Doctor Foster, una biografía no encuadernada

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¿Alguno de los que estáis ahí, ha pensado en escribir su biografía? ¿Qué tiene mi vida qué pueda interesar lo suficiente como para que alguien pase por caja y dedique su tiempo libre a leer lo que he hecho o dejado de hacer? Pues estamos equivocados. Nuestras vidas son un filón. O al menos las de aquellos que creen (o son convencidos a golpes… de talón) que son tan interesantes que deben estamparla en papel. Marchando una de memorias. Se acabaron aquellos tiempos en los que este acto estaba reservado a personajes importantes. Actores, políticos, científicos, espías, amantes reales, líderes del mundo, han sido arrinconados y nos importa un pepino si han contribuido mucho o poco a este mundo nuestro. Lo suyo aburre. Ahora lo que se lleva es contar cuatro chorradas y posar con el libro calentito en la mano.

¿Burbuja editorial? ¿Moda pasajera? ¿Lectura obligada en los colegios? ¿Arreglo para esa estantería que se mueve? Sea lo que fuere, el universo editorial se ha rendido a las biografías de medio pelo. Para empezar, pido disculpas por no haberme documentado en exceso para escribir esto, pero apelo a vuestra compasión. En mi biblioteca del barrio, la de la Esteban estaba pillada. Así que agradezco enormemente el trabajo de Jesús del Río para El Mundo. Enhorabuena. Gracias al compañero y bajo el título de Memorias que podíamos habernos ahorrado, conocemos algunas biografías de todo a 100. Por ejemplo, que Justin Bieber publicó la suya con 16 añetes. Este cantamañanas (lo de cantamañanas sustituye al adjetivo original que había puesto pero por aquello de escribir para todos los públicos, he retirado, con dolor, eso si) nos lanzó un ladrillo de 240 páginas titulado Mi historia. Con un subtítulo que dice Primeros pasos hacia la eternidad. Y habla de cosas tan profundas como la que cuenta en una de sus canciones: “es un mundo tan grande, que es fácil perderse en él…”. Postrado me quedo ante tan sabias palabras. Evidentemente, el mozo será cantante, puede que escriba, pero vidente no es, porque años despúes, no sabe ni dónde ha dejado el coche.

Miley Cyrus lo hizo con 22. Eso sí, antes de enseñarnos todo menos sus cuerdas vocales, y antes de lanzarse a la misión de “sin bragas, la vida aprieta menos”. ¡Este podría ser el título de una continuación!. Pues no, porque la ex chica Disney (esa compañía debería hacerselo mirar porque mira terminan todas igual), ha publicado más libros. Uno en concreto, escrito por una de sus mayores admiradoras, con el nombre de “No puede parar”. Dadme un minuto… Ya… Aquí si lo cuenta todo a calzón quitado (su estado natural) y se abre como nunca lo ha hecho antes (esto hay que verlo).

Yo creo que aunque estas leyendas vivas de la música lleguen a los 90, sus datos de interés quepan en un post it. Animo a denunciarlos por malgastar el papel en el que se ha escrito. Hay que decir en su descargo, que Estados Unidos es una reserva natural en este campo. Si has triunfado, tienes libro. Si no, también. Si después del éxito, he terminado hinchando globos, mejor. Si soy un adolescente, rapidito que luego terminas como Macaulay Culkin y no te acuerdas de nada. Allí también se estila mucho lo de que si eras la taquillera del cine de la esquina donde Marilyn Monroe hacía la compra, pues cuando cumples los 100, publicas libro apremiada por unos nietos desaprensivos con ganas de hacer caja. Aunque esto entraría más en las biografías no autorizadas. ¡Y estas si que me gustan! Aquí hay chicha para regalar, aunque sean más falsas que una moneda de 3 euros, especialmente si el susodicho está muerto. Entonces, barra libre. Pruebas no se exigen, pero tampoco a las películas de Antena 3 de los fines de semana cuando dicen aquello de “basada en hechos reales”. A mi ya con esto me tienen enganchado. Por supuesto, si eres un asesino en serie, el contrato te lo ponen antes de la sentencia. En resumen, el éxito y el fracaso cotizan al alza en el mundo editorial.

