con lo que cuesta un episodio de una serie española, se puede comprar media temporada de una americana. Así que cuidado. El riesgo es enorme. Y si la cosa no funciona, el hostión es considerable. Cabezas no ruedan porque suelen estar atornilladas a los despachos nobles. Pero se tiende a repetir lo que ha funcionado y ahí, ya tenemos un problema grave.

Para la nueva temporada ya se están anunciando nuevos títulos, algunos con el sello de superproducción como La catedral del mar de Antena 3 y La memoria del agua de TVE, y el thriller Sé quién eres de Telecinco. Buena pinta tienen…pero ya veremos.

La memoria del agua

Se quien eres

Pues se me ocurren muchas más cosas, pero para empezar no quiero abusar. Espero que esta lectura te resulte agradable si estás de vacaciones. Amena si estás currando.  Intranscendente si buscas trabajo e inspiradora si eres responsable de que yo haya escrito esto. Yo por mi parte prometo ponerme las pilas. En ello estoy con 3 series que quiero recomendarte pero que tengo que terminar de ver porque no quiero precipitarme. Eso se lo dejo a otros. Pero como algo tengo que recomendar, toma nota. Pásate por www.soloamen.com Los chicos de esta web dedicada a la venta de complementos para hombre, además de gustarles la moda, son fanáticos de las series. Y esta combinación, me parece perfecta.

Nota: No, no me pagan, no he recibido dinero ni regalo alguno. Ni trajes, ni bolsos, ni viajes… Pero son muy majetes. La aclaración no era necesaria pero en este país, yo diría que es casi obligatoria.

Doctor Foster, una biografía no encuadernada

Doctor Foster banner

¿Alguno de los que estáis ahí, ha pensado en escribir su biografía? ¿Qué tiene mi vida qué pueda interesar lo suficiente como para que alguien pase por caja y dedique su tiempo libre a leer lo que he hecho o dejado de hacer? Pues estamos equivocados. Nuestras vidas son un filón. O al menos las de aquellos que creen (o son convencidos a golpes… de talón) que son tan interesantes que deben estamparla en papel. Marchando una de memorias. Se acabaron aquellos tiempos en los que este acto estaba reservado a personajes importantes. Actores, políticos, científicos, espías, amantes reales, líderes del mundo, han sido arrinconados y nos importa un pepino si han contribuido mucho o poco a este mundo nuestro. Lo suyo aburre. Ahora lo que se lleva es contar cuatro chorradas y posar con el libro calentito en la mano.

¿Burbuja editorial? ¿Moda pasajera? ¿Lectura obligada en los colegios? ¿Arreglo para esa estantería que se mueve? Sea lo que fuere, el universo editorial se ha rendido a las biografías de medio pelo. Para empezar, pido disculpas por no haberme documentado en exceso para escribir esto, pero apelo a vuestra compasión. En mi biblioteca del barrio, la de la Esteban estaba pillada. Así que agradezco enormemente el trabajo de Jesús del Río para El Mundo. Enhorabuena. Gracias al compañero y bajo el título de Memorias que podíamos habernos ahorrado, conocemos algunas biografías de todo a 100. Por ejemplo, que Justin Bieber publicó la suya con 16 añetes. Este cantamañanas (lo de cantamañanas sustituye al adjetivo original que había puesto pero por aquello de escribir para todos los públicos, he retirado, con dolor, eso si) nos lanzó un ladrillo de 240 páginas titulado Mi historia. Con un subtítulo que dice Primeros pasos hacia la eternidad. Y habla de cosas tan profundas como la que cuenta en una de sus canciones: “es un mundo tan grande, que es fácil perderse en él…”. Postrado me quedo ante tan sabias palabras. Evidentemente, el mozo será cantante, puede que escriba, pero vidente no es, porque años despúes, no sabe ni dónde ha dejado el coche.

Miley Cyrus lo hizo con 22. Eso sí, antes de enseñarnos todo menos sus cuerdas vocales, y antes de lanzarse a la misión de “sin bragas, la vida aprieta menos”. ¡Este podría ser el título de una continuación!. Pues no, porque la ex chica Disney (esa compañía debería hacerselo mirar porque mira terminan todas igual), ha publicado más libros. Uno en concreto, escrito por una de sus mayores admiradoras, con el nombre de “No puede parar”. Dadme un minuto… Ya… Aquí si lo cuenta todo a calzón quitado (su estado natural) y se abre como nunca lo ha hecho antes (esto hay que verlo).

Yo creo que aunque estas leyendas vivas de la música lleguen a los 90, sus datos de interés quepan en un post it. Animo a denunciarlos por malgastar el papel en el que se ha escrito. Hay que decir en su descargo, que Estados Unidos es una reserva natural en este campo. Si has triunfado, tienes libro. Si no, también. Si después del éxito, he terminado hinchando globos, mejor. Si soy un adolescente, rapidito que luego terminas como Macaulay Culkin y no te acuerdas de nada. Allí también se estila mucho lo de que si eras la taquillera del cine de la esquina donde Marilyn Monroe hacía la compra, pues cuando cumples los 100, publicas libro apremiada por unos nietos desaprensivos con ganas de hacer caja. Aunque esto entraría más en las biografías no autorizadas. ¡Y estas si que me gustan! Aquí hay chicha para regalar, aunque sean más falsas que una moneda de 3 euros, especialmente si el susodicho está muerto. Entonces, barra libre. Pruebas no se exigen, pero tampoco a las películas de Antena 3 de los fines de semana cuando dicen aquello de “basada en hechos reales”. A mi ya con esto me tienen enganchado. Por supuesto, si eres un asesino en serie, el contrato te lo ponen antes de la sentencia. En resumen, el éxito y el fracaso cotizan al alza en el mundo editorial.

Aquí no nos podemos quejar. Belén Esteban hizo lo propio tirando de Boris Izaguirre. Es aquello de yo te lo cuento (que me explico mejor que escribo), y tu me lo pones apañado, que llevo dos horas escribiendo y el corrector me está echando humo. La cosa se llama Ambiciones y decepciones. Listico estuvo el que puso el título. Básicamente cuenta lo que lleva 20 años explicando a quien le escuche, añadiendo algun momento tormentoso y delicado de su vida por aquello del morbo (y de las ventas). No digo más porque ya lo habréis leído todos. Yo, como editorial, me hubiera decantado más por Adicciones y decepciones. Supongo que no tengo madera de editor.

Su ex suegra también se tiró al ruedo editorial. Más que tirarse, se cayó. Se dio en la cara, y aprovechando el golpe, se la hizo nueva. Me voy por las ramas. Apasionante historia de una señora casada con un gañán y madre de varios hijos gañanes, alguno torero, alguno modelo, alguno, pues eso… gañán. Una nueva vida es posible. Es como el título de una canción de misa, o de festival de la canción iberoamericana,  ¿a qué si?

David Bisbal y David Bustamante han insistido en cometer el mismo delito. El primero con Desde dentro, donde parece ser que reflexiona (entiéndase como el acto de hacer varias flexiones) sobre su infancia, su éxito, su voz… Pero va y se olvida de las letras de sus canciones. Algo necesario porque a mi me cuesta un huevo entenderle. Con Shakira me pasa lo mismo. Me vuelvo a ir por las ramas… Bustamante por su parte, acaba de lanzar El sueño se hizo realidad, y aunque nos intenten colar que el buen mozo ha pasado del andamio a los escenarios, hay que decir que el dueño del andamio era su padre. Vamos, que el chico no llegó en patera a San Vicente de la Barquera (mira que rima más tonta). La eurovisiva Edurne, tres cuartos de lo mismo. Según la cantante, es como “si la gente charlara con ella”. ¡Y que Hemingway se suicidara! Ana Obregón ha hecho lo mismo. Cuenta su única verdad. Peligro. Por cierto, si ha contado que le hizo una paella a Spielberg es para dejar la paella y a Spielberg. La bióloga debió pensar que si Sara Montiel le hizo unos huevos fritos a Marlon Brando (además de un par de películas inolvidables), ella tenía que hacer lo mismo pero reactualizando el momento gastronómico. Supongo que dudó entre patillas de cerdo con espuma de berenjena o coliflor otoñal con merengue de ciruela… Pero qué va… ¿qué te va a pedir un norteamericano? Pues paella. Se desconoce si se lo pidió en el sitio en el que trabajaba nuestra internacional actriz o en alguna barbacoa. Por cierto, no desvela de dónde saco la paellera en Los Angeles… Lo habrá dejado para la segunda parte.

Para terminar, no conviene olvidar el apartado de personajes que en lugar de la publicación tipo libro (con sus cubiertas y esas cositas), lo hacen vía revista del corazón. Podríamos decir que esto es de otra liga, en plan liga adelante que suena mejor que decir de segunda. Aquí, el término biografía se cambia por memorias, aunque la mitad de ellos, la perdieran antes de escribirlas. En lugar de repasar tu vida, cuentas a quienes te has repasado.

