Believe, si no lo bebo no lo creo

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Este año, si la cosa no se tuerce, se venderá en Estados Unidos y en Europa, Palcohol, o lo que es lo mismo, alcohol en polvo. Una empresa norteamericana acaba de presentarlo y a puntito ha estado de obtener el certificado de venta. Un pequeño error en el etiquetado lo ha retrasado. Pero tranquilidad, que en pocos meses, en lugar del colacao, antes de meterte en la cama, te vas a poder hacer un ron o un vodka a golpe de cucharilla. Si eres más sofisticado, no te inquietes, que también han pensado en ti. El producto te ofrece la posibilidad de hacerte cosmopolitan, mojito, margarita y lemon drop (por separado).

Sus creadores han pensado en todo. ¿Hartos ya de pagar los escandalosos precios que tienen las copas en un concierto? Palcohol. En su etiqueta puede leerse esto: “lleva Palcohol a donde sea y disfruta de una copa por solo una fracción de ese precio”. ¿Cansados de cargar las pesadas botellas desde el súper? Palcohol. ¿Qué los vecinos te ponen de vuelta y media por dejar la calle llenita de cristales tras un apacible botellón? Palcohol.

Incluso aseguran que si eres un cocinillas en plan Masterchef o Cheftmatic, no dudes en echarle el polvo al pollo (entiéndeme).

Los más quisquillosos han puesto el grito en el cielo al preguntarse si se puede esnifar (menos mal que hay gente desinteresada que está en todo). La empresa dice que tranquis, que está todo pensado, que hay que usarlo de manera inteligente, y que si no lo eres (no me digas que no son para comérselos), le han dado volumen a los polvos, con lo que necesitarías meterte más de media taza para conseguir el equivalente a una copa… ¿Donde está el emoticono ese de ojitos como platos? O sea, que la compañía considera que esnifarte esa cantidad echará para atrás a la peña… No se si llamarles ingenuos o ya en este punto, insultarles directamente. Me lo pienso.

Total, que si el invento tiene éxito, los bares podrían terminar pareciéndose a una reunión de abuelitas manzanilla en mano, todos con el vaso y la cucharilla dale que te pego. ¿En fin de los DJ´s? Ya me veo diciendo aquello de “a mi solo una cucharadita” o “trae el recogedor y me lo llenas”. El tiempo lo dirá. Ellos aseguran que el sabor es el mismo, que el precio merece la pena. Yo añado el componente ecológico de los polvos (no se si me siento cómodo con estas expresiones), porque si triunfa, adiós al vidrio. Eso sí, conociendo al gremio de los hosteleros, el agua la pueden cobrar a precio de copa, con lo que adiós al chollo… ¡y vueeeelta a empezar! Por favor, un poquito de apoyo a los emprendedores…

En definitiva, que el futuro está en manos de unos buenos polvos (vamos, como siempre). Ahora es el alcohol, hace nada fue el rebozado sin huevo, y en el futuro ¿qué? ¿Politicos en polvo? ¿Trabajos en polvo? ¿Polvos en polvos? Qué se yo… para ir abriendo boca, quedemonos con lo de beber, beber para creer. Creer para beber. Vamos, beber. Porque algo de alcohol (o Palcohol quién sabe) debe correr por las venas de los creadores de la serie de hoy (lo digo sin acritud y desde el cariño eh).

Believe

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Cuando lees que el responsable de una nueva serie es Alfonso Cuarón, y que su productor es JJ Abrams, a uno se le llenan los ojos de lágrimas y espera impaciente su estreno. Lógicamente, el riesgo de decepción está ahí. Cuando hay altas expectativas, en la mayoría de los casos terminan por desinflarse. Y este podría ser el pecadillo de Believe.
Que estos dos hombres de inmenso talento se unieran para crear una serie era todo un regalo… Que la serie tuviera toques fantásticos, ya era la repera… Pero al contemplar el piloto, a uno se le quedaba una carita de decepción difícil disimular. ¿Tanta mecha para tan poca dinamita?

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Vamos por partes. Believe cuenta la historia de una niña (curiosamente y a pesar de mi rechazo total a los niños en el cine o en la televisión, este personaje está muy controlado) con súper poderes que huye de un siniestro centro de investigación. Siniestro porque se trata de un plan secreto del gobierno para adiestrar a todos aquellos que nacen con algun ‘don’ y convertirlos en armas mortíferas.

Bo, la niña, será custodiada por un condenado a muerte, y dos personajes más, que la librarán de caer en manos del responsable del proyecto, interpretado como no podía ser de otra manera, por Kyle Mclachlan, todo un experto en este tipo de papeles como ha demostrado en las lejanas Dune y Twin Peaks, hasta la más reciente, Mujeres desesperadas.

Hay que esperar a que pasen varios episodios para que sepamos hacia dónde camina Believe. De momento, capítulos autoconclusivos con una historia central en la que los malos (con la policía de su parte), perseguirán a este pequeño grupo de fugitivos. Sin embargo, Bo, no dudará en ayudar a todo aquel que se cruce en su camino. Su capacidad para adivinar el futuro la convierte en una especie de ángel de la guarda dispuesto a resolver los problemas de los desconocidos.

Según leo lo que escribo parