The Strain, el beso (letal) de Guillermo del Toro

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¿Quién no conoce a un bocazas? Voy más allá… ¿quién no ha sido bocazas alguna vez en su vida? Lo que ocurre, lo que disculpa a unos pero a otros no, es, por decirlo de alguna forma, la intencionalidad de esa “bocachancla” que hace que yo los divida en profesionales y amateurs.

Me explico. Hay gente que por descuido, por insensatez, por ingenuidad, por haberse dado algún golpe en la cabeza, o por cantidad de alcohol en sangre, no puede evitar soltar por esa boquita, cualquier barbaridad. Aficionados. Y hay otros, que creyéndose en el derecho divino otorgado a su persona, se ven en la obligación de lanzar lo más grande por ese orificio, que entonces, justo entonces, deja de llamarse boca. Profesionales.

Sobre los primeros, poco que decir… Hay gente dotada para la música por ejemplo, y otros que confunden la lambada con Chopin. Hay gente a la besarías sin más y otra, a la que escupirías sin remordimiento. Son impulsos incontrolables, que sin saber porqué, se escapan del cajón donde los guardas, por mucho candado que hayas puesto. A veces, pueden resultar hasta tiernos.

Sin embargo, los bocazas profesionales escapan de mi compresión, en realidad creo que se escapan hasta de la suya propia, y como poseídos por un ser superior, se creen llamados a salpicar este mundo de frases, no ya lapidarias, más bien de mural, pero de mural de la vergüenza. La historia está llena de pruebas contra ellos. Yo, sin ir más lejos, sucumbí a sus palabras y escribí un post sobre ello (Downton Abbey, palabras mayores). Ingenuo. Creía que había zanjado conmigo mismo el asunto, y la actualidad me dice que están a punto de crear una liga internacional para saber quién se lleva el título de cretino/a del año. La cosa está reñidita reñidita. La cobertura informativa es de primera. Gracias a las redes sociales, hoy, un pensamiento, se transforma en 140 caracteres sin haber apretado ni el botón. En ese post, había frases con las que imprimir no ya camisetas, si no toda la ropa de cama. Una de mis favoritas es sin duda la pronunciada por Lilliam Carter, madre del que fuera presidente de Estados Unidos, Jimmy Carter, una señora de bien, creyente, quien confesó en una entrevista: “a veces, cuando miro a mis hijos, me digo a mi misma, Lilliam, deberías haber permanecido virgen”. Se me saltan las lágrimas…

Aun cuando muchos políticos están luchando sin cuartel por ocupar los primeros puestos de esta peculiar lista, me resulta tremendamente aburrido hablar de ellos. Así que he decidido buscar por otros mundos, para ver si me encontraba con otra señora Carter, y el resultado ha sido más que satisfactorio, porque mi investigación ha tenido final feliz.

Antes de nada, y a modo de advertencia, debo decir que la veracidad de estas frases no ha sido autentificada, por lo que si alguno de los aquí nombrados, tiene alguna objeción, yo encantado de corregir, que para eso estamos… He aquí algunas de estas perlas:

Jessica Simpson
“23 años es viejo, es casi tener 25, que es como estar entre 20 y 30?” (urge revisar los ingredientes de las papillas infantiles)

Colin Farrell
“No es que yo sea estúpido, es que dejo de pensar algunas veces” (y aun no ha encontrado el botón de reinicio)

Victoria Beckham
“Una vez usé mi cerebro, y me gustó” (y desde entonces, no sabe dónde lo ha puesto)

Mark Viduka, futbolista australiano
“No me importa perder todos los partidos siempre y cuando ganemos la liga” (eso me pasa a mi con el Euromillón, no me importa no acertar ni un número mientras me toque)

David Beckham
“Alex Ferguson es el mejor entrenador que tuve a este nivel. Bueno, él es el único entrenador que tuve a este nivel. Pero es el mejor entrenador que nunca he tenido” (pero los calzoncillos le quedan de escándalo)

¿Exhaustos? Yo si, porque hay tanta filosofía escondida que duele (lo mismo que a ellos el hostión que se dieron al nacer). Para ser sincero, algunas no termino de creérmelas. Me cuesta imaginar que alguien a quien no se le haya olvidado tomar la medicación, sea capaz de haber dicho cosas como estas… Quizá estén sacadas de contexto, una disculpa infalible usada con frecuencia hoy en día, como cuando algunos tratan de explicar que cuando dijiste en una red social que fulanito de tal merecía un tiro en la nuca, en realidad querían decir, que estaban en contra de la violencia y a favor del control de armas. Si es que la gente es muy mala, y muy mal pensada, cachis… Porque ya sabemos aquello de que el que tiene boca se equivoca (con el riesgo de comerse lo que pille sin preguntas previas).

