The Crown, God save the Queen

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Juro ante lo que me pongan que lo que voy a contar es absolutamente cierto, está basado en hechos reales y se han cambiado los nombres para evitar represalias. Igualito que una peli de las sobremesas del fin de semana de Antena 3.

Cualquiera que a día de hoy, digamos de ayer y de siempre, esté buscando trabajo al margen de la mayor agencia de colocación de este país, dícese del enchufe o me he enterado por mi cuñado, además de la desesperación por no encontrar nada, o en el mejor de los casos, encontrarlo pero que no sirva para poder comer una vez al día, el aventurero que lo intente se estará llevando las manos a la cabeza pensando en qué momento nos cambiaron el idioma. Debió ser al poco de darnos euros por pesetas. Tuvo que ser entonces y se debió hacer con nocturnidad y alevosía (y muy mala hostia).

La cosa es muy sencilla (de explicar no de entender). Si uno usa algunas de la herramientas de búsqueda de empleo, esas que prometen que encontrarás trabajo antes de lo que imaginas, las dudas no es que te asalten, es que te toman como rehén y sin pedir rescate por ti.

Voy a los ejemplos prácticos que yo soy de esa generación pelín cortita que pillamos mejor las cosas si nos las explican con dibujitos: Business Development Executive w/EN/german/Dutch. Bien. Pasamos a los requisitos mínimos. Si no tienes el título de inglés expedido por la mismísima Reina de Inglaterra, la cosa se te complica al intentar entender qué buscan, pero puedes intuir gracias al Google Translate que el tema es vender. O sea, que a poco espabiladitos que seamos, se trata de telemarketing. Vender comiendo la oreja vía telefónica a ser posible en horas intempestivas que así les pillas más desarmados. No necesitas experiencia pero si la tienes mejor para ellos. Piden que estés muy motivado (a ser posible sin utilizar sustancias pero eso no especifican), que seas ético (no se si con los animales, con el planeta o con tus jefes), ambicioso (pero no tanto como para irte del curro a la primera de cambio), que poseas un gran interés por los negocios (los suyos no los tuyos) y… aquí viene mi favorita, tener un gran sentido del humor. Uso varias veces los traductores pero no parece que haya mucho misterio: great sense of humor. Si, dice esto. ¿Alguien que pueda explicármelo? ¿No, nadie? Entonces del sueldo ni hablamos porque no conviene cabrearse al segundo párrafo. ¿No me diréis que al responsable de ponerle nombre a la oferta y escribir los requisitos no os lo comeríais? Yo hasta poco hecho y eso que la carne me gusta más bien pasada.

Si seguimos buscando, nos encontraremos ofertas tipo: Desarrollador Full Stack, B2B Process Analyst, Collection Accounting Administrative, Supply Chain Operations Demand Planning Analyst, Learning Manager – Customer Fulfilment Centre, Site Engineering and Facilities Manager M/F, Circular Knit Fashion Designer – Womenswear, International Back Up team Member (French)… Y lo mejor de todo es que miras y cada oferta tiene 300 solicitudes como poco, o sea, que no es coña, que es real y que estos puestos existen, y encima, que hay mogollón de gente con ese perfil. Pero ¿dónde he estado yo metido estos últimos años?

Para ser el país de la Unión Europea con menos nivel de ingles, es curioso ver los nombres de los puestos de trabajo que se ofertan. ¿Estamos ante un complot de la multinacionales que solo quieren trabajadores de fuera?. ¿No nos quieren? ¿Dejo entonces el Follow me?

