Stranger Things, congelados en el tiempo

Stranger Things cabecera

Cuenta la leyenda que Walt Disney fue congelado, es decir, que usó la llamada criogenización para que cuando la ciencia hubiera dado con la cura a su enfermedad, fuera descongelado, tratado, y devuelto a la vida. Y aquí no ha pasado nada, tu.

Resulta cuando menos curioso, que el resto de los mortales, sin previa firma de conformidad, seamos sometidos a la misma técnica, año tras año, verano tras verano, con inciertos resultados. Y digo lo de incierto, porque desconozco si lo que pretenden es mantenernos frescos como lechugas o para matarnos sin contemplaciones, a la espera de un adelanto científico que resuelva el enigma, hoy por hoy, lejos de solucionar, de cómo regular el termostato del aire acondicionado.

Si vas en tren, pongamos el AVE, el peligro acecha en el mismo instante en el que se cierran las puertas y aquello se pone en marcha. Los que estamos un poquito viajados, sabemos que antes de una muda de repuesto, es preferible, imprescindible, llevar un jersey, chaqueta, incluso polar, eso ya depende de la temperatura corporal de cada uno. Y no escondido en la maleta, sino encima, sobre los hombros, como si fuéramos del mismo Bilbao. El camino hacia la estación será duro, habrá que soportar miradas y comentarios crueles y maliciosos del personal, que en el mejor de los casos, te considerarán que estás mal de la cabeza al verte a 40 grados y con el jersecito de marras (qué te van a contar a ti). Pero en este caso, y dándole la vuelta al refranero, ande yo caliente, ríase la gente. La recompensa llegará y pronto. En pocos minutos, la temperatura del tren bajará hasta ponerte las mejillas como una pastora suiza. Los incautos, sufrirán las consecuencias y entenderán cómo se siente una gamba en nuestro frigorífico.

Amablemente (aunque esto no es requisito para muchos que siguen creyendo que la mala educación todo lo puede) le pedirás al personal si pueden subir un poco la temperatura. Hay que hacerlo pronto porque de lo contrario, la hipotermia dificultará el habla. Es lo que tiene la hipotermia y contra eso, no se puede luchar. Amablemente (o no, porque hay miembros de la tripulación que entran dentro del grupo de aquellos que consideran que la educación…pues eso) te responderán que no pueden hacer nada, que el tren es climatizado, y que está regulado. No se si por ley. Supongo que la climatización a la que se refieren, viene determinada por la empresa de cámaras frigoríficas encargadas, mediante concurso público (no se crea nadie que esto es a dedo), de suministrar los vagones usando el mismo criterio que hacen para ganar concursos en Pescaderías Pepe.

Inmediatamente, te vendrá a la cabeza cómo es posible que un tren que ha costado, uno, dos, seis, doce millones de euros, tirando por lo bajo, tenga el mismo termostato que un ventilador a pilas. Pero claro, como no puedes decir, “última vez que viajo con esta compañía”, pues te enroscas en la chaqueta, y el orgullo, te lo echas hacia atrás, como si fuera una bufanda. Estilo que no falte.

Que nadie crea que esto es exclusivo del tren. Los autobuses urbanos han debido darle el concurso a la empresa antes mencionada. Sin importar edad, reza, sexo ni condición, mientras uno observa la ciudad bajo un sol de pelotas, la escarcha se te amontona en la cabeza, especialmente si no tienes pelo. ¿Balance de víctimas? Me imagino que el dato más fiable lo tendrán los farmacéuticos, quienes con la venta de antigripales, hacen su agosto. Vale. Aceptamos economía de mercado como motor de nuestra sociedad.

Del metro me cuesta más hablar porque la experiencia sería como si uno entrara y saliera de un frigorífico instalado en Cuba. Si tienes que hacer transbordo, sufrirás en tus carnes bajadas y subidas de temperaturas de entre 20 y 30 grados. Una montaña rusa de sensaciones como diría un buen publicista.

En ámbitos privados, dígase casa y coche, la cosa no mejora. Lo que para uno es “me muero de calor”, para otros es “me estoy pelando de frío”. Como curiosidad merece la pena señalar que quienes son más calurosos, son capaces de soportar temperaturas de más de 50 grados en playas y piscinas durante horas. Es un dato y ahí lo dejo. En la oficina o lugar de trabajo la cosa no mejora ni un pelo.

Saquemos conclusiones. ¿Son los encargados de controlar la temperatura amigos o asesinos en serie? Es la criogenización un arma de destrucción masiva? ¿Veremos un día levantarse a Walt Disney, ver alguna de las nuevas películas de animación, volverse a tumbar, y pedir de nuevo que le pongan a 70 bajo cero? ¿Quizá no sea al ser humano a quien se quiera congelar, y lo que se busca sea… congelar el tiempo? Porque estaremos de acuerdo en que pasa volando… Y aquí hay gente que se apunta en un plis plas.

Demasiadas cuestiones para resolver aquí. Pero lo que si me atrevo a decir, que mientras que eso no sea factible, lo de congelar el tiempo digo, porque a nosotros está más que probado…, repito, mientras no podamos congelar el tiempo, ¿qué tal si lo repetimos, en plan día de la marmota, una y mil veces? No seré yo el que cuestione si tiempos pasados fueron mejores, pero si no tienes nada nuevo que decir, o mostrar, o aportar, o contar, copiar el pasado no es tan mala idea. Incluso, hay veces, que es hasta una muy buena. Y esto es lo que han hecho los creadores de Stranger Things, la serie del verano, la serie del año.