Para no quedarnos con este mal sabor de boca, es mi obligación rescatar algunas otras frases lapidarias que a pesar del paso del tiempo, siguen tan vigentes como si se hubieran dicho hoy. Dos de los personajes, no sorprenden por ser pequeños genios a los que hay que prestar atención cuando la goma del calzoncillo aprieta. El tercero, curiosamente, es la prueba viviente de que se puede salir indemne de los excesos, y saber atarte los zapatos.

Robin Williams
“El problema es que Dios le dio al hombre un cerebro y un pene, y sólo suficiente sangre para que funcione uno a la vez” (la Seguridad Social no cubre este tipo de transfusiones)

Woody Allen
“La masturbación es sexo con alguien a quien amas” (y si ese día te caes bien, no te creas)

Groucho Marx
“Recordad que estamos luchando por el honor de esta mujer, lo que posiblemente es más de lo que ella hizo jamás” (aplicable a muchos hombres)

Dos sentencias más de este personaje entrañable, que a día de hoy, debe ser libro de cabecera. Y si no, lee:

“La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados” (¿dónde hay que votarle?)

“Sólo hay una forma de saber si un hombre es honesto: preguntárselo. Si responde sí, ya sabemos que está corrupto” (¡las máquinas de la verdad al almacen po0r favor!)

Para quitarse el sombrero (y hacérselo comer a más de uno). Total, que yo he venido a hablar de mi libro (es una broma humorística), que no es otro que un pequeño análisis de la serie The Strain, una creación de Guillermo del Toro, a quien por más que he buscado y rebuscado, no le he podido pillar en ningún fuera de juego dialéctico. El hombre solo se desmelena en su trabajo, y lo vende con mesura, con corrección y con inteligencia. ¡Será aburrido!. Así que no me queda más remedio que cargar la manita contra los protagonistas de su serie, unos vampiros actualizados por cuya bocaza quizá no salga ninguna estupidez, pero después de lo que he visto, yo los prefiero dando conferencias.

The Strain

The Strain Eclipse

Cuando un canal anuncia el estreno de una serie producida por alguien como Guillermo del Toro, sus incondicionales no podemos esperar… Pero lo hacemos. Y si la espera es larga, pueden ocurrir dos cosas: o tachas los días en el calendario con un cuchillo (la suerte que tienen los americanos es que saben, a veces con meses de antelación, el día y hora de sus estrenos, igualito que aquí…), o te inquietas tanto que aquello se convierte en un globo que de tanto hincharse, termina por explotarte en las manos (nunca he podido explotar un globo, ni de niño… llámame lo que quieras, pero así entenderás mejor mi angustia). Total, que llega el día, te acomodas en el sofá, y venga, a devorar lo que este genio de lo fantástico, nos ha preparado… Y oye, a mi no solo no me decepciona, todo lo contrario, me encanta. Y no me digáis que no se agradece, después de “tanta serie del año”.

The Strain es sencilla (no digo simple para que no se me malinterprete). Y lo digo sin connotaciones negativas, porque buena parte de su éxito es precisamente eso, la sencillez. No hay problemas existenciales, no buscan convertirse en la serie más premiada, ni pasar a la historia, ni ser una serie de culto… No, se busca entretener, y esto que parece de Perogrullo, no debe ser tan evidente, si gente como yo, mortales espectadores, lo llevamos reivindicando años y años, cada vez que nos topamos con nuevas producciones, que como poco, aburren hasta al más entusiasta. Porque rodar secuencias larguísimas, sin sonido, mostrando como a lo lejos (pero cuando digo lejos, digo lejísimos) un coche circula por una carretera solitaria que atraviesa un paisaje desértico, mientras el personaje, silencioso, mira al horizonte con menos expresión que Carmen Lomana, está muy bien si la historia lo requiere, y sin abusar, porque a la tercera vez, cambias de canal, y te pones un Pesadilla en la cocina. De lo contrario, parece que, o quieren rellenar metraje (por falta de ideas o presupuesto) o quieren ser los más ‘cool’ de la tele… Y no. No todo debe ser Ferran Adrià, las lentejas de la abuela saben a gloria, ¿o no?.

