Gotham, me parte la cara (y me la pone para llevar)

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Renée Zellweber ha vuelto y dicen que se parece bastante al original. Los expertos aseguran que ya se le ha asentado la operación. Yo afinaría diciendo que si, que algo se le ha SENTADO… sobre la cara. Tras el susto inicial y después de confirmarse que le habían partido la cara, pero voluntariamente y con todas las garantías médicas, ella regresa a la vida pública y se planta en la Semana de la Moda de París a ver si crea tendencia.

Tan solo hace solo unos meses, la actriz aparecía en una alfombra roja con otro rostro. Así, sin avisar. Un arriesgado paso por chapa y pintura. Ya sabes, llegas al taller/hospital y dices: “soy un Seat Ibiza y quiero ser un Opel Corsa”. Plis plas. Carrocería nueva. Y claro, en estos tiempos que corren (vaya si corren), su nueva imagen se pudo ver a lo largo y ancho de un planeta deseoso de noticias absurdas, pero que desengrasan la dureza del momento. Tuvimos que fijarnos mucho en el pie de foto, porque no la reconocía ni la madre que la parió. A partir de ahora, además de ser recordada por dar vida a Bridget Jones, lo será también por cambiarse la cara con la misma facilidad que de bragas. ¿Os acordáis de aquella braga-faja que lucía en Briget Jones? Pues ahora sería como si se hubiera puesto una tanga… pero al revés (y eso debe doler).

A partir de aquí, podemos decir sin miedo a equivocarnos que hacerse un Renée Zellweger, está de moda. Recuento de bajas. Demi Moore está que si que no, porque las sospechas parten de una imagen publicada a través de Instragram (y ya sabemos que a los filtros de esta aplicación los carga el diablo). A la cantante Anastacia, más que hacerle un Renée, lo que parece es que le han dado una paliza. Otra que ha decidido acostarse todas las noches con una nueva señora (desconocida incluso para ella)

El último susto lo ha proporcionado Uma Thurman, a quien en una reaparición, tras pasar por esta ITV carnal, estuvieron a punto de no dejarle entrar en el estreno porque “esa” que se presentó, no era ella. Más que pasar la ITV, muchos pensamos en que esta buena señora entró en un desguace y se compró recambios sueltos que se fue poniendo como si fuera míster Potato. Aunque a los pocos días, apareció en un programa de televisión tal cual era antes, para explicar que el momentazo se debía a un nuevo maquillaje. No aclaró si se lo tiraron desde lejos. Vamos a darle un voto de confianza (y dos hostias a su maquillador…)

Para situarnos, nos encontramos ante dos cambios, el pasivo (el de Uma), y el activo (el de Renée). El primero, es retornable, como los botellines de cerveza de antes. El activo no tiene vuelta atrás. Suelen perpetrarlos presuntos profesionales sin muchos escrúpulos, que, o bien, obligados a punta de pistola, o bajo los efectos de algún psicotrópico, dejan a su clientes hechos un cuadro. Igualitos que la famosa restauración del ecce homo a cargo de una piadosa feligresa… (a quien damos gracias por no haberse dedicado a la cirugía plástica… amen)

Los horrores de esta guerra contra el paso del tiempo (sospecho que aquí también se están desarrollando armas de destrucción masiva), dejan mutilados sonrientes y espectadores asustados. Quedar peor de lo que estabas debe ser traumático, pero espera, ¡para nosotros! A las víctimas, les parece que han conquistado tierra enemiga. Me vienen a la cabeza Meg Ryan (ha quedado como si se hubiese caído de boca sobre una cuchilla…), Nicole Kidman (nunca sabes si decirle hola o adiós), Melanie Griffith (parece que nunca termine de masticar), Madonna (¿dónde está la pelotita, aquí o aquí?), Donatella Versace (soy el espíritu de mi hermano y he venido a aterrorizaros). En el bando masculino, Maradona también se ha hecho un Renée y ahora luce dos hermosas salchichas por labios…