Antes me refería a estos personajes como insensatos, pero a lo mejor me he precipitado. En el fondo, ¿no serán unos valientes? ¡Venga, a largarlo todo!. En un análisis rápido, como el que le hacemos al ordenador en busca de virus, se me ocurren pocos argumentos para escribir mi biografía. Veamos… Los buenos momentos están ahí y no hay necesidad de sacarlos de paseo. Los malos, por desgracia, también. Y ponerlos negro sobre blanco no se si ayuda a superarlos. Que el mundo (vamos a ser optimistas con las ventas) entero conozca tus miserias tiene sentido si has sido un diplomático y conseguiste que los rusos no dispararan misiles nucleares. Pero si lo que cuentas es cómo fracasó tu matrimonio o tu primer disco, yo, y es un consejo sin importancia, se lo contaría a un amiguete, y si es guionista (que andan faltos de ideas), mucho mejor, que seguro que te lo convierte en una serie estupenda.

Doctor Foster

doctor-foster pareja prota

Imaginemos. Soy guionista (qué se le va hacer mamá), y tengo una idea para una serie que va a romper los audímetros. Curiosamente no salen zombis, ni asesinos en serie, ni dragones, ni espías… Nada. La historia es más sencilla. Una doctora de un pequeño pueblo inglés, felizmente casada con un arquitecto (un poquito hipster), y con hijo pequeño ideal de muerte, comienza a sospechar que su marido se la está pegando. ¿Qué? ¿A qué me la quitan de las manos? Dicho así, a uno le entran unas ganas enormes de imaginar cómo tuvieron que ser esas reuniones para que una cadena como BBC le dijera, adelante. Y que en cinco episodios, revoluciones el país. Y que su último episodio fuera visto por más de 10 millones de espectadores… Pues solo hay una explicación. Doctor Foster (o sea, Doctora Foster en castellano) es una de las series mejor escritas de los últimos años. Y me explico aun más.

Doctor Foster pareja prota 2

Escribir una batalla entre el bien y el mal, o la historia de dos detectives medio lelos en busca de un asesino cabrón, no es fácil. Pero hacer que la cotidianidad, que el día a día de una familia normal, te interese hasta el punto de provocarte ansiedad, es como poco, para quitarse el sombrero (y lo que te plazca). Convertir la rutina en una especie de thriller es una de las cosas más difíciles que se pueden llegar a escribir. Porque claro, no hablamos de una infidelidad con la Reina de Inglaterra (y mira que esa familia es facilona). Doctor Foster cuenta una historia aparentemente sencilla, basada en situaciones reales (no en hechos reales), reconocibles, con diálogos justos, sin poesía, y con interpretaciones tan llenas de verdad que a veces, parece más un documental que una serie de ficción.

Doctor-Foster-Bertie Carvel

Todo esto y mucho más es Doctor Foster (Doctora Foster). Suranne Jones es la actriz protagonista, muy conocida en el país, pero ahora, elevada a la categoría de supremas. Su interpretación, minimalista, medida, de una mujer atormentada por la sospecha, es toda una lección magistral que confirma, que Reino Unido es una cantera inagotable de talento.

Lo mejor de esta miniserie como digo, de solo cinco episodios (cuándo entenderán aquí que los 13 episodios, más esas duraciones infernales, matan el guión más sobresaliente), es conseguir crear una atmosfera tan densa que el espectador se convierte en ese vecino cotilla, que algo sospechaba, pero poco sabía. Y claro, si nos sacan la portera que todos llevamos dentro, nos tienen en sus manos.

Doctor Foster huye del peligro de convertirse en un culebrón, y de una manera sencilla, sutil, y muy, muy inteligente, indaga en los celos irracionales, en las paranoias, en la desesperación que provoca una simple sospecha capaz de poner del revés la vida más organizada y perfecta. Su protagonista verá pasar su vida, como si le quedarán días, porque necesita recordar los momentos más felices, esos que le impiden sacar lo peor de si misma. Como leer tu propia biografía, pero no autorizada. Por cierto, que nadie se piense que esto es un paseito por el campo. Ni que nuestra protagonista se vuelve loca como Juana la ídem… No, no y no. “Ni el infierno tiene tanta furia como una mujer despreciada”. Lo digo para que veáis por donde va la historia, y que nadie se crea que esto se arregla con un asesor matrimonial…

Doctor Foster primer plano

Qué bien sientan series así. Qué bien sabe que hay vida (televisiva) en la propia vida. Hacía tiempo que no disfrutaba de una serie donde no hay monstruos (bueno, en el sentido estricto de la palabra), ni asesinos (instintos es otra cosa), ni poderes sobrenaturales (aunque los celos sean más poderosos y letales).

A su protagonista no creo que le entren ganas de escribir sus memorias, ni con la excusa barata de “lo hago para ayudar a otras mujeres que se encuentren en mi situación”… Su biografía la cuenta ella, en primera persona, a golpe de cañas (o pintas para ser exactos), de vino y de te. No es una terapia. Forma parte de la desesperación y del incontrolable deseo de gritarlo a quien quiera escuchar y a quienes no. Funciona, aunque permíteme que insista, yo en su caso, le recomiendo que secuestre a un guionista (puede buscarlo en la oficina del paro), y no le deje salir de casa hasta que le escriba su historia (coño, pero si esto es Misery…). En fin, lo dicho, hay tantas buenas historias que contar, que no podemos perder el tiempo leyendo las que no lo son. Aunque vengan encuadernadas.

Lo mejor: Un guión tan inteligente capaz de esconder cargas (y giros) de profundidad con las que hacer saltar por los aires, una historia aparentemente sencilla

Lo peor: Solo se me ocurre que no es apta para los amantes de anillos, dragones y posesiones demoníacas

Wayward Pines, ciudad de vacaciones

wayward-pines extracto poster

Con el verano metido en la maleta, toca hacer balance. Nada gusta más que decir lo bien que nos ha ido este año porque hemos tenido millones de turistas. Nuestro oro negro (o rosita para ser más exactos) parece inagotable. Invadidos por tropas extranjeras de turistas, el amor/odio que ambos bandos se profesan, no impide que las ganas de unos y de otros, se antepongan a cualquier recelo. Ya están aquí. Los turistas son el objeto del deseo de cualquier país y lugareños e invasores estamos condenados a entendernos. Camareros a pie de playa (o en cualquier recóndita terraza de secano bajo el sol abrasador), engrasan sus gargantas para entenderse a grito “pelao” (si el volumen de la voz sirviera para entendernos, seríamos uno de los pueblos más políglotas) y convencerles que la paella que se van a zampar a 60 euros por cabeza (el tamaño no importa, de la cabeza, no de la ración) se cocina en cinco minutos, que es fresquísima, nada congelada, y que la sangría se hace al momento “solo con productos naturales”. La guardan en tetrabrik por comodidad. Serán malpensados.

El turista se ha convertido en una especie que todo el mundo quiere en su ciudad pero que detesta en voz baja (a veces, no tan baja). Seamos claros, lo que quieren son sus carteras. Esto es, que si nos enviaran lo que se gastan por transferencia, nos quedaríamos tan anchos. Se buscan monederos y si el impuesto que debemos pagar es prestarles nuestras calles y playas, pues se les prestan, se les regalan y se envuelve para regalo. Ea. “¡Puri, cóbrale a este señor tan majo por 300 fotos del contenedor”…

Matt-Dillon

Todos parece que hemos estudiado el manual del turista perfecto. Sabemos que es imprescindible el dress code formado por chanclas, sandalias con calcetines, gorras y pamelas (como sombrillas), cámaras fotográficas (grandes como cabezas), camisetas de tirantes y mapas del territorio a conquistar. Un extraño camuflaje que les otorga más visibilidad, imprescindible, porque así les damos una denominación de origen, no vaya a ser que timemos a uno del pueblo en lugar de a uno de Chechenskaya. ¿Esto lo he dicho en voz alta?. Por supuesto, todo envueltito con una piel blanco lavabo (que nunca pasa de moda) que en apenas unas horas, mutará a cáscara de gamba que duele solo de mirarlos. A los pocos días, se convertirá en marrón chocolate, y de ahí, posible desintegración del sujeto, con pleno consentimiento del mismo, que para eso se ha gastado un pastón, y sus vecinos en el país de origen, tienen que saberlo, verlo e olerlo.