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Pues este es el caso. The Strain es una historia clásica, de vampiros actualizados, eso si, que usarán su poder por conquistar a la humanidad. Y frente a ellos, un pequeño grupo de ciudadanos, que tras el desconcierto inicial, no ponen en duda el origen de su enemigo, y luchan con todas sus fuerzas para detenerlos. Para muchos, una historia más antigua que el hilo negro. ¿Y qué? ¿Qué hay de malo si la serie contiene todos los elementos de esas películas que tanto nos gustaban de pequeños? Los Goonies es el mejor ejemplo (cuyo espíritu se intentó recuperar en una pequeña joya titulada Super 8). Yo la sigo reivindicando, mire usted.

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La primera temporada ha tenido sus más y sus menos (hasta Homeland por dios), con momentos antológicos protagonizados en la mayoría de las veces, por esas fascinantes criaturas que solo Del Toro es capaz de crear, primero en su imaginación, y después, y esto es lo difícil, en sus historias de terror, como ya hizo en la fascinante El laberinto del Fauno (recompensada con tres Oscar).Que los adultos nos creamos The Strain solo lo puede conseguir Guillermo del Toro, porque él, y solo él, sabe contar una historia como esta. Por cierto, además de productor, Del Toro dirige el primer episodio, curiosamente, el que la crítica considera más flojo, quizá porque solo pone las cartas sobre la mesa, aunque para mi, tiene momentazos marca de la casa.

The Strain Vampire

The Strain funciona sin grandes derroches técnicos, sin grandes efectos especiales, sin grandes presupuestos (aunque quizá este sea uno de sus lastres), tan solo con un guión más que correcto que te mantiene en tensión, gracias a unos personajes creíbles (con cuota hispana, como no podía ser de otra forma), que sufren lo justo, porque aquí lo importante es la lucha contra esos seres diabólicos, y no el duelo (que también, no le vamos a llamar insensible), porque la cosa está muy malita, y hay unos zombies/vampiros con ganas de hincarte el diente (aunque aquí, el tan trillado mordisco con colmillos se actualiza, y de ahí el titular de esta crítica).

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No hay lugar para la casquería… a ver, lo justo, pero si para el suspense, lo cual es de agradecer a la vista de series como Z Nation (de la que ya hablaremos, porque ya les vale).Y sobre todo, hay partido para una segunda temporada gracias a la aparición de… hasta aquí puedo leer, que yo soy antispoilers. Según sus creadores, la serie tendrá tres o cuatro temporadas, no más. Inteligentes hasta en esto.

Así que, y resumiendo, Cuatro (cadena que hace unas semanas ya la anunciaba) se ha apuntado un tanto con la compra de esta serie, muy de su público (suponiendo que el público que tuvo, continúe y no haya salido en estampida a otras cadenas más… aquí lo dejo), y me extrañaría (y me dolería) equivocarme, porque creo que les funcionará como un tiro, siempre y cuando, se programe el día correcto (ayyyy, señores programadores), y no la dejen morir hasta no se sabe cuando… aunque mucho me temo, que ya, sea cuando sea, el estreno llega pelín tarde.

Lo mejor: Siempre es de agradecer una actualización del mundo de los vampiros y más si llega de la mano de Guillermo del Toro, que con sus increíbles criaturas, sigue demostrando su fascinación por ese universo tan suyo (y que tanto nos gusta)

Lo peor: Su más que evidente bajo presupuesto la hace poco espectacular y demasiado dependiente de sus diálogos, lo que puede dar lugar a bajones de ritmo poco deseables para una historia como esta (aunque el look serie B le da mucho encanto)

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