Lo de arreglarse la nariz con la excusa del tabique nasal desviado es más antiguo que el hilo negro. Ahora se lleva atrincherarse en el quirófano, y decir: “doctor, arráncame la cara a bocaos porque quiero ser otra”. Va más allá de cualquier lógica. A menos que trafiques con armas o cosas similares. Esta técnica ya era usada por narcos y demás fauna al margen de la ley para escapar de la policía, pero ¿de quién quieren huir ellas?… ¿de si mismas? ¿Por qué? ¿De verdad que todavía andamos en busca de la eterna juventud? ¿Creen que sus carreras se han acabado? Me duele ser yo quien les descubra que están equivocadas, y que sus carnicerías no les quitan ni dos minutos… Ah, y si, su carrera está acabada. ¡Siguiente!

Ante tal despropósito, la industria del cine está tomando posiciones, y eso que muchas aseguran que es precisamente esa industria la que les empuja a esa masacre. Pero los productores de Bridget Jones ya andan buscando a otra actriz para el nuevo título de la saga. ¡Normal! ¿Para qué voy a pagar a esta actriz que ya no es ella para hacer un papel que nos gustaba porque lo hacía ella?No se si me he explicado bien…

Que se les ha ido de las manos, es decir poco. Que una se opere la nariz como la Pataky se entiende teniendo en cuenta la trocha que gastaba. Que Madonna se ponga dos pelotas de tenis por pómulos es un despropósito. Que Cher decidiera ser Dorian Grey, incluso lo puedo tolerar. Que Donatella Versace quiera ser Gandalf travestido, me inquieta.

Lo cierto es que tras estas intervenciones radicales, el uso del bótox ya parece inofensivo. Se le están buscando nuevas aplicaciones en el mundo del espionaje. Si te pillan como espía, no hay problema. En ningún interrogatorio podrán averiguar lo que sabes. Con suerte, te darán por muerto (¿cómo lo no han visto aún los guionistas de James Bond?). Qué tiempos aquellos en los que el ácido hialurónico era la fuente de la eterna juventud… Por lo menos, por lo menos, han pasado dos años de aquello. Toda una vida para el universo de la cosmética.

Queridos lectores, les presento lo último, el tunnig facial. Lo de sentirse a gusto con uno mismo ha muerto. Ahora lo que se lleva es ponerte otro careto. Y las clínicas Hannibal Lecter lo petan. Lo discutible son los resultados. Eso si, para maridos infieles, es la bomba. Cada cierto tiempo, te acuestas con una diferente.

Todo este precalentamiento tiene un gran colofón. La gran feria de la cirugía facial llega cada año con los Oscar. Es como el Fitur de la Cirugía Plástica. Actrices y actores se ponen manos a la obra para lucir sus arreglillos en la noche más importante del cine americano. No se si por las prisas, por la crisis o por qué puñetas, no hay edición en la que no salga alguien atropellado en un quirófano. Sin embargo, este año, la cosa ha sido floja. La juventud de las actrices daba poco juego. Las leyendas vivas fueron pocas y apenas tuneadas. Una mierda de ceremonia, vamos. Qué noches hemos pasado a cuenta de las apariciones estelares de Liza Minelli, Faye Dunaway o Kim Novak. Pura poesía… del terror, claro.

Resumiendo. Cambiar nuestro exterior se extiende rápidamente entre algunos colectivos (aquí hablo de ellas porque me estoy guardando lo de ellos). Pero, y aquí me pongo filosófico (y mira que lo detesto), ¿estamos siendo hipócritas con nuestras críticas? ¿no somos partidarios de estas nuevas máscaras? ¿acaso no pasamos por la vida luciendo un exterior falso que disimule nuestras miserias? ¿no seremos más cobardes (o no tengamos tanta pasta) que ellas y nos conformemos con mostrar una cara que en nada refleje lo que somos, lo que sentimos, lo que queremos, lo que odiamos y amamos? No se quién decía que nadie sabrá nunca lo que somos, pero todos, lo que parecemos… Perdón por si alguien acaba de sufrir una subida de azúcar.

Querer ser alguien que no somos es una debilidad humana y no por ello, poco frecuente. Y este hecho precisa de una especie de policía especializada que descubra a los farsantes (no hablo de la máquina de la verdad), aunque esto sea poner al zorro a vigilar al gallinero.