Por ejemplo, lo de “se necesita periodista” es más antiguo que el hilo negro, aunque luego los periodistas sigamos escribiendo con dos dedos y en cuanto nos sale un mensaje en el ordenador, desenchufamos sin pensárnoslo dos veces. Doy fe cual notario. Ahora la oferta sería algo así como Journalist Specializing Brand Marketing Social Media Fucking You Brother! Pedir ayuda a nuestros políglotas políticos sería en vano, mejor que lo vean en el Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Pero la queja me la escribe en inglés…

¿Qué está pasando? Porque la RAE se pone como una energúmena si mandamos a Eurovisión una canción en inglés. ¿Aquí no piensa intervenir? ¿Lo considera aceptable? Pero el tema llega al delito cuando una vez has entendido qué piden, entre los requisitos de muchas ofertas está el saber castellano, inglés, francés, alemán (nativo) y se valorará chino y ruso. Experiencia de 5 años en puesto similar, no tener más de 22 años para entrar a formar parte de un equipo joven y dinámico, disponibilidad horaria, coche propio y mantener la sonrisa cada final de mes cuando veas la nómina. El contrato es por un año. 6000 euros brutos anuales. Entiendo que te pagarán seis meses si y seis meses no. O en especie.

Reconozco que me muevo entre la risa nerviosa y el cabreo más monumental. Pero me contengo esperando que un día alguien con sentido común (el menos común de los sentidos, por cierto), diga hasta aquí hemos llegado. Puñetazo en la table, una buena palabrota, porque ellos andan justitos en este asunto, y un aquí se usa el castellano, coño. Porque yo me apuesto lo que tengo (que básicamente es nada) a que el personaje de turno encargado del diseño de la oferta, no sería seleccionado ni aunque su padre fuera el dueño de la empresa. Es que mientras se te gira la cabeza (y tu venga a sujetártela para no resultar desagradable), no se te ocurre el porqué de semejante mamarrachada. Entiendo que en la revolución de la cocina, esa, si, responsable de que tardemos más en leer el nombre del plato que en comérnoslo, haya una cuestión meramente económica. Tu dices: filete de lenguado con olas de mantequilla fundida sobre un lecho de aire de gazpacho y rocas de aceite al vapor, y chico, te comerás una mierda, pero de 60 euros no bajará el plato. Lentejas con chorizo, 5,95. Pero es que en el tema laboral, es todo lo contrario. Cuanto más largo, rimbombante, ininteligible y estúpido sea el nombre del puesto, ¡MENOS TE VAN A PAGAR!. Es como si a tu casero, o al cajero del súper, le hiciera gracia y te descontará un 20% cada mes por trabajar como Supply & Stock Control Specialist. En cambio, le dices que eres reponedor del Mercadona y como mucho te pedirá que le cueles en la caja.

Es lo mismo que ocurre en el mundo de la moda con esos estilistas que, porque ellos lo valen (because I´m worth it), se atreven a ponerse unas sandalias con calcetines blancos. Si se las vemos a un jubilado alemán, nos partimos la caja. Si se las vemos a ellos en una alfombra roja, están creando tendencia. Lo que pasa es que para mi, que un/a influencer (te cagas) se ponga dos chistorras a modo de tiara, me hace pasar un buen ratito, si tengo el día. Pero en el tema laboral, las gracietas deben ser las justas, aunque yo intente desengrasar este drama cotidiano, porque no parece que la protesta en serio, de resultados.

Si uno busca teleoperadores, que lo diga, que lo escriba. Y si busca mozo de almacén, igual. O dependiente, o médico, o carnicero. Si la cosa ya va de nuevos empleos inventados por los anglosajones, pues vale, pero que nadie tenga que pasar un mal rato cuando le pregunten que en qué trabaja y sea incapaz de decirlo sin alcohol en las venas. ¿Es pedir mucho? ¿Realmente hace falta saber coreano para llevar un autobus escolar? ¿Es necesario saberse el himno británico para reponer fruta en un supermercado? ¿Estamos llevando este tema hasta límites que rozan la ilegalidad?

Ir de nuevos ricos nos ha costado más de un disgusto (al que lo fuera y lo hiciera, claro), pero ir de nuevos snobs semánticos (o lo que es lo mismo, gillipollas que se creen superiores por meter palabrejas en inglés en conversaciones cotidianas donde exista una correspondencia en nuestro idioma), nos convierte en auténticos majaderos con poco recorrido.

