Extant, Spielberg que estás en los cielos

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Escucho una conversación entre una madre y su hijo de corta edad. El niño, ajeno a las instrucciones que le dan, recibe una frase contundente que todos hemos escuchado más de una vez: hijo, es que estás en las nubes. Y como el otoño me pone tontorrón, me pongo a pensar en lo curioso de esta expresión. Estar en las nubes. Fíjate tu qué cosa más disparatada. Como si eso fuera posible. Una parecida: estar en la luna. Ni más ni menos. Pero al fin y al cabo se lo están diciendo a un niño (que ya maneja el móvil, la tablet y el horno de casa con más soltura que el chupete, pero esto es otra historia).

Por supuesto, como el día es fresquito, hace frío, llueve, y lo reconozco, dejo volar la imaginación con una facilidad que a veces la tengo que atar con correa, pienso en la cantidad de cuentos que nos sueltan a lo largo de nuestra vida. De estar en las nubes o en la luna, pasamos en nuestra infancia a escuchar lo de los Reyes Magos. Tela. Tres señores con más edad que el planeta, se cuelan cada año en nuestras casas, y nos dejan juguetes, la mayoría de las veces, que nadie ha pedido. Claro, a esas edades, leer millones de cartas, no es fácil. Encima, se beben unas cuántas copitas que les dejamos para que se calienten y sobrelleven mejor la ardua tarea (estos no han hecho una mudanza si no ya verían ya…). Pero oye, o bien porque uno se hacía el tonto o porque lo era, la cosa funcionaba hasta que un buen día, un bocachancla del cole (con claras muestras de futuro periodista), te largaba la exclusiva… También se han dado casos de insomnio infantil (qué pasa, ponerte la ropa que te obligaba tu madre ha creado más de un desasosiego). Abrías un ojo, y zas, allí te encontrabas a papa y mama, pijamas en ristre y rostro desencajado, colocando unas cajas misteriosas que, tras descubrir por casualidad la factura en la bolsa de plástico oculta en un armario, te hacía dudar entre si los regalos los habían comprado ellos, o si los reyes magos, cobraban por el envío, porque los recortes hacían inviable la tradición.

Y uno piensa: ¡hay que ver que ingenuos!… Pero es que la cosa no ha quedado ahí. Sin salir de las Navidades, en estas fechas, para algunos entrañables, para otros, una tortura de pelotas, celebramos el nacimiento de Jesús, nacido de una paloma blanca. Suerte de padrastro, aunque ya sospecharía la familia en la que se metía, cuando vio a una prima de su mujer de casi 100 años, embarazada (y luego decíamos que Ana Rosa estaba como un cencerro).

Pero no solo la Iglesia Católica nos ha vendido motos como cruceros (que si el cielo, el infierno, los ángeles, la resurrección, los panes, los peces, caminar sobre al agua…), el mundo entero se mueve entre trolas que, o por diversión o por falta de tiempo para analizarlas, siguen vigentes. Hablaba de la luna. Y todos hemos escuchado que la llegada a la misma, fue un montaje en plan superproducción hollywoodiense. Yo, por un defecto congénito, tiendo a creerme que allí no ha ido ni el tato. Porque vamos a ver, si vas, con la pastaza que te cuesta el viaje, ves que no está tan mal, que no hay nadie, y que tiene posibilidades (en plan pisito económico), pues uno lo reserva, y no se monta una estación espacial suspendida en el espacio, dando vueltas sin parar, y con pocos metros (os recuerdo que hoy el verdadero lujo es el espacio). No es de recibo. Y la cosa se pone más sospechosa cuando encima dices que te vas a Marte, que aquello si está a tomar por culo, y por lo que cuentan, es mucho más inhóspito. Es como irse a una promoción de la Sareb en lugar de a un piso coquetón en el centro. No hay color.

A partir de ahí, sospecho que algunos líderes vieron con satisfacción que, a nosotros, los mortales, nos la pueden meter doblada, y encima damos las gracias. Oiga, se lo ponemos en bandejaaaaaaa…

De ahí, la sarta de engaños tipo adelgaza sin esfuerzo, o crecepelos infalibles, o los abre fácil, o las tortillas de patata “igual que las de casa”, o las croquetas “como las que hace tu madre”, o los teleoperadores razonables, o funcionarios simpáticos, o políticos honestos, o banqueros buenos…o… la serie del año (pero eso va unas líneas más abajo). Incluso se han creado canales de televisión donde se juntan todas estas milongas, y caemos como bobos. Hablo de las teletiendas, claro.

Al final, pensándolo bien, lo de estar en las nubes, o en la luna, me parece hasta tierno. No veo maldad en ello. Y por eso, a señores como Steven Spielberg, que buena parte de su vida, se la ha pasado por esos mundos de Yupi, yo les doy las gracias. Porque por su culpa y por gente como él, hemos conocido esos universos desconocidos, que aún sabiendo que eran mentira (aquí nadie nos engañaba), nos han hecho soñar. Aunque eso si, de vez en cuando, hay que bajar, tomar tierra (y una caña o dos o tres…) y pararse a pensar qué estoy contando (igualito que a las seis de mañana cuando te pones a charlar con un desconocido en la barra de un bar…).