Nosotros también tenemos lo nuestro. Aquí no se libra nadie. Quizá por aquello de la economía, y de llegar los últimos al primer mundo, los españolitos hemos salido al extranjero mucho más tarde que nuestros vecinos. Ese tufillo a nuevo rico, sin olvidar los antecedentes que el cine de Alfredo Landa o Paco Martínez Soria nos ponía como ejemplos, nos ha dado un ligero barniz de catetillos, que llevamos estupendamente, oyeeee… Nos dejaron muy claro (o eso pensamos), que para ser turista, hay que ir de… turista. Me explico. Desde el mismo instante que cerramos la puerta de casa, uno ya es turista (previa comprobación una y mil veces de que la luz, el gas, la nevera, las ventanas de casa, las plantas y la abuela están donde deben estar… lo de la abuela da para otro post). Vecinos y comerciantes del barrio deben saber que nos vamos de vacaciones. Se apreciará que un amigo o un familiar (al que tocarle las pelotas haciéndole levantarse de la cama a las tres de la madrugada para ahorrarnos el taxi) nos lleve hasta el aeropuerto. Nos hemos dejado 2.500 euros en el pack vacacional, pero los 35 del taxi nos parecen un disparate… Que nos lleven es, además de un ahorro, una manera elegante de decir “ahí te quedas pringao”.

wayward-pines-matt-dillon y juliette lewis

Llegamos al punto de partida (aeropuertos tenemos para regalar y nunca mejor dicho). Toca mezclarse con el resto, hacerles creer que estamos muy viajados y que nada nos asusta. Si pedimos un café en el aeropuerto, sabemos que pagaremos el equivalente al precio de un metro cuadrado de la plantación de donde se extrajo (en plan multipropiedad), pero no importa, estamos de vacaciones. La gota de sudor que se descuelga por nuestra frente tras ver la cuenta (con el cafelillo han caído dos bocatas también con denominación de origen: proceden de la madre que parió al chef) se la achacaremos al calor, aunque el aire acondicionado del aeropuerto esté a punto de criogenizarnos. Pequeña charleta a los que nos atienden. Sacaremos el móvil, tablet, portátil, auriculares… Es fundamental que sepan que somos muy tecnológicos. Te sitúa en lo más alto de la tabla del viajero perfecto. Películas, series, lo último de Bisbal. Lo que sea. Estos dispositivos los carga el diablo. Sorprendentemente, el vuelo sale tarde. Tras una ligera mueca de desagrado  y el consiguiente “vaya, el año pasado nos pasó lo mismo” dicho en un tono suficiente para ser oído por media terminal, intentas controlar tus nervios. El personal de tierra actúa con normalidad. Son grandes profesionales, porque nunca se han enfrentado a un retraso. Disimulan. Muestran indiferencia, como si les importara una mierda cuándo embarcamos. Mentira. Sufren, y mucho, pero por dentro. Cuando hablan y se ríen entre ellos, en el fondo, muy en el fondo, se están tragando sus lágrimas. Cuando miran la pantalla de su ordenador, están intentando buscar respuestas para tranquilizarnos (nunca para ver si el vuelo de su compañera ha salido y se pueden ir a tomar un refresquillo juntas). Fuera pensamientos negativos. Estamos de vacaciones.

Tras horas y horas, es muy probable que ya hayamos hecho amigos. Adaptaremos nuestras exigencias  a lo que somos. Si somos pareja sin niños, pues a por pareja sin niños. Si los tenemos, pues a por nuestros iguales. Que dos veinteañeros se interesen por un par de jubilados despertaría cierta inquietud entre el pasaje. Tres, cuatro, cinco horas de retraso. Naaaadaaa. “Hace dos años, cuando fuimos a Cancún, nos pasó lo mismo”. Bonificación extra. Así se hace.

Wayward Pines Cast 2

Una vez en el destino, seguiremos las instrucciones al pie de la letra. Si hemos ahorrado mucho, nuestro destino podrá ser un todo incluido, hotel de cuatro estrellas (quizá alguna comprada en el todo a 100) con pensión completa (ensalada y pasta a discreción), visitas sin control al chiringuito (a seis euros la cañita bien tirada en vaso de plástico que sospechosamente, nunca los ves en la basura), e incluso compras de marca (en el top manta de las marcas, si hombre, según sales de hotel, a mano derecha)… Los cruceros están de moda, aunque en las ofertas haya una letra pequeña que te diga que a los 999 euros, hay que añadirle el traslado en avión, impuestos, y lo más acojonante: propinas. Esto es lo más. Tengo que pagar la propina por adelantado y obligatoriamente sin saber si el camarero me tirará la sopa por el pescuezo o en caso de avería, me robe el bote salvavidas. ¿A qué genio se le ocurrió este impuesto revolucionario? ¿Al jefe de camareros del Titanic, por aquello de que nadie se me vaya sin pagar? Aun así, lo de embarcar nos pone.

Si el año ha sido flojito y el presupuesto escaso, tendremos que tirar del plan B que consiste en 16 horas de playa (o piscina de dos por dos para 600 habitaciones cuya agua tendrá un inquietante color) y visitas constantes a la panadería, donde amablemente pediremos que nos abran la barrita para meter el salami que hemos traído de contrabando en la maleta. Existe la posibilidad de robar un cuchillo en la pizzería que hay debajo del apartamento y a la que solo hemos entrado para usar el baño. Esto no lo he dicho yo. A media tarde, daremos interminables paseos cerca del mar para terminar en un banco estratégicamente instalado por el ayuntamiento, que digáis lo que digáis, siempre piensa en el turista. Barra libre de pipas y puede que caiga una cañita en una terraza, pero solo si el sol nos provocado daños irreversibles y hay que hidratarse (o hemos acertado dos en el euromillón). Además la foto es necesaria para contar a la vuelta aquello de “íbamos todos los días, se comíaaaa, unas gambas, la sangría casera, nos hemos hecho superamigos del dueño, lo mismo vienen a vernos”… Muchos siguen pensando que cuanto más moreno vuelvas mejores han sido las vacaciones.

El apartamento por el contrario, ha quedado relegado a familias con niños. “Es que es mucho más cómodo para ellos…”, como si en los hoteles, hubiera riesgo de secuestro. También resulta una propuesta económica (jamás será la razón), si en un estudio para dos, nos metemos ocho. Bueno, nueve, que la prima de fulanito, se apunta el fin de semana.

Wayward Pines Cartel ok

La vuelta a casa no significa el final de las vacaciones. Queda enseñar las fotos a la familia y amigos. Esto se está perdiendo (y da una pena) desde que nos cosieron el móvil a la mano. Ahora uno ya no va a ver la catedral de San Puñetas, se ve a través del móvil. Y aunque terminarás por enseñar las imágenes no es lo mismo que sacar al álbum.

El capítulo de las batallitas debe incluir “que bien hemos comido”, “había un restaurante buenísimo, caro, pero chica, estábamos de vacaciones”… No olvidemos los lugares de interés. Iglesias, castillos y ruinas, monumentos, plazas, callejuelas, mercadillos, calas y demás lugares turísticos que hemos visitado (aunque no sea cierto) deben ser vistos por nuestra audiencia como si ellos hubieran estado allí mismo. De nuestra cuidada descripción dependerá que lo sientan como suyo o no. Tómate tu tiempo. Pero cuidado. Apartado de preguntas trampa tipo: “¿fuiste al cerro de santa…( nosequé)?”… Hay gente muuuuuuuuuy mala. Desconcierto. Hay que estar preparado. Sueltas  aquello de “que vaaaa, íbamos a ir un día pero salió nublado…”.  Error. Inmediatamente te soltarán en toda la cara “baaaahhhh, entonces no has visto nada”… ¿Se puede ser más cruel?.

Ser turista no es fácil. La competición por las mejores vacaciones es dura. Hay que volver no solo de color wengué, haber visto más iglesias que el Papa y comido en más restaurantes que el Rey (emérito)… Agotador. Pero irresistible. Estar viajados se lleva. Aunque el resultado haya sido una pesadilla y desde el minuto uno, desearas regresar al hogar dulce hogar. ¿Las vacaciones mal? ¡Por favoooorrrr! Eso no se confiesa ni bajo tortura. El turista no llora. El turista perfecto alaba su destino (en el que ha estado, no el otro). Aunque hayas caído en un lugar como Wayward Pines…

Wayward Pines

waywardpines banner ok

Cuando uno escucha el nombre de M. Night Shyamalan (confieso que acabo de copiar y pegar el nombrecito), a uno se le ponen los pelos como escarpias. Y no porque sus películas den miedo, que algunas lo dan (y no por sus sustos precisamente), sino porque el género tiene sus riesgos. Tropezones los tenemos todos. Si ya son marca de la casa, la cosa hay que hacérselo mirar. En defensa del director hay que decir que su debut fue El sexto sentido. Detrás vinieron cositas que recibimos cual bofetadas, con excepciones, que de todo hay en la viña del señor Shyamalan. ¿Qué decimos de El protegido y La chica del agua?. El bosque tiene su aquel, que tampoco hay que ponerse tiquismiquis. De Señales, pues tiene sus momentos, algun momentazo, y unas cuantas caídas libres por ser exquisitos en el lenguaje. Entiendo que hay respetable al que le entran ganas de llamarle de todo (sobre todo si pasas por taquilla). Así que al anunciar su paso a la televisión, no puedes evitar cierta inquietud, más si es una serie (no una película que te la despachas en dos horitas), y especialmente si alguien suelta por las redes que es la nueva Twin Peaks.

