Stalker, por los pelos

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Erase una vez, un leñador muy varonil (pero mucho mucho mucho), preocupado por el medio ambiente y despreocupado por su aspecto (sic)… El hombretón vivía en un bosque perdido, sin amigos, con la sola compañía de cientos de árboles que talaba día si y día también (¿a qué se referirían exactamente con “preocupado por el medio ambiente”?), sin más ayuda que un hacha poderosa y afilada (ni que decir que tenía la casa como Ikea pero en versión campestre). Embutido en unos ceñidos vaqueros, y tras despojarse de su camisa de cuadros, cada mañana, el leñador, como era conocido por aquellos lares, cogía su gran herramienta con las dos manos (qué otra cosa podía hacer el pobre), y se disponía, en plan aizkolari , a dejar el bosque como la Amazonia. El sudor realzaba sus músculos, no excesivos (el gimnasio más cercano estaba a tomar culo), mientras en su poblada barba cristalizaban pequeñas gotas de rocío mañanero (vamos, que hacía un frio de pelotas, pero el mozo como si fuera del mismo Bilbao, dale que te pego al chopo)… Cuanto más alto era el árbol, más placer sentía en derribarlo… (esto empieza a parecerse a 50 sombras de Grey).

Con tan pocas aficiones (no era muy futbolero), y sin nadie que le hiciera el más puñetero caso, el guarrillo como era apodado por su vecinos, apenas sonreía (cual top model) y se había convertido en un ser melancólico y huraño. Pero un buen día, una hada madrina perdida, porque no sabía usar el GPS de su coche, (la varita en la guantera), se topó sorprendida con aquel pedazo de especimen (ella esperaba más a la abuela de la Asturiana) y tras pedirle que le invitará a un carajillo (la temperatura lo pedía), le miró fijamente y le dijo: “te voy a convertir en el hombre más deseado del planeta”. En realidad lo que pensaba era en pegarse un buen revolcón con aquel desconocido, pero hubieran hecho falta dos o tres copas, y no era plan de bajar hasta la tienda del pueblo, porque el gañan no tenía nada en el mueble bar, hecho cómo no, de madera que él mismo había cortado, vintage y a un precio en el mercado urbano de no menos 1200 euros. Me voy por las ramas (vaya chispa)… El hada (también llamada redactora jefa), le expuso brevemente sus planes de futuro (obviando pajares que venían a su mente). El leñador, más corto que una astilla, se dejó llevar.

Oye, dicho y hecho. Aquel lobo solitario no se lo pensó dos veces. Básicamente porque estaba hasta el mismísimo tronco de aquella vida, y sobre todo, porque aquella mujer sofisticada (aunque él no daba crédito ante tanto mamarrachismo), se puso pesadita de cojones viendo el filón que tenía por delante (y por detrás). El leñador de calendario cerró la leñera de un portazo y con ella, un estilo de vida que cambiaría para siempre. Al cabo de nada, acaparaba todas las portadas de las revistas más prestigiosas de moda… por supuesto, tras pasar por un chapa y pintura, que en esencia, no difería mucho de su aspecto original. Ahora, la barba poblada olía a esencias del bosque (como no podía ser de otra forma), y habían desaparecido los restos de potaje, que muchos de sus vecinos, desaprobaban con vehemencia. La camisa de cuadros, básicamente el mismo estilo, salvo que las nuevas, costaban más que su casa rural, y el picor al contacto con la piel, se había transformado en un suave cosquilleo que al chico agradarle lo que se dice agradarle, pues no le agradaba mucho, pero, mejor que el rasca y pierde de los anteriores modelos. Ni comparación.

Total, que los anglosajones (este cuento, como muchos otros, nos llega de aquellas tierras), a los que les gusta más crear un término que una cerveza en Magalluf, enloquecidos ante lo que habían inventado, se pusieron a pensar y a pensar y a pensar, y decidieron, llamarle LUMBERSEXUAL (que viene de madera). Morían para siempre metrosexuales y ubersexuales (algunos entre terribles sufrimientos), y nacía este nuevo fenómeno. Se dice que los hispters han desaparecido de las calles a la espera de que les crezcan más sus barbas y así que nadie piense, que son unos trasnochados de pacotilla. Sería la hecatombe. Pero no lo tendrán nada fácil.

La noticia por supuesto, saltaba a periódicos, radios y teles (especialmente los domingos porque chico, hay que llenar muchos minutos y estas gilipolleces quedan estupendamente). En la calle empiezan a repartir folletos para saber distinguir un lumbersexual de un metrosexual, de un ubersexual y por supuesto de un hipster (estos últimos viven aterrados ante lo poco que ha durado su reinado). Pues brevemente, además de los jeans, y la imprescindible camisa de cuadros (pueden y deben ser variar, que si no, con una nos apañamos y a ver dónde está la gracia de las ventas), botas rurales, gordochonas, como para cruzar arroyos sin mojarte, cabello con algo de tupé, vamos larguito que si no nos confunden con un skin y la cosa se pone pelín rarita, y eso si, complementos en plan pulseritas, relojazo o un IPhone 6 como Apple manda. Esto si que no admite discusión. Aquí se me vuelve a escapar lo de su preocupación por el medio ambiente.