Stranger Things

Protas Stranger Things

Se ha hablado tanto de ella, que queda poco que decir. Para quienes la hayan visto, nada que añadir. Para quienes no, mucho y poco a la vez, porque no se puede destripar, o como se dice ahora, no se debe hacer un spoiler.

david-harbour-stranger-things

Se ha escrito que es una mezcla de los Goonies, de Cuenta conmigo, Poltergeist, La Cosa, Exploradores, Los Cinco…y tienen razón. Yo no puedo dejar de pensar en JJ Abrams y su fantástica Súper 8, un intento (con éxito) de recuperar el espíritu de aquellas películas de aventuras de la década de los 80. Sus creadores, los hermanos Duffer, han manejado con extraordinario acierto, las cantidades que debían mezclar para obtener una serie casi perfecta. Casi porque tiene sus fallitos, solo faltaría. Perfecta, porque lo es. Aventura, ciencia ficción, terror sobrenatural, humor, acción…

Injusto sería no destacar una de las claves de su éxito: un reparto absolutamente increíble, encabezado por una espléndida Winona Ryder, recuperada tras años de ostracismo, no sabemos si voluntario o no (el asuntillo de la actriz pillada in fraganti robando ropa en unos grandes almacenes la sentó como un tiro en su carrera), y un Matthew Modine, menos recuperado porque tampoco llegó nunca a ser una gran estrella. Su último gran éxito podría ser De repente, un extraño junto a Melanie Griffith y Michael Keaton. Pero hablamos de 1990. Birdy es anterior incluso. Por cierto, a él le debió costar aprenderse su texto, unos 30 segundos.

Lo dicho. Ambos cumplen y de sobra, aunque ninguno de ellos consigue eclipsar a tres jovencitos, no, cuatro, espera que son cinco (no han cumplido los 14) y que se comen literalmente la serie, la historia, a sus compañeros de reparto adultos… Yo destacaría a uno de ellos, Gaten Matarazzo, la estrella indiscutible de Stranger Things, por su simpatía, por su naturalidad, por su manera de hablar, y sobre todo, porque le han tocado las frases más divertidas, ingeniosas e inteligentes de todo el guión. Aunque hay una niña, que no es un diez, es un ¡11!

Matthew Modine y niña

Por supuesto, mención especial para un guión manejado con mucha inteligencia, sin pretensiones, y dosificado con la maestría de un Spielberg iluminado (últimamente comunica cuando le llama el éxito), a cuyo altar han debido llevar flores cada día de rodaje (o lo que habían rodado en plan ofrenda).

Prota Stranger Things niña

Total, que Stranger Things, una de las novedades de Netflix para este verano (ya sabemos, una época más floja para estrenos aunque esto está cambiando) se ha convertido en el pelotazo ¡del año!. Y lo mismo me equivoco, pero me da que a sus responsables, los de Netflix digo, les ha pillado de sorpresa. No se porqué pero sospecho que no creían mucho en ella. Sin embargo, su rotundo éxito entre la crítica, entre el público y la repercusión mundial que ha tenido, les ha hecho sacar pecho y anunciar una segunda temporada que no se si tenían muy prevista. Cuando la veáis, me decís si estáis de acuerdo.

En definitiva, serie obligatoria. Son ocho capítulos para devorar de una sentada, en plan maratón. Con palomitas, patatas y refresco si queremos ponernos a tono con una historia ambientada en los 80. O con cerveza (si sois mayores de edad) y la ambientación la podéis dejar en esa sudadera raída que nunca has querido tirar y con la que triunfaste (o eso creías) en los bailes del colegio.

Un apunte más. La música. ¡Musicón! Vaya banda sonora. De quitarse el sombrero (o lo que te quites tu en señal de devoción). Compuesta por el grupo Survive, es todo un viaje en el tiempo gracias al uso de sintetizadores que a los que ya somos talluditos (al resto no sabrán ni de lo que hablo), nos transporta a Fama, Flashdance, y todo lo que nos hiciera mover el esqueleto como se decía entonces. Su cabecera es tan sencilla, que hipnotiza. Por si fuera poco, la banda sonora está salpicada de temas de bandas legendarias como los Clash,  los Smiths, New Order, Echo and the Bunnymen, The Bangles, Peter Gabriel, Vangelis… pelos como escarpias (aun a riesgo de ser tachado de ser más antiguo que el hilo negro).

Unas curiosidades más para terminar. Una. La niña protagonista, Millie Bobbie Brown, nació en Marbella de padres ingleses, pero a los siete años se mudó a Florida donde empezó a dar clases de interpretación, hasta que ahora, con 12, ha triunfado rotundamente. En cuanto la veáis en acción, comprenderéis el por qué. Dos. Los hermanos Duffer sudaron sangre para convertir en realidad su proyecto tras ser rechazado una y otra vez (para que luego digan que los responsables de las cadenas de televisión son unos cielitos avispados que saben lo que se hacen). Tres. Ha sido rodada íntegramente en Georgia, Estados Unidos. Un lugar que parece anclado en el tiempo. Cuatro. Dicen que está llena de errores temporales: coches, armas y demás atrezzo que muestra la serie, parece ser que aún no existía en la época en la que se desarrolla.

Winona luces

Stranger Things Winona

Habrá que esperar hasta 2017 para disfrutar de su segunda temporada. Aunque espero que no tarden mucho en rodar porque los chavales están edad de crecer y si lo hacen, ya no será lo mismo. Así de cruel es el tiempo, que no se puede congelar.

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