Wayward Pines Poster

Yo me hice el valiente y dije aquello “de perdidos al río: me voy de vacaciones a Wayward Pines”. Así se llama una de las series del verano que más expectación levantó desde el mismo instante en el que se anunció el proyecto. A mi la serie me apetecía. Y llega el día, y te ves el primer episodio, y cuando termina, piensas aquello de “no está mal”. Y llega el segundo, y el tercero… y la historia se atasca. Hay algun momento muy destacable, pero terminar de rematar (se confirma como marca de la casa), no remata. Vamos por partes. La historia va de un agente del FBI (Matt Damon) que tras un accidente de coche (¿provocado?), despierta en el hospital de un pueblo de apariencia idílica donde desde el minuto uno, nada es lo que parece. Sin poder comunicarse con el exterior, pronto entenderá que la salida se antoja complicada y que nadie puede escapar de allí, aunque pronto descubrirá que huir puede ser más peligroso que quedarse.

Hasta aquí, a mi me encajaba todo un poco con calzador, pero había que darle una oportunidad. Y eso que me encantan las historias de suspense que se desarrollan en pueblos de cuento donde poco a poco, comprendes que los vecinos son unos psicópatas de mucho cuidado y que estornudar cuando no toca, te puede costar la vida. Pero Wayward Pines tiene un problema de inicio. La historia no da para 10 episodios. Y claro, hay minutos y minutos sin ningún interés. Si a esto le añades que a su director le cuesta entender que mostrarlo todo desde el inicio (vamos, destripar sin contemplaciones) no es bueno para el negocio, no vamos bien.

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M. Night Shyamalan debería fijarse por ejemplo, en Guillermo del Toro (aunque sus criaturas se empiecen a repetir peligrosamente). El toque del mexicano no tiene competencia. Cuándo hay que mostrar, cuándo no, cuándo deslizamos una sombra… Sugerir no debe estar en el diccionario de Shyamalan. Extraño, porque en El bosque jugó con el efecto sorpresa y no le fue mal, pero en Señales no lo hizo, y la cagó, por esa impaciencia que tiene en que tengamos todos los datos, y peor aún, todas las imágenes. Si además, la historia es a ratos rara, a ratos infantil, a ratos increíble, a ratos pesada, pues tenemos poco a lo que agarrarnos.

Total, que me la zampo a regañadientes y tras los 10 episodios, llego a un conclusión (que no es fácil, soy inseguro). Se me ha quedado un cuerpo raro (le echo la culpa a serie). No me arrepiento de haberla visto, pero me resulta prescindible, más cuando el nivel actual impone controles de calidad que Wayward Pines no cumple en muchos momentos. Con el tajo que uno tiene sobre todo en esta época del año, con estrenos non stop, pues que una serie que pintaba bien, se desinfle, da rabia. Insisto en que me apetecía, prometía, pero que nadie tomara cartas en el asunto, cabrea. ¿O es que ninguno de sus responsables, tras un primer visionado, dio la voz de alarma, y pedir, por ejemplo, un nuevo montaje…? Por lo menos. Solo con eso, es mi humilde opinión, se hubiera salvado parte de la serie. En lugar de 10 episodios, con cinco o seis, todo hubiera quedado más apañadito.

Pero ya sabemos que nadie, después de unas vacaciones, aunque hayan sido a un sitio tan infernal, como este, confesará el desastre. Uno tiene su corazoncito. Aunque me pregunto, ¿dónde cree M. Night Shyamalan que lo tenemos los espectadores?

Lo mejor: Un arranque prometedor (cabecera incluida) junto a un buen reparto repleto de nombres muy solventes 

Lo peor: Una historia interminable, con demasiados rellenos, que desencanta al personal en cuanto te dan las claves del misterio 

Castle, la fuente de la eterna juventud… televisiva

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Retener aceite de coco en la boca durante 20 minutos cada mañana, liposucción de rodillas, no lavarse el pelo, afeitarse la cara (ahora las mujeres aunque algunas famosas lo lleven haciendo años y no por este motivo), sujetadores de rostro (algo así como un wonderbra para el careto), aumento de pecho efecto 24 horas, la ortorexia (trastorno alimentario que imposibilita la ingesta de alimentos que no sean naturales 100%, libres de aditivos, de grasas y calorías), G-shock (inyectar ácido hialurónico en el punto G, para incrementar la sensibilidad en la zona y con ella, la satisfacción sexual de la mujer), liposucción del monte de Venus para hombres (produce un efecto visual de alargamiento del pene), blanqueamiento de los genitales masculinos (cuyo oscurecimiento antes tapaba el vello), Teckneck (estiramiento del cuello sin cirugía gracias al uso de hilos que se infiltran bajo la piel y crean un andamiaje que estira la epidermis)… ¿Cómo se nos queda el cuerpo y nunca mejor dicho? Todo esto forma parte de las últimas tendencias en belleza que como siempre, nacen en Hollywood, donde parece que Dios no terminó contento con su trabajo. No me he inventado ni una. Es más, hay algunas que no nombro por miedo a posibles acciones legales…

La lucha que el ser humano tiene desde hace siglos contra el paso del tiempo se recrudece día a día, para asombro de los que como yo que seguimos creyendo que donde esté una arruga bien puesta, que se quite el botox y demás conjuros del diablo. Antiguo (y viejasco) que es uno… Es una guerra a muerte protagonizada por valientes…mejor dicho, insensatos, dispuestos a todo por parecer Dorian Grey.

Leyendo algunas de estas nuevas técnicas, lo de lavarse la cara, darse una exfoliante, un tónico y una hidratante, es de cretinos. Ahora toca echarle un par y lanzarse a cochinadas demenciales aunque nadie te garantice perder ni un minuto y medio (de años). Lo del aceite en la boca, así, recién levantados, a mí, me da unas arcadas que ni me lo quiero imaginar. ¿No lavarse el pelo?, mejor ni lo comentamos. Que las mujeres se afeiten parece ser que sigue unos principios que aseguran que la piel del hombre resiste mejor el envejecimiento solo por hacer este simple gesto que algunas usuarias asocian a la eliminación de las células muertas. Supongo que frotarse la cara contra el asfalto está por descubrir.

Del G-shock y el Teckneck ¿qué?. El primero me parece como un pellizco en el mismísimo, y del segundo, es nombrarlo y venirme a la mente el andamio de la Sagrada Familia. ¿Los hilos están garantizados? Porque me estoy imaginando una rotura y ¡zas!, como Stallone.

La liposucción del “monte de Venus” en los hombres para darle relevancia a tu cosita, aunque sea solo “efecto visual”, parece que está cuajando (lo que sea quitar grasa). Que el tamaño no importa debió salir de la misma cabecita que el que dijo que “la suerte de la fea la guapa la desea”, “el dinero no da la felicidad”, “el hombre cuanto más oso más hermoso” y demás frasecitas lapidarias de dudosa veracidad… Por cierto, en el pack, te cuelan la depilación integral, para que uno (y sobre todo, los demás) pueda admirar la grandeza del ser humano. Tras la poda, venga, blanqueamiento. Y no dental. Lo dejamos aquí.

Dejo para el final la ortorexia, porque bromas aparte, esto es un trastorno, y padecerlo es un horror. Provocarselo, de juzgado de guardia.

Total, que si metemos todas estas “técnicas” en el manual de la eterna juventud nos sale un listado de torturas propias de los verdugos más sanguinarios. Pero sabe dios qué pensará esta gente, en principio sin daños cerebrales, que además de someterse voluntariamente a semejantes despropósitos, pagan por ello, y un pastizal. Que con la que está cayendo, uno se deje la entrada de un piso en blanquearse el orto, solo nos puede hacer pensar que vamos mal…

Castle

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Nunca se me hubiera ocurrido escribir sobre una serie que acaba de estrenar su octava temporada. “Ya se habrá dicho todo”, pensaba. Si además, la cadena que la emite en nuestro país la usa (y abusa) de ella hasta tal punto que uno no sabe si es un homenaje o quieren crear un canal temático, pues apaga y vámonos. Pero lo cierto es que siempre he sido fan de ella. Y no me he podido resistir. He ido de menos a más. No es una serie de culto, ni ocupará muchas columnas de sesudos críticos más predispuestos a series minoritarias. Pero yo siempre he defendido, y a veces con vehemencia, las series easy watch, listas para su consumo, sencillas, entretenidas (que todavía haya que destacar que una serie sea entretenida cuando deberían serlo ¡todas!), simpáticas, de esas que no te exigen una concentración máxima… No es que reniegue del movimiento indie televisivo (aunque el sofá de casa no se preste mucho a los silencios), pero de estas, como de la que hoy hablo, tampoco.

Ya veis, un montón de líneas y aún no he dicho a qué serie me refiero, como si fuera esto La ruleta de la fortuna (venga, ¿a que el titular daba alguna pista?). Pues quiero hablar de Castle. Si. Castle. Tras el arranque de su octava temporada (cómo lo oyes, 8 añitos, algo solo al alcance de las más grandes, como Big Band o la recientemente finiquitada, CSI Las Vegas, que ha estado entre nosotros ¡16 años!), solo puedo decir, ¡qué bien lo hacen los jodíos!. Y eso que su renovación estuvo en el aire, más por las exigencias de alguno de sus protagonistas que por el interés de la cadena que sigue viendo en ella, un filón, no solo por sus buenos datos de audiencia, sino por sus extraordinarias ventas internacionales.