Aquí no nos podemos quejar. Belén Esteban hizo lo propio tirando de Boris Izaguirre. Es aquello de yo te lo cuento (que me explico mejor que escribo), y tu me lo pones apañado, que llevo dos horas escribiendo y el corrector me está echando humo. La cosa se llama Ambiciones y decepciones. Listico estuvo el que puso el título. Básicamente cuenta lo que lleva 20 años explicando a quien le escuche, añadiendo algun momento tormentoso y delicado de su vida por aquello del morbo (y de las ventas). No digo más porque ya lo habréis leído todos. Yo, como editorial, me hubiera decantado más por Adicciones y decepciones. Supongo que no tengo madera de editor.

Su ex suegra también se tiró al ruedo editorial. Más que tirarse, se cayó. Se dio en la cara, y aprovechando el golpe, se la hizo nueva. Me voy por las ramas. Apasionante historia de una señora casada con un gañán y madre de varios hijos gañanes, alguno torero, alguno modelo, alguno, pues eso… gañán. Una nueva vida es posible. Es como el título de una canción de misa, o de festival de la canción iberoamericana,  ¿a qué si?

David Bisbal y David Bustamante han insistido en cometer el mismo delito. El primero con Desde dentro, donde parece ser que reflexiona (entiéndase como el acto de hacer varias flexiones) sobre su infancia, su éxito, su voz… Pero va y se olvida de las letras de sus canciones. Algo necesario porque a mi me cuesta un huevo entenderle. Con Shakira me pasa lo mismo. Me vuelvo a ir por las ramas… Bustamante por su parte, acaba de lanzar El sueño se hizo realidad, y aunque nos intenten colar que el buen mozo ha pasado del andamio a los escenarios, hay que decir que el dueño del andamio era su padre. Vamos, que el chico no llegó en patera a San Vicente de la Barquera (mira que rima más tonta). La eurovisiva Edurne, tres cuartos de lo mismo. Según la cantante, es como “si la gente charlara con ella”. ¡Y que Hemingway se suicidara! Ana Obregón ha hecho lo mismo. Cuenta su única verdad. Peligro. Por cierto, si ha contado que le hizo una paella a Spielberg es para dejar la paella y a Spielberg. La bióloga debió pensar que si Sara Montiel le hizo unos huevos fritos a Marlon Brando (además de un par de películas inolvidables), ella tenía que hacer lo mismo pero reactualizando el momento gastronómico. Supongo que dudó entre patillas de cerdo con espuma de berenjena o coliflor otoñal con merengue de ciruela… Pero qué va… ¿qué te va a pedir un norteamericano? Pues paella. Se desconoce si se lo pidió en el sitio en el que trabajaba nuestra internacional actriz o en alguna barbacoa. Por cierto, no desvela de dónde saco la paellera en Los Angeles… Lo habrá dejado para la segunda parte.

Para terminar, no conviene olvidar el apartado de personajes que en lugar de la publicación tipo libro (con sus cubiertas y esas cositas), lo hacen vía revista del corazón. Podríamos decir que esto es de otra liga, en plan liga adelante que suena mejor que decir de segunda. Aquí, el término biografía se cambia por memorias, aunque la mitad de ellos, la perdieran antes de escribirlas. En lugar de repasar tu vida, cuentas a quienes te has repasado.

Antes me refería a estos personajes como insensatos, pero a lo mejor me he precipitado. En el fondo, ¿no serán unos valientes? ¡Venga, a largarlo todo!. En un análisis rápido, como el que le hacemos al ordenador en busca de virus, se me ocurren pocos argumentos para escribir mi biografía. Veamos… Los buenos momentos están ahí y no hay necesidad de sacarlos de paseo. Los malos, por desgracia, también. Y ponerlos negro sobre blanco no se si ayuda a superarlos. Que el mundo (vamos a ser optimistas con las ventas) entero conozca tus miserias tiene sentido si has sido un diplomático y conseguiste que los rusos no dispararan misiles nucleares. Pero si lo que cuentas es cómo fracasó tu matrimonio o tu primer disco, yo, y es un consejo sin importancia, se lo contaría a un amiguete, y si es guionista (que andan faltos de ideas), mucho mejor, que seguro que te lo convierte en una serie estupenda.