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Steven Spielberg debería hacérselo mirar… si. Y Lo digo sin acritud, desde el cariño y el respeto que le tengo, porque sigo pensando que es uno de los grandes de la historia del cine. Ya se que queda mucho más cool nombrar a algun director iraní o asiático. Pero yo siempre he creído que pocos como él conocen los gustos del público (y por lo tanto hace que pasen por taquilla), y también ha conquistado a la crítica, dándoles algunas de las mejores secuencias de la historia del séptimo arte. Por eso ha sido capaz de crear joyas tan dispares como Tiburón, ET, Indiana Jones o El color púrpura y La lista de Schindler… Claro que ha cometido errores (algunos para llevarle a juicio), pero hasta mi adorado Hichtcock los perpetró y se quedó tan pancho (aunque a veces creo que el mago del suspense lo hizo para vengarse de los todopoderosos estudios a los que detestaba).

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Total, que cuando el director se pasó a la televisión como productor ejecutivo, muchos pensamos que estábamos en la antesala de una nueva época dorada de este creador. Pero visto lo visto, Spielberg ha ejercido más de padrino. O sea, que tu crees que la criatura será premio Nobel, pero termina de tronista. Porque si no, no se explica que el tío no pegue ni una. Desconozco si vende su nombre al primero que se lo pide, lo que me dejaría más tranquilo, o si es que está en ese espacio que tanto le gusta.

La última que demuestra lo que digo es Extant. Se anunciaba como una de las grandes apuestas de la temporada (esta calificación empieza a sonarme a marco incomparable o a estamos saliendo de la crisis) y precisamente por esto, o por culpa de esto, la serie ha desencantado a propios y extraños, por ser ligeramente amable.

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Protagonizada por Halle Berry (quien también ejerce de productora ejecutiva por aquello de asegurarse el control final del producto, y de paso, doblar su sueldo), este drama fantástico se las prometía como el éxito del verano (justo ahora cuando los canales americanos han empezado a estrenar en esta época, van y lanzan esto), y es la decepción del año.

Nada parece funcionar en una historia que si la cuentas en la barra del bar, promete. Pero a la hora de pasarla al papel, se les ha olvidado de qué iba. Una historia futurista, con misterios de otros mundos y conspiraciones gubernamentales. No lo digo yo, lo dicen sus creadores, y se han quedado tan anchos. Todo chirría, todo se tambalea (va, salvemos a Halle Berry), desde esa cabecera que parece la de un informativo de tele local (dicho con todos los respetos hacia estos canales), donde podemos escuchar la voz de una intensa Halle Berry contándonos no se qué sobre supervivencia, hasta la fotografía, las escenas de acción, o la banda sonora (huy, ¿hay música?).

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Sin entrar en spoilers, Extant va de una astronauta que tras regresar de una misión, empieza a sentir cosas raras, a ver cosas mucho más raras, en plan El sexto sentido, pero sin inquietar un pelo. Y hasta aquí puedo leer (porque uno es como es), aunque podría contar los 13 episodios y no desvelaría nada importante, porque… no hay nada importante que contar.
A lo largo de la temporada, y a pesar de los intentos del espectador por engancharse (yo juro que lo he intentado), los guionistas parece que se han ido de concierto y han dejado el ordenador encendido (con el riesgo de que cualquiera pudiera seguir con las tramas). Ni sabían de dónde venían ni hacia dónde íban. Como la cosa estaba producida por Spielberg, me relajo y dejamos a la Berry vendida. Que para eso los dos tienen Oscar y mucho prestigio. Pobres.
Nadie en este proyecto parece haber dado cuenta de que una serie necesita una historia, y que esa historia tiene que ser interesante, original, tiene que estar bien escrita, enganchar, atraer, captar la atención de un espectador cada vez más exigente, que hoy por hoy, tiene a su disposición más series que bares… y si ese espectador siente que le están estafando (o dándole garrafón disfrazado de grandes marcas), cogerá su mando y se pondrá, por ejemplo, un episodio de The Strain, que cumple lo que promete porque parece ser que Guillermo del Toro si que sabe de esto.

Pilot -- Reentry

Y no digo más (menos mal eh?), porque aunque se que Spielberg no leerá jamás esto, sigo declarándole mi devoción. Se merece el beneficio de mi duda, incluso le permito un par de fracasos más, hasta que nos brinde el Indiana de la tele (olvidemos aquella serie del joven Indiana, por favor) que nos merecemos. Estoy seguro, que tu, Spielberg que estás en los cielos, bajes del mismo, y observes la Luna desde la Tierra, que también se ve bonita…

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PD. CBS ha confirmado que habrá una segunda temporada… Algunos siguen mirando al cielo…esperando un milagro… Tenemosun problema.

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