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Como digo, los dos primeros episodios (forman uno solo dividido en dos partes) son la caña y eso que me generaban dudas… Había poco que rascar ya y sus seguidores no teníamos claro hacia dónde podría ir la historia cuyos mayores alicientes se habían resuelto: el asesinato de la madre de Beckett y la relación de ésta con Castle. Pues voilà, sus responsables nos regalan un inicio de temporada más cerca del thriller que de la comedia. Realmente espectacular, con momentazos llenos de tensión, de sorpresas, de giros, de acción, y con un final, que más que el segundo episodio, parece un final de temporada. Y acaba de empezar.

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Me encantaría poder contar más, pero uno es fiel devoto de la ´asociación contra el spoiler puñetero´, y eso me ata de pies pies y manos (con lo bien que sabe ser el primero en destripar una serie), así que solo espero que Cuatro decida no esperar mucho para estrenar esta pequeña joya del entretenimiento puro y duro. Sin connotaciones peyorativas. Todo lo contrario, porque ya sabemos que después de ver Castle, a nadie le da por crear una mesa redonda, ni se va a la cama analizando hacia dónde vamos, de dónde venimos, y qué me pongo mañana…

Desde aquí mi más enérgico aplauso, abrazos al equipo y lo que haga falta, para esta serie casi tontuna, intranscendente, pero divertida, simpática, bien resuelta, con una factura impecable, unos guiones redondos, y sobre todo, con unos personajes a los que te los llevarías a casa (colocándoles, con perdón, por habitaciones… eso sí, según preferencias de cada uno… cual vela de Ikea).

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Temblad series de estreno, porque las veteranas no son nada facilonas (en contra de la opinión popular), y no se dejarán pisar ni por extraterrestres, ni por superhéroes, ni por dragones, ni por asesinos en serie, ni por agentes de la ley atormentados… No importan los años (bendita frase), lo que importa es saber envejecer. Y en Castle han descubierto la fuente de la eterna juventud… televisiva.

Lo mejor: La mezcla perfecta entre el género policíaco y la comedia apoyada en unos personajes muy bien construidos

Lo peor: Tras ocho temporadas, es casi inevitable que llegue un desgaste que termine por cansar a la audiencia y los propios guionistas

The Mysteries Of Laura, terapia para (ex) parejas

The_Mysteries_Of_Laura banner letrasCon los tiempos que corren, la actualidad hay que tomarla en pequeñas dosis o de lo contrario, a uno se le disparan los niveles de paciencia de tal manera que llegas a asustarte. Por eso, mi remedio para los días tontos no es otro que olisquear en la Red en busca de algún estudio tontorrón, de esos que periódicamente saltan a los medios de comunicación con el fin de hacernos más llevadero este via crucis por el que desfilamos botella en mano.

No son fáciles de encontrar, no te creas. La crisis los ha convertido en especies en peligro de extinción. Pero no te desanimes, porque en cuanto estás a punto de tirar la toalla, zas, te encuentras alguna majadería como esta: cómo arreglar matrimonios (en un plis plas) viendo películas.

La cosa es así de serie y de fácil. Las parejas recién casadas que ven y comentan juntas películas románticas tienen un 50% menos de posibilidades de divorciarse. ¡Un 50%! Vaya… y la gente desesperada lanzándose al cosechero del bar de abajo con tal no de subir a casa. Ojiplático me quedo tras conocer que esta es la conclusión de un estudio elaborado por unos investigadores de la Universidad de Rochester (Nueva York) que durante tres años ha seguido a 174 matrimonios (la cifra me tiene mosqueado). Se trata de la primera investigación a largo plazo que ha comparado diferentes tipos de intervención en los primeros años de matrimonio.

El estudio ha sido dirigido por un tal Ronald Rogge, un profesor de psicología, y se ha publicado en una revista de prestigio, no te creas que es aquello del test del Cosmopolitan. Este buen señor (del que no se especifica su estado civil… ahhh, canalla) asegura que si durante un mes, se ven cinco películas que traten relaciones de parejas, se podría reducir a la mitad la tasa de divorcio. Una alternativa barata (si no se ven en el cine claro) y divertida (depende de las pelis). Eso, todo bajo la supervisión de un terapeuta.

En el estudio, los voluntarios (espero que lo fueran), vieron títulos como Lo que el viento se llevó, Ha nacido una estrella, Love Story, Descalzos por el parque, Hijos de un dios menor, Una proposición indecente… ¿Subida de azúcar? Tranquilo, el equipo ha publicado un listado amplio para que nadie se eche atrás que contiene, entre otras, American Beauty, Julie & Julia, Mr. & Mrs.Smith y Otoño en Nueva York (no se si la cosa ha se ha puesto más apetecible o estás llamando a tu abogado).

“Habíamos pensado que usar películas podría ayudar, pero no tanto como otros programas en los que enseñábamos técnicas innovadoras”, ha señalado Rogge. La lobotomía es lo que tiene, que es pelín radical, debieron pensar los sesudos angelitos. Total, que los resultados les han sugerido que “tanto los maridos como las mujeres saben lo que están haciendo bien y mal en su relación. Por lo tanto, no hay que enseñarles muchas técnicas para reducir las tasas de divorcios. Puede que sea posible con simplemente hacerles reflexionar sobre cómo se están comportando. Y el hecho de que cinco películas den beneficios en tres años es increíble”, ha subrayado. ¿Tres años? ¿Cinco películas en tres años? Así va el cine…

Si esto tiene algo de cierto, este hombre será recordado por muchos (unos le tendrán en sus oraciones… y otros, a destacados miembros de su familia) porque nadie había caído antes. ¿En qué estaríamos pensando? El titular impacta. Los divorcios se acabarían viendo pelis de amor (o desamor) juntitos, con posterior charleta en plan Garci. No se si es el ejemplo más acertado. Poco más nos cuentan (claro, así hay que llamar al terapeuta si o si). Desconocemos si hay que que ponerse sexies, picardías y camiseta paleta, si vale con el pijama o la batamanta, si hay que estar en la misma habitación (yo qué se), comentar en persona o por whatsapp (esto se hace ya)… Tampoco nos dan pistas sobre si hay que hacerlo con comida, sin ella. Bocata de tortilla ¿si o no?, ¿aceitunas y patatas fritas?, espaguetis con tomates no es buena idea, creo… ¿Algo más sofisticado? ¿Estimulante quizá? ¿Afrodisiaco? Como está cesta de la compra, con unos san jocobos tiramos… Sobre la ingesta de alcohol, ni una sola palabra. ¿Raro verdad? Ummmmm, este estudio flojea.

Pues yo a este buen señor, le planteo varios interrogantes. Primero. Doy por hecho que hablamos de parejas que quieren arreglar lo suyo. Esto puede parecer una tontería pero no lo es. Dos. Si entre los títulos recomendados, se te cuela un episodio de Juego de Tronos, ¿corres peligro de invadir el rellano de tu escalera, tomar por rehén a la vecina del cuarto derecha y dejar a la churri? Tercer apunte. Durante el visionado, ¿se puede comentar en voz alta? Hay gente que lo detesta, y en cambio, otros no se pueden callar ni aunque les apuntes con una pistola. Cuatro. ¿Qué día de la semana quedamos? Entre semana ni hablar que madrugo. Los fines de semana menos porque salgo con los compis… Cinco. Seis. Siete… ¡Si es que no cuentan nada!

Y sin información, a uno le asaltan dudas sobre si este estudio tiene algo de verdad o forma parte de una campaña encubierta para ir al cine o consumir más televisión. Sea como sea, vamos a darle un voto de confianza. Pero, yo cambiaría cine por serie. Y en lugar de serie romántica (que me disculpen los seguidores de Anatomía), que se pongan a ver la que hoy recomiendo. No creo que les vaya a arreglar el matrimonio, pero estarán más a gusto que si se someten a las cuatro horas de Lo que el viento se llevó. La peli es mona pero si no soportas a tu pareja, cómo para sentarte juntos, cuatro horas, viendo a racistas terratenientes venidos a menos.

The Mysteries of Laura

the mysteries-of-laura bannerSimpática. Es lo primero que se me viene a la cabeza cuando veo Los misterios de Laura en su versión americana. Muy simpática. Entretenida. Sin más. Sin menos. ¿Esto la convierte en una serie menor? Sin duda, no entrará en ninguna lista de las mejores series de la historia de la televisión. Tampoco Verano Azul, y sin embargo, el paso de los años la han convertido en un clásico. Eso dicen…

Los misterios de Laura es la adaptación televisiva de la serie de Televisión Española del mismo título, que para sorpresa incluso de sus programadores (se estrenó en verano por aquello de “ya que la tenemos”…), se convirtió en un rotundo éxito. Muchos no se lo explican. Aparentemente, era una serie simple, muy simple, con personajes simples, con casos simples, con una factura simple… Pues mira tu por dónde, ahí ha radicado su éxito. En una simplicidad extraordinaria que ha enganchado. Para qué luego nos rompamos la cabeza buscando argumentos retorcidos. Con una estructura a lo Agatha Christie, que no disimula ni quiere hacerlo, los finales donde la detective Laura reúne a todos los sospechosos para desvelar quién es el asesino, son calcados a los que nos acostumbraba la dama del crimen. Pues sigue funcionando. Como ya lo demostró Jessica Flecher, si copias (o te inspiras, tampoco vamos a ser malos), pero copias bien, la respuesta es positiva.