Ah, no conviene olvidar que esta nueva tribu urbana debe ser capaz de construirte un zapatero con su navaja o abrirte una cerveza con los dientes. Su masculinidad está por encima de todo, incluso de su barba (ahí ahí andamos). Me explico. No puedes ir de lumbersexual y saberte todas las canciones de Celine Dion. No, no y no. Además, puntúa ser algo básico. Tampoco que sospechen que te golpeaste la cabeza al nacer. Una cosa intermedia. Rudo, pero sin escupir como una llama. Pelín asilvestrado, pero necesidad de imitar el sonido de los puercos antes de copular. Y sobre todo, no olvidar lo del medio ambiente. Si no reciclas, ¡eres un gañan con barbas!

Un ejemplo que he leído y que os ayudará definitivamente: un hispter quiere un café, va a una cafetería, moderníiiiisima por supuesto, y se sabe tooooodos los tipos (de café) que hay en el mercado. Que si es de Brasil, de Kenia, del Mercadona… Al lumbersexual esto se la trae al pairo, porque a él, lo que le importa es de dónde viene, si su cultivo ha sido sostenible, si no se han usado químicos, etc, etc…

Antes del colorín colorado, decir que el hada madrina fue ascendida y prepara un libro en plan “yo descubrí al lumbersexual”. Sería algo así como “yo descubrí al hombre de Atapuerca, pero este se mueve”… algo.

Del primer lumbersexual, pues se sabe poco porque como le clonaron y ahora hay miles, resulta difícil de localizarle. Es como si le hubieran metido en un programa de protección de datos. Las malas lenguas dicen que se le puede encontrar con frecuencia en una de las cientos de barberías que han nacido (les sugiero un plan de negocio B por si la cosa es tan efímera como parece… no se, algo radicalmente opuesto en plan nomaspelo.hayqueverhijolasbarbasquellevas.com, por ejemplo), porque aquello será “moenno” pero pica horrores y hay que cuidarlo para que no se convierta en un nido de cigüeñas.

Por cierto, y sirva como postdata, en el Reino Unido (dónde si no) ya existe el Frente de Liberación de la Barba, un colectivo que “hace campaña en apoyo de las barbas y combate la discriminación contra aquellos que las llevan”. Yo ya me imagino a sus directivos como náufragos recién rescatados. Y que luego digan que no hay gente pá tó… Por allí ya han creado cientos de negocios donde sospecho que si entras sin barba, te entregan la recaudación de la caja sin la menor resistencia.

Así que ya sabéis, cuando las barbas de tu vecino veas cortar, pon las tuyas a remojar… No hay otra. A los imberbes, solo les queda quemar un corcho y pintarse a lo Conchita, que mira dónde ha llegado… (no es una pregunta retórica, ¿alguien sabe dónde ha llegado?)

Y dicho esto, y tras haberme quedado más ancho que pancho, muchos diréis, ahora a ver qué serie nos largará este a cuenta de los lumbersexuales… Y este que os escribe (con mucho amor os lo juro), no tiene ni puta idea… Porque ¿en que está pensando Hollywood para crear una producción protagonizada por estos seres de aspecto rudo y corazón comprometido? Pues mientras llega, yo os hablo de una con un macho man, que aunque no cumple con la medida exigida (bueno, lleva la típica de 2/3 días, pero dadle tiempo…), en su ratos libres ya la luce y así de bien…

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Stalker

Stalker_logo

Los meses previos al estreno de una serie norteamericana, las cadenas se vuelcan en su promoción con excelentes teasers (avances), tráilers, pósters, fotografías… En muchos casos, son pequeñas obras de arte que destacan a sus protagonistas (si son actores famosos), o a sus creadores (si han sido responsables de éxitos anteriores). La prensa mundial se hace eco, y calienta motores sin pudor. Todos nos volcamos en dar la noticia y el espectador decide cuál será su apuesta. Sin embargo, hay ocasiones, en las que la serie aparece casi por arte de magia, con poca promoción. Desconozco si porque la cadena no confía en sus posibilidades o si deciden hacer una selección para no taladrar al respetable.

Stalker Pareja protagonista

Este es el caso de Stalker, una serie más que digna, creada por Kevin Williamson para CBS. Ha aparecido casi sin avisar, y mi primera impresión ha sido aquello de “no está mal”. Lógicamente, cuando naces sin expectativas, aunque provoques una, ya es mucho, pero Stalker puede gustar. Vamos por partes.

Decíamos que su creador es Kevin Williamson, un conocido guionista y director americano especializado en el cine de terror. Suyas son las legendarias sagas de Scream y Se lo que hicisteis el último verano. En televisión ha escrito muchos episodios para series como The Following o Crónicas Vampíricas. Así que, con esta tarjeta de presentación, uno piensa rápidamente que Stalker es otra historia más sobre asesinos despiadados en busca de adolescentes descerebrados (sigo preguntándome cómo es posible que la misma fórmula funcione una y otra vez… aunque si a Disney le va bien). Sin embargo, Stalker NO es una serie de terror. Repito. Stalker NO es una serie de terror. Es una serie policiaca (con todos los pros y todos los contras, como debe ser). Pero esta vez, sus protagonistas son un grupo de agentes especializados en acosadores. Que nadie se me asuste. Las estadísticas dicen que en Estados Unidos, este tipo de delitos son mucho más frecuentes de lo que creemos. Y no solo es un problema de los famosos.