Y por todo esto, hoy toca hablar de una serie que es, ante todo, un homenaje/desfile a esas máscaras…

Gotham

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Los superhéroes siempre se han caracterizado por el uso (y abuso) de disfraces que ocultaban su identidad (bueno, esto siempre ha sido para mearse). Sus seguidores lo han celebrado primero en los cómics, luego en el cine, y ahora en la televisión, donde la cosa se ha puesto tan de moda, que parece que lo regalan. Ya me veo que la nueva True Detective será protagonizada por Superman y Arrow…

Gotham es un ejemplo de esto. Bueno, es una pequeña vuelta de tuerca, ya que la serie cuenta los orígenes de la ciudad natal de Batman, ambientada en los años en los que el personaje era tan solo un niño, justo justo después, de quedar huérfano. Como una precuela de toda la vida. Ahora el protagonista es el policía, no el murciélago. Un hombre honesto que luchará contra la corrupción de un departamento en manos de políticos, empresarios y mafiosos que tienen a las fuerzas de ley en nómina (ay señor). Curiosamente, es el único que no se oculta detrás de una máscara. El resto de personajes se presenta como la versión joven de los famosos villanos que habitan esta ciudad. Desde el Pingüino (espléndido actor, por cierto), a Catwoman, pasando por el Joker, Enigma o Ivy… Todos, repito, en versión teen. Vamos, lo que todas las Renées del mundo desean, salvo que aquí, los papeles están interpretados por gente que se corresponde con la edad del personaje. Un drama para muchas, vamos.

Gotham cast

La serie no mata. Tampoco es aquello de machacarla. En el fondo es una clásica historia policíaca, solo que cuenta con la aparición estelar de malvados y malvadas (mención especial para Fish Mooney, una diabólica mafiosa interpretada por Jada Pinkett Smith, mujer de Will Smith) con aspecto inquietante, que le dan un aire diferente.

El protagonista es Ben McKenzie, actor que se hizo popular por The O.C. Ahora ya es un madurito más o menos interesante, aunque aquí, se muestre en un poco sinapismo. No se si sus dotes interpretativas no dan para más, o le quieren situar como contrapunto a los desatados que le rodean. Pudiera ser.

El look de la serie, clásico. La banda sonora, el vestuario, los guiones, igual, clásicos. Incluso el propio escenario, la mítica ciudad de Gotham, se plantea como una ciudad que bien podría ser Nueva York hoy mismo. Desconozco si es por falta de presupuesto, por ceñirse al original, por distinguirse de sus adaptaciones al cine… Por no haber, no hay ni un batmóvil, ni motomóvil, ni ganchomóvil… ni unas alitas. Nada.

Gotham Secundarios

¿Quiere decir que es decepcionante? No. Es una serie para los amantes del cómic (no para los puristas), y para los amantes de las series de policías pelín oscuras. Un intento de llegar a más público sin arriesgar. Y para mi, ese es su punto débil. Sin riesgo, es otra más. Plana. Con algún momento memorable, pero sin mucho material. Perdón. Si tienen mucho material, pero parece que lo están usando de manera contenida. Es como si te compraras esos blanqueadores de ropa, y le echaras a tu camisa un par de granitos… Mal no hará, pero mucho, tampoco.

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Total, que Gotham es una serie que se ve con cierto agrado pero a la que le faltan motivos para serle fiel. Esa contención hasta en el aspecto de sus personajes (aquí Joker no aparece igualita que cuando te levantas de la cama, toda borracha todavía y te das cuenta que no te quitaste el maquillaje), la lleva por un camino gris que mucho me temo, no le dará un recorrido muy largo. Aunque sus guionistas, siempre pueden hacerse un Renée, y escribir una segunda temporada en plan Gotham Loreal. Porque yo lo valgo…

Valoración: ***

Lo mejor: Los secundarios… Gotham construye un verdadero mural de malvados que le dan mucho sabor a un plato excesivamente soso

Lo peor: Su falta de riesgo convierten a la serie en una producción demasiado plana donde además la historia no termina de enganchar… ¡Necesita más chicha!

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