Para unos y otros, hay recomendación sea cual sea su nivel de inglés. No se deja a nadie de lado porque esta serie es una delicia para muchos paladares, si, para los exquisitos también…e incluso para aquellos que sabemos que unas lentejas de la abuela, hoy por hoy, no tendrán estrellas, pero te suben hasta ellas.

The Crown

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Netflix no para. Ni intención tiene. Su despegue internacional ha convertido a esta marca en una factoría non stop (le voy a dar un poquito al tema…) de series de culto. Y cuesten lo que cuesten. Como es el caso de The Crown, una narración (astuta) de la vida de la Queen Elisabeth desde que llega al trono en 1952. Un hecho temprano por la muerte repentina de su padre. A partir de aquí, esta joya televisiva se mueve como ninguna entre el rigor y el folletín. A veces estamos asistiendo a un hecho histórico y acto seguido, le vemos el culo al Duque de Edimburgo, porque lo exige el guión. O escuchamos a una Reina Madre soltándole a su granddaughter, un speech demoledor sobre su destino y obligaciones, con la misma solemnidad que se fuma un purito entre mascarillas de oxígeno. Recetas no le da. God save the queen… venga, paro aquí.

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Sus 10 episodios (se anuncian 60 si la cosa no se tuerce) muestran (cómo se gusta a mi esta frase) las intrigas de palacio (¿a qué si?) de una familia que, y esto llama la atención, se quieren. Como lo oyes. Y mucho. Y tienen sentimientos. Unos por otros además. Llama la atención, o al menos a mi me ha sorprendido, que a personajes idealizados como Churchill, le ponen a bajar de un burro, que a la hermanísima, le gustaba quitarse la diadema más de lo normal, que el marido pero no Rey, algo que le ha tocado y mucho sus pelotas reales, es un buen padre y es un buen marido (bocaxhancla si…).

The Crown, de la que se dice ha costado más de 100 millones de dólares, no es un biopic, es como dirían los críticos, una radiografía muy inteligente y afilada de unos personajes de carne y hueso, con virtudes y defectos, hasta con miedos y sueños (muchos rotos), que se mueven con dificultad, en una época de la que se ha escrito tanto (y tan bien) pero que no nos cansamos de ver. Especialmente si como en esta serie, nos metemos de lleno en alcobas reales y en las cocinas de palacio, para ver si la plata de la familia estaba tan limpia y pulida como decían… Aunque la serie es 100% británica es Netflix quien pone el dinerito, y no quiere dejar de lado a un público norteamericano (e internacional) que ama tanto a la realeza como a sus miserias.

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No es Arriba y Abajo ni Downton Abbey pero algo hay. No olvidemos que no es una serie del Canal Historia, es Netflix. Y si encima has puesto 100 millones quieres que sea un producto masivo, aunque inteligente. Por eso es de agradecer que en lugar de inclinar la balanza hacia el culebrón, The Crown se construya con unos guiones impecables que funcionan como un reloj, y sobre todo, haya sido capaz de reunir un reparto que me atrevería a decir, solo puede salir de esa cantera infinita que existe en el Reino Unido. Todos están sublimes, perfectos. Y eso se demuestra porque te da igual si el parecido físico es más o menos acertado (que lo es). Para mi, Isabel es una espléndida Claire Foy. A ella, súmale John Lithgow, Matt Smith, Vanessa Kirby, Jared Harris…

No tengo un pero que ponerle, excepto que no podremos verla en abierto, creo. Así que habrá que pasar por caja, aunque qué queréis que os diga, si pagas y te ofrecen cosas como esta, yo me doy por satisfecho. Y si encima, me entero de qué color eran las cortinas de palacio… ¿esto tiene precio? See you soon! Best regards! O sea, hasta el próximo artículo…perdón, post.

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