Doctor Foster

doctor-foster pareja prota

Imaginemos. Soy guionista (qué se le va hacer mamá), y tengo una idea para una serie que va a romper los audímetros. Curiosamente no salen zombis, ni asesinos en serie, ni dragones, ni espías… Nada. La historia es más sencilla. Una doctora de un pequeño pueblo inglés, felizmente casada con un arquitecto (un poquito hipster), y con hijo pequeño ideal de muerte, comienza a sospechar que su marido se la está pegando. ¿Qué? ¿A qué me la quitan de las manos? Dicho así, a uno le entran unas ganas enormes de imaginar cómo tuvieron que ser esas reuniones para que una cadena como BBC le dijera, adelante. Y que en cinco episodios, revoluciones el país. Y que su último episodio fuera visto por más de 10 millones de espectadores… Pues solo hay una explicación. Doctor Foster (o sea, Doctora Foster en castellano) es una de las series mejor escritas de los últimos años. Y me explico aun más.

Doctor Foster pareja prota 2

Escribir una batalla entre el bien y el mal, o la historia de dos detectives medio lelos en busca de un asesino cabrón, no es fácil. Pero hacer que la cotidianidad, que el día a día de una familia normal, te interese hasta el punto de provocarte ansiedad, es como poco, para quitarse el sombrero (y lo que te plazca). Convertir la rutina en una especie de thriller es una de las cosas más difíciles que se pueden llegar a escribir. Porque claro, no hablamos de una infidelidad con la Reina de Inglaterra (y mira que esa familia es facilona). Doctor Foster cuenta una historia aparentemente sencilla, basada en situaciones reales (no en hechos reales), reconocibles, con diálogos justos, sin poesía, y con interpretaciones tan llenas de verdad que a veces, parece más un documental que una serie de ficción.

Doctor-Foster-Bertie Carvel

Todo esto y mucho más es Doctor Foster (Doctora Foster). Suranne Jones es la actriz protagonista, muy conocida en el país, pero ahora, elevada a la categoría de supremas. Su interpretación, minimalista, medida, de una mujer atormentada por la sospecha, es toda una lección magistral que confirma, que Reino Unido es una cantera inagotable de talento.

Lo mejor de esta miniserie como digo, de solo cinco episodios (cuándo entenderán aquí que los 13 episodios, más esas duraciones infernales, matan el guión más sobresaliente), es conseguir crear una atmosfera tan densa que el espectador se convierte en ese vecino cotilla, que algo sospechaba, pero poco sabía. Y claro, si nos sacan la portera que todos llevamos dentro, nos tienen en sus manos.

Doctor Foster huye del peligro de convertirse en un culebrón, y de una manera sencilla, sutil, y muy, muy inteligente, indaga en los celos irracionales, en las paranoias, en la desesperación que provoca una simple sospecha capaz de poner del revés la vida más organizada y perfecta. Su protagonista verá pasar su vida, como si le quedarán días, porque necesita recordar los momentos más felices, esos que le impiden sacar lo peor de si misma. Como leer tu propia biografía, pero no autorizada. Por cierto, que nadie se piense que esto es un paseito por el campo. Ni que nuestra protagonista se vuelve loca como Juana la ídem… No, no y no. “Ni el infierno tiene tanta furia como una mujer despreciada”. Lo digo para que veáis por donde va la historia, y que nadie se crea que esto se arregla con un asesor matrimonial…

Doctor Foster primer plano

Qué bien sientan series así. Qué bien sabe que hay vida (televisiva) en la propia vida. Hacía tiempo que no disfrutaba de una serie donde no hay monstruos (bueno, en el sentido estricto de la palabra), ni asesinos (instintos es otra cosa), ni poderes sobrenaturales (aunque los celos sean más poderosos y letales).

A su protagonista no creo que le entren ganas de escribir sus memorias, ni con la excusa barata de “lo hago para ayudar a otras mujeres que se encuentren en mi situación”… Su biografía la cuenta ella, en primera persona, a golpe de cañas (o pintas para ser exactos), de vino y de te. No es una terapia. Forma parte de la desesperación y del incontrolable deseo de gritarlo a quien quiera escuchar y a quienes no. Funciona, aunque permíteme que insista, yo en su caso, le recomiendo que secuestre a un guionista (puede buscarlo en la oficina del paro), y no le deje salir de casa hasta que le escriba su historia (coño, pero si esto es Misery…). En fin, lo dicho, hay tantas buenas historias que contar, que no podemos perder el tiempo leyendo las que no lo son. Aunque vengan encuadernadas.

Lo mejor: Un guión tan inteligente capaz de esconder cargas (y giros) de profundidad con las que hacer saltar por los aires, una historia aparentemente sencilla

Lo peor: Solo se me ocurre que no es apta para los amantes de anillos, dragones y posesiones demoníacas

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