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Este es el argumento. Sus protagonistas son agentes con pasados más o menos oscuros (aquí han tirado de topicazo) que se muestran inflexibles en su trabajo y se derrumban en la intimidad. La cuota racial cumplida. Origen asiático, latino, y por supuesto, norteamericano. Víctimas de toda clase social, aunque con una mayoría de clase alta. Y lo mismo pasa con los acosadores. Hombres, mujeres, pobres, ricos, tarados, sanos… Vamos, una macedonia con todos los ingredientes que debe tener este mundo globalizado en el que nos ha tocado vivir.

Sobre los casos, poco que decir. No son enrevesados, no tienen grandes sorpresas, pero eso sí, están envueltos con esos momentos de suspense marca de la casa (es decir, Williamson)… Ya sabéis, una silueta que se desliza detrás de la víctima, unos ojos que observan dentro del armario (sin doble sentido por favor), el sonido de unos pasos en la oscuridad, un ruido extraño en la noche (que manía con bajar y preguntar si hay alguien ahí… en serio que alguien espera respuesta?…), caretas diabólicas (y no hablo de cirugías). Nada nuevo, pero funciona. Y funciona porque como decía antes, las reglas del género siguen funcionando. Y en televisión hay un norma inquebrantable que dice que si algo funciona, para qué cambiarlo.

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Si has llegado hasta aquí, me dirás… Pero entonces, ¿la serie está bien o no? Pues muy fácil. Stalker es una serie de consumo fácil, tipo fast food, que te llena al momento, y que al cabo de unas horas, te deja con hambre y casi sin saber qué has comido/visto.

Pero Castle, El mentalista, Hawaii Five 0, Bones, Mentes Criminales, son algunos títulos que encajan en esta categoría y han tenido recorrido. Series muy entretenidas, que te enganchan darte cuenta. No buscan la gloria, solo a un tipo de espectador agradecido que desea desconectar durante 50 minutos con una historia bien escrita y sin romperse la cabeza (la tenemos para florituras). Y Stalker lo ha conseguido. Sus datos en Estados Unidos no han sido brillantes, pero si suficientes para que CBS haya ordenado una temporada completa. Su continuación dependerá de lo que ocurra de aquí al verano. Y me atrevería a decir, que no pinta mal. A lo largo de la serie, hay una trama inquietante sobre su protagonista que avanza poco a poco, y que tiene muchas, pero que muchas posibilidades, si los guionistas no deciden buscar la inspiración en un barril, aunque confieso que a veces, esto ha creado más de un momento glorioso en la historia de la televisión…

Desde aquí siempre he defendido este tipo de series. No todo puede ser cool, serie de culto, alabada por la crítica… Lo he dicho y lo seguiré diciendo: Ferrán Adrià es un genio, pero jamás se pueden rechazar unas lentejas de la abuela.

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De los protagonistas, destacar a Dylan McDermott, un hombretón que cumple todos los requisitos para ser un lumbersexual en toda regla. Además, es toda una estrella de la televisión (que es un plus), con grandes éxitos a sus espaldas (anchas), como El abogado, o la primera temporada de American Horror Story, y algún tropiezo reciente como la fallida Rehenes. Junto a él, Maggie Q, actriz de la que muchos se enamoraron en Nikita, y en éxitos cinematográficos como Misión Imposible III.

stalker cast

Pero si hay algo que me llama la atención de Stalker, es su banda sonora. Cada episodio finaliza con un temazo mágico que envuelve todo el capítulo con un lujoso papel de regalo (pelín cursi me ha quedado…). La mayoría, versiones (o covers que queda super cool). No os perdáis a un grupo llamado Snow Hill, atrevidos como pocos en sus nuevas versiones de temazos que todo reconoceréis. Tres ejemplos, dos a cargo de este dúo londinense y un tercero con Michelle Branch…

https://www.youtube.com/watch?v=P9d8yUcRsMc

https://www.youtube.com/watch?v=37FlncL4pgc

https://www.youtube.com/watch?v=HWP2Mu480Ns

Poco más. Stalker no es una gran serie por un pelo. O dicho de otra forma, no es mala, por los pelos… Se queda en un producto entretenido, sin muchas pretensiones, pero muy efectiva, recomendable para pasar un buen rato, con sustos bien distribuidos, sin escenas truculentas, y de muy fácil visión. Si esperas Breaking Bad, ni te acerques.

Lo mejor: Sin lugar a duda, su extraordinaria banda sonora llena de pequeñas joyas, muchas de ellas, versiones increíbles de temas muy conocidos en voces y sonidos fascinantes

Lo peor: Le falta un pelín de valentía… Es una serie demasiado blanca, poco retorcida, y con acosadores (y guiones) demasiado lights

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