Que la televisión norteamericana se fije en una serie española y la adapte, es todo un éxito de nuestra ficción (a pesar de la ceguera de los dirigentes de la pública que inexplicablemente acaban de confirmar que no será renovada… ¿pero a quién le estamos pagando un sueldazo en la televisión pública? ¿se puede llegar a ser más incompetente que esta panda de ignorantes?). Por cierto, ésta, junto a Pulseras Rojas han sido las pioneras (con desigual fortuna por cierto), pero hoy podemos hablar de muchas más, incluida la fascinante El Ministerio del Tiempo, a quien FOX le ha echado el ojete.

The mysteries of laura season 2

Sigo que me caliento. Decía que si los americanos han querido adaptar esta serie, hay que celebrarlo, mucho más de lo que se ha hecho. Pero como no somos gente de reconocer glorias ajenas, tampoco voy hacer más sangre… Qué cada palo aguante su vela, aunque si el palo y la vela, está pagado con mis impuestos, entonces la cosa no es tan fácil de olvidar… Ya me he vuelto a calentar…

Digamos, que la adaptación es demasiado libre. Tanto tanto tanto que si uno ve las dos series, no encuentra muchas similitudes. Han sido muy legales, porque si esto lo pilla una cadena canalla, se lo monta igual y sin pagar derechos.

the mysteries of Laura debra messingLa historia de una detective pizpireta (aquí llamada Laura Diamond), mona pero sin ser un bellezón, torpe pero intuitiva, comilona, desastre, madre de dos gemelos traviesos, divorciada del que es su jefe (porque se la pegaba con todo lo que se movía), poco dada a la moda (más bien nada), pero sagaz como pocas, resulta tan apetecible como una caña en un chiringuito de playa en verano. No verás casos increíbles, ni resoluciones con giros inesperados. No. Verás un clásica serie policíaca, con muchos toques de humor y sin más pretensión que la de entretener (que no es poco). Para entendernos, está más cerca de Castle que de True Detective.

La elección de Debra Messing (la inolvidable Grace de Will & Grace) es todo un acierto porque ha dado con las claves del personaje y de la historia. Es el alma de la serie (como aquí lo era María Pujalte). Los dardos envenados lanzados entre la detective y su exmarido, y jefe, tienen su puntito. Él no dejará de luchar por reconquistarla, sin abandonar el Don Juan que lleva dentro, y ella, abierta a nuevas relaciones, no le cerrará del todo la puerta. Aquí ni terapia ni peli romántica ni nada. Aquí tiran por la calle del medio y les va estupendamente.

the mysteries of laura debra_messing_Sus compañeros de reparto están igualmente bien y cumplen la diversidad que parece obligatoria en toda serie norteamericana que se precie (y que quiera ser políticamente correcta). Origen latino, indio… y gay (bueno, este de origen y destino). Por cierto, un personaje, uno de esos secundarios, que es capaz de salvar un episodio con tan solo dos frases. Fantástico.

The_Mystery_of_Laura Messing y novioThe_Mystery_of_Laura ex maridoThe Mysteries of Laura_Debra MissingThe-Mysteries-of-Laura-CastLa serie, para seguir con el despropósito en el que se ha convertido nuestra pública, ha sido comprada por Televisión Española, y sospecho que será estrenada en verano, cuando la temporada haya terminado en Estados Unidos. De esta forma, tienen episodios suficientes para emitir dos cada semana y cubrir la época del caloret.

En resumen, que The Mysteries of Laura es una serie agradable, fácil, simpática, que incluso te permite hacer otras cosas a la vez (ya que viendo la 1 no puedes ni hacer pis), y que te dejará un estupendo sabor de boca. Y visto cómo tenemos el patio, y sin ningún estudio que me avale, yo opto por dejar la mente tranquilita de vez en cuando, que las ideas que se nos ocurren en caliente, las carga el diablo.

Valoración: ***

Lo mejor: Su falta de pretensiones la hace tan sencilla como una onza de chocolate… pero irresistible, ¿o no?

Lo peor: La sencillez de sus casos se puede volver en su contra. De sencillo a tonto puede haber una línea demasiado fina.

Gotham, me parte la cara (y me la pone para llevar)

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Renée Zellweber ha vuelto y dicen que se parece bastante al original. Los expertos aseguran que ya se le ha asentado la operación. Yo afinaría diciendo que si, que algo se le ha SENTADO… sobre la cara. Tras el susto inicial y después de confirmarse que le habían partido la cara, pero voluntariamente y con todas las garantías médicas, ella regresa a la vida pública y se planta en la Semana de la Moda de París a ver si crea tendencia.

Tan solo hace solo unos meses, la actriz aparecía en una alfombra roja con otro rostro. Así, sin avisar. Un arriesgado paso por chapa y pintura. Ya sabes, llegas al taller/hospital y dices: “soy un Seat Ibiza y quiero ser un Opel Corsa”. Plis plas. Carrocería nueva. Y claro, en estos tiempos que corren (vaya si corren), su nueva imagen se pudo ver a lo largo y ancho de un planeta deseoso de noticias absurdas, pero que desengrasan la dureza del momento. Tuvimos que fijarnos mucho en el pie de foto, porque no la reconocía ni la madre que la parió. A partir de ahora, además de ser recordada por dar vida a Bridget Jones, lo será también por cambiarse la cara con la misma facilidad que de bragas. ¿Os acordáis de aquella braga-faja que lucía en Briget Jones? Pues ahora sería como si se hubiera puesto una tanga… pero al revés (y eso debe doler).

A partir de aquí, podemos decir sin miedo a equivocarnos que hacerse un Renée Zellweger, está de moda. Recuento de bajas. Demi Moore está que si que no, porque las sospechas parten de una imagen publicada a través de Instragram (y ya sabemos que a los filtros de esta aplicación los carga el diablo). A la cantante Anastacia, más que hacerle un Renée, lo que parece es que le han dado una paliza. Otra que ha decidido acostarse todas las noches con una nueva señora (desconocida incluso para ella)

El último susto lo ha proporcionado Uma Thurman, a quien en una reaparición, tras pasar por esta ITV carnal, estuvieron a punto de no dejarle entrar en el estreno porque “esa” que se presentó, no era ella. Más que pasar la ITV, muchos pensamos en que esta buena señora entró en un desguace y se compró recambios sueltos que se fue poniendo como si fuera míster Potato. Aunque a los pocos días, apareció en un programa de televisión tal cual era antes, para explicar que el momentazo se debía a un nuevo maquillaje. No aclaró si se lo tiraron desde lejos. Vamos a darle un voto de confianza (y dos hostias a su maquillador…)

Para situarnos, nos encontramos ante dos cambios, el pasivo (el de Uma), y el activo (el de Renée). El primero, es retornable, como los botellines de cerveza de antes. El activo no tiene vuelta atrás. Suelen perpetrarlos presuntos profesionales sin muchos escrúpulos, que, o bien, obligados a punta de pistola, o bajo los efectos de algún psicotrópico, dejan a su clientes hechos un cuadro. Igualitos que la famosa restauración del ecce homo a cargo de una piadosa feligresa… (a quien damos gracias por no haberse dedicado a la cirugía plástica… amen)

Los horrores de esta guerra contra el paso del tiempo (sospecho que aquí también se están desarrollando armas de destrucción masiva), dejan mutilados sonrientes y espectadores asustados. Quedar peor de lo que estabas debe ser traumático, pero espera, ¡para nosotros! A las víctimas, les parece que han conquistado tierra enemiga. Me vienen a la cabeza Meg Ryan (ha quedado como si se hubiese caído de boca sobre una cuchilla…), Nicole Kidman (nunca sabes si decirle hola o adiós), Melanie Griffith (parece que nunca termine de masticar), Madonna (¿dónde está la pelotita, aquí o aquí?), Donatella Versace (soy el espíritu de mi hermano y he venido a aterrorizaros). En el bando masculino, Maradona también se ha hecho un Renée y ahora luce dos hermosas salchichas por labios…

Lo de arreglarse la nariz con la excusa del tabique nasal desviado es más antiguo que el hilo negro. Ahora se lleva atrincherarse en el quirófano, y decir: “doctor, arráncame la cara a bocaos porque quiero ser otra”. Va más allá de cualquier lógica. A menos que trafiques con armas o cosas similares. Esta técnica ya era usada por narcos y demás fauna al margen de la ley para escapar de la policía, pero ¿de quién quieren huir ellas?… ¿de si mismas? ¿Por qué? ¿De verdad que todavía andamos en busca de la eterna juventud? ¿Creen que sus carreras se han acabado? Me duele ser yo quien les descubra que están equivocadas, y que sus carnicerías no les quitan ni dos minutos… Ah, y si, su carrera está acabada. ¡Siguiente!

Ante tal despropósito, la industria del cine está tomando posiciones, y eso que muchas aseguran que es precisamente esa industria la que les empuja a esa masacre. Pero los productores de Bridget Jones ya andan buscando a otra actriz para el nuevo título de la saga. ¡Normal! ¿Para qué voy a pagar a esta actriz que ya no es ella para hacer un papel que nos gustaba porque lo hacía ella?No se si me he explicado bien…

Que se les ha ido de las manos, es decir poco. Que una se opere la nariz como la Pataky se entiende teniendo en cuenta la trocha que gastaba. Que Madonna se ponga dos pelotas de tenis por pómulos es un despropósito. Que Cher decidiera ser Dorian Grey, incluso lo puedo tolerar. Que Donatella Versace quiera ser Gandalf travestido, me inquieta.

Lo cierto es que tras estas intervenciones radicales, el uso del bótox ya parece inofensivo. Se le están buscando nuevas aplicaciones en el mundo del espionaje. Si te pillan como espía, no hay problema. En ningún interrogatorio podrán averiguar lo que sabes. Con suerte, te darán por muerto (¿cómo lo no han visto aún los guionistas de James Bond?). Qué tiempos aquellos en los que el ácido hialurónico era la fuente de la eterna juventud… Por lo menos, por lo menos, han pasado dos años de aquello. Toda una vida para el universo de la cosmética.

Queridos lectores, les presento lo último, el tunnig facial. Lo de sentirse a gusto con uno mismo ha muerto. Ahora lo que se lleva es ponerte otro careto. Y las clínicas Hannibal Lecter lo petan. Lo discutible son los resultados. Eso si, para maridos infieles, es la bomba. Cada cierto tiempo, te acuestas con una diferente.

Todo este precalentamiento tiene un gran colofón. La gran feria de la cirugía facial llega cada año con los Oscar. Es como el Fitur de la Cirugía Plástica. Actrices y actores se ponen manos a la obra para lucir sus arreglillos en la noche más importante del cine americano. No se si por las prisas, por la crisis o por qué puñetas, no hay edición en la que no salga alguien atropellado en un quirófano. Sin embargo, este año, la cosa ha sido floja. La juventud de las actrices daba poco juego. Las leyendas vivas fueron pocas y apenas tuneadas. Una mierda de ceremonia, vamos. Qué noches hemos pasado a cuenta de las apariciones estelares de Liza Minelli, Faye Dunaway o Kim Novak. Pura poesía… del terror, claro.

Resumiendo. Cambiar nuestro exterior se extiende rápidamente entre algunos colectivos (aquí hablo de ellas porque me estoy guardando lo de ellos). Pero, y aquí me pongo filosófico (y mira que lo detesto), ¿estamos siendo hipócritas con nuestras críticas? ¿no somos partidarios de estas nuevas máscaras? ¿acaso no pasamos por la vida luciendo un exterior falso que disimule nuestras miserias? ¿no seremos más cobardes (o no tengamos tanta pasta) que ellas y nos conformemos con mostrar una cara que en nada refleje lo que somos, lo que sentimos, lo que queremos, lo que odiamos y amamos? No se quién decía que nadie sabrá nunca lo que somos, pero todos, lo que parecemos… Perdón por si alguien acaba de sufrir una subida de azúcar.

Querer ser alguien que no somos es una debilidad humana y no por ello, poco frecuente. Y este hecho precisa de una especie de policía especializada que descubra a los farsantes (no hablo de la máquina de la verdad), aunque esto sea poner al zorro a vigilar al gallinero.

Y por todo esto, hoy toca hablar de una serie que es, ante todo, un homenaje/desfile a esas máscaras…

Gotham

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Los superhéroes siempre se han caracterizado por el uso (y abuso) de disfraces que ocultaban su identidad (bueno, esto siempre ha sido para mearse). Sus seguidores lo han celebrado primero en los cómics, luego en el cine, y ahora en la televisión, donde la cosa se ha puesto tan de moda, que parece que lo regalan. Ya me veo que la nueva True Detective será protagonizada por Superman y Arrow…

Gotham es un ejemplo de esto. Bueno, es una pequeña vuelta de tuerca, ya que la serie cuenta los orígenes de la ciudad natal de Batman, ambientada en los años en los que el personaje era tan solo un niño, justo justo después, de quedar huérfano. Como una precuela de toda la vida. Ahora el protagonista es el policía, no el murciélago. Un hombre honesto que luchará contra la corrupción de un departamento en manos de políticos, empresarios y mafiosos que tienen a las fuerzas de ley en nómina (ay señor). Curiosamente, es el único que no se oculta detrás de una máscara. El resto de personajes se presenta como la versión joven de los famosos villanos que habitan esta ciudad. Desde el Pingüino (espléndido actor, por cierto), a Catwoman, pasando por el Joker, Enigma o Ivy… Todos, repito, en versión teen. Vamos, lo que todas las Renées del mundo desean, salvo que aquí, los papeles están interpretados por gente que se corresponde con la edad del personaje. Un drama para muchas, vamos.

Gotham cast

La serie no mata. Tampoco es aquello de machacarla. En el fondo es una clásica historia policíaca, solo que cuenta con la aparición estelar de malvados y malvadas (mención especial para Fish Mooney, una diabólica mafiosa interpretada por Jada Pinkett Smith, mujer de Will Smith) con aspecto inquietante, que le dan un aire diferente.

El protagonista es Ben McKenzie, actor que se hizo popular por The O.C. Ahora ya es un madurito más o menos interesante, aunque aquí, se muestre en un poco sinapismo. No se si sus dotes interpretativas no dan para más, o le quieren situar como contrapunto a los desatados que le rodean. Pudiera ser.

El look de la serie, clásico. La banda sonora, el vestuario, los guiones, igual, clásicos. Incluso el propio escenario, la mítica ciudad de Gotham, se plantea como una ciudad que bien podría ser Nueva York hoy mismo. Desconozco si es por falta de presupuesto, por ceñirse al original, por distinguirse de sus adaptaciones al cine… Por no haber, no hay ni un batmóvil, ni motomóvil, ni ganchomóvil… ni unas alitas. Nada.

Gotham Secundarios

¿Quiere decir que es decepcionante? No. Es una serie para los amantes del cómic (no para los puristas), y para los amantes de las series de policías pelín oscuras. Un intento de llegar a más público sin arriesgar. Y para mi, ese es su punto débil. Sin riesgo, es otra más. Plana. Con algún momento memorable, pero sin mucho material. Perdón. Si tienen mucho material, pero parece que lo están usando de manera contenida. Es como si te compraras esos blanqueadores de ropa, y le echaras a tu camisa un par de granitos… Mal no hará, pero mucho, tampoco.

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Total, que Gotham es una serie que se ve con cierto agrado pero a la que le faltan motivos para serle fiel. Esa contención hasta en el aspecto de sus personajes (aquí Joker no aparece igualita que cuando te levantas de la cama, toda borracha todavía y te das cuenta que no te quitaste el maquillaje), la lleva por un camino gris que mucho me temo, no le dará un recorrido muy largo. Aunque sus guionistas, siempre pueden hacerse un Renée, y escribir una segunda temporada en plan Gotham Loreal. Porque yo lo valgo…

Valoración: ***

Lo mejor: Los secundarios… Gotham construye un verdadero mural de malvados que le dan mucho sabor a un plato excesivamente soso

Lo peor: Su falta de riesgo convierten a la serie en una producción demasiado plana donde además la historia no termina de enganchar… ¡Necesita más chicha!

The Casual Vacancy, te doy mi palabra (bueno, te la regalo)

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Hay palabras que, sin saber cómo, un buen día se ponen de moda en un instante para al minuto siguiente, convertirse en cotidianas y de uso casi obligatorio. Y no me refiero a “selfie”, “postureo” o “memes” (‘palabros’ que detesto y que entran directamente a formar parte de mi vocabulario prohibido, como chaflán, cornisa, glorieta, dobladillo, sisa… no me preguntes porqué, soy raro y con claras tendencias a la exclusión gramatical).

Hablo de términos y expresiones que mis queridos (y no tan queridos) compañeros periodistas, usan hasta el desgaste. A quienes se les presupone un cierto conocimiento del lenguaje y una probada habilidad para contar lo que ocurre con acierto y claridad, el tema se les ha ido de las manos. Seguimos escuchando horrores como “en la madrileña Gran Vía”. Pues si es una calle madrileña, estará en Madrid, lo mismo que Virgen del Amor Hermoso, o Condesa de Ventisqueros, y no recuerdo que se las denomine “madrileñas” (aunque quizá sea porque en esas calles nunca pasa nada que interese a la prensa). Ya se que me vas a decir aquello de, “bueno, es que es una calle muy típica…”. También los callos y nadie debería decir “los madrileños callos… a la madrileña”. Otra que no tiene precio. “Marco incomparable”… Que nadie se ría. Este fin de semana se ha dicho en un informativo. Pero mi estupor (bonita también verdad y con pase directo a mi lista) llega con palabras o expresiones que hoy nos saturan y que si no se pronuncian cada dos frases, parece que estás mal de la cabeza. Hablo de emprendedores, sostenible, poner el foco, extrapolar, paraíso fiscal, guerra interna, acaparar todos los flahes, rupturismo o mesa de negociación. Por cierto, esta debe ser una marca en decadencia porque no sirve para lo que se anuncia…

Que enriquezcamos nuestro vocabulario es algo de agradecer. Que lo hagamos correctamente, mucho más. Que lo hagamos por cortesía al prójimo, digno de alabar. Que los escupamos como una llama para parecer más listos, más guapos, más leídos, más guays, es de juzgado de guardia, y pide a gritos una intervención urgente a cargo de la brigada contra el snobismo intelectual.

No estoy pregonando un activismo radical (lista de espera hay en la ventanilla de creación de movimientos alternativos que prometen cambiar la sociedad y darle un giro de… 360 grados) contra esta práctica que parece ponerles a muchos comunicadores. Yo creo que les excita, y sospecho, que les proporciona un final feliz de esos que piden cigarrillo al terminar. Miren no. Yo reivindico un lenguaje más sencillo, menos engolado (esta también tiene los días contados), más natural… En definitiva, más práctico. ¿Algún político que me esté escuchandoooooo?

Yo, sinceramente, no me veo en la carnicería de mi barrio diciendo: “Carlos, majete, estás hecho un emprendedor… Hoy voy a poner el foco en unos chuletones… y me tienes que garantizar que provienen de mataderos sostenibles… Lo digo porque si no, ya me veo extrapolando la grasa, y al final, como buen amante de la gastronomía actual, los tengo que reciclar, no vaya a producirse una fractura interna en la familia. Así que pon el foco en la carne, y extrapólame cuatro piezas sin sospecha de desigualdad”.

Delirante… ¿Avanzamos por un camino sin retorno? Aquí no incluyo a los periodistas deportivos, ni a los taurinos. Más que nada porque no les entiendo. Esa asignatura me la debí perder. Porque en serio, no les pillo ni la idea, y si lo hago, la cosa se pone más inquietante. Tampoco me voy a detener en esos personajes que introducen un derroche de palabras en inglés (para darse brillo a si mismos). Esto ya me enerva (ufffffff, está ha entrado directamente en lo más alto de mi lista), me provoca espasmos musculares y una grave incontinencia verbal contra ellos (y lo que representan).

Otro ejemplo de lo que estoy diciendo (o trato de decir). Estaba viendo uno de esos programas que siguen a la policía en sus complicados trabajos, y escucho como tras semanas de investigaciones, se detiene a unos butroneros. Cuando el oficial al mando les explica que les detienen por robo, utiliza un lenguaje que los cacos no saben si les están deteniendo o invitando a Hay una cosa que te quiero decir.

¿Qué nos está pasando? El lenguaje es nuestra forma principal de comunicarnos y lo estamos retorciendo hasta tal extremo que parecen las letras de Miguel Bosé… Muy fino todo, muy poético pero no nos entiende ni dios. Y sin entendernos, yo, con el permiso de todos, me bajo de este carrusel de locos, y me quedo en mi sofá, divinamente, dándole que te pego al mando… de la tele, me refiero.

He leído hace poco algo que recoge el manual de estilo del ‘The New York Times’ en su versión 2015, y que viene estupendamente a lo que intento explicar aquí (con mucha dificultad, lo reconozco): “los periodistas no somos ni poetas ni académicos, ni artistas ni activistas”. Coño (ahora parezco Pedro Sánchez). ¿Y esto lo sabe la profesión? Pues en lugar de tanto anónimo y tanta factura, yo haría un envío masivo a todas las redacciones, con este pensamiento, aunque sea impreso en camisetas. ¿Cómo hemos llegado a este punto donde las verdades suenan como frases enlatadas? ¿no es extraño que una misma frase usada por varias personas suene diferente? ¿por qué? ¿quizá porque está hueca, porque no hay nada dentro? ¿se trata acaso de una canción de cuna usada para dormir los pocos instintos que nos quedan? ¿me estoy poniendo demasiado espeso o solo me lo parece a mi?

En cualquier caso, este mal que se extiende como la espuma (otra bonita expresión) y termina por salpicarlo todo (políticos, se lo que estáis haciendo), ha llegado también, a muchas series. Guionistas (canallas) de todo tipo se embriagan (esto es un no parar de expresiones) de frases imposibles que hacen que muchas veces, los personajes pierdan toda credibilidad, la historia se vaya a tomar por culo, y el espectador, al bar más cercano… Otras, en cambio, son como grabaciones ocultas, reflejan verdad y solo verdad por su extremo cuidado en dibujar gente a la que se le entiende, no solo lo que dice, sino lo que hace o piensa o siente o…

Y eso es precisamente lo que avala la serie de hoy…

The Casual Vacancy

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The Casual Vacancy es una miniserie basada en la novela con la que la autora de Harry Potter, J.K.Rowling decidió dar el salto al público adulto. Fue un salto sin red. Arriesgado. Valiente. Para algunos, decepcionante. Pero su paso a la televisión, engrandece y mucho, un material que prometía y que ha sido adaptado con mucha inteligencia. Aunque ya adelanto, que no usando todo el cerebro.

La cosa es la siguiente (lo de cosa es un decir). En un idílico pueblecito británico (cómo me gustan esos lugares llenos de familias felices sin una sola familia feliz), varios personajes luchan por hacerse con una plaza en un consejo vecinal que decide los destinos de sus habitantes (si, aquí también están liados con el urbanismo). Esa vacante inesperada sacará a relucir el verdadero rostro de unos personajes sin escrúpulos capaces de revolver entre las miserias más humanas con tal de conseguir su propósito.

Los guionistas usan bisturí de última generación para escribir sobre la carne (podrida) varias historias que se entrelazan para terminar en una sola. Lo hacen sin anestesia, pero con el beneplácito (forzado) del paciente. Enfermo terminal, eso si. Despellejan sin piedad, y lo mejor de todo, con un sentido del humor tan negro, que las sonrisas se congelan. Pero con una capita de un barniz delicado y exquisito. Todo muy ‘polite’ (esto duele eh), porque claro, son ‘british’ (y esta ni te cuento). Es algo así como “permíteme por favor que te meta una cuchillada trapera por la espalda… por supuesto, no faltaría más… gracias… ha sido un placer”.

Todo esto expresado con una sutileza (bueno, a veces tan sutil como unas botas de pocero) que, partiendo de un excelente guión, consigue llegar a buen puerto gracias a sus increíbles actores (aunque el atraque deje muuuucho que desear). Como siempre, mención especial (toma ya expresión) a esos actores al servicio de su majestad (me salgo). Inmensos. Hablo de veteranos como Michel Gambon y Julia McKenzie, pero también de rostros muy conocidos en aquellas tierras como Rory Kinnear o Monica Dolan.

Ep1

Es sorprendente, y admirable, cómo un argumento aparentemente sencillo, dibuja unos personajes tan reconocibles (si estáis en el trabajo, miradita alrededor) para casi todos. Es como un cursillo sobre cómo ser un hijo/a de puta sin levantar la voz. Y todo expresado sin rimbombantes expresiones gramaticales. Insisto… ¿En serio que no hay algún político que me esté escuchando? ¿y director de informativos? ¿de periódico? ¿presidente de comunidad… de vecinos, aunque sea? Nada…

Casual Vacancy

Una advertencia. En The Casual Vacancy hay que rascar un poco. Lo digo para los más perezosos. No se trata de sentarse en la mesa y que te den la sopa boba (mira, esta me hace gracia). Estaríamos entonces ante una especie “crónicas de un pueblo” bañada en te. No. Pero como los espectadores nos hemos hecho mayores, profesionales, sabios, retorcidos y malvados, ya sabemos utilizar los manuales de uso para sacarle todo el partido a las pequeñas joyas televisivas. De lo contrario, no existirían ni Homeland, ni Hannibal, ni Breaking Bad, ni Modern Family, ni The Killing, ni True Detective… Y sin ellas, el mundo sería insoportable.

Early release

No queda mucho más que decir. En los próximos meses seguiremos observando, escuchando, con cada vez menos estupefacción, a gente que nos hablará en marciano, pero será gente que no entiende a la gente, gente que no quiere ser gente, aunque se disfrace de gente… A mi ni me hablen, porque yo estaré ocupado, escuchando (y entendiendo) a otro tipo de gente… ficticia quizá… pero más auténtica que nadie.

Valoración: ***

Lo mejor: Esa capacidad innata de las series británicas de mostrar las miserias de una sociedad que necesita, como todas, un plan ‘renove’ urgente, universal y gratuito, con una sencillez que asusta

Le peor: El cambio del final con respecto a la novela puede decepcionar por ser demasiado forzado y yo diría, que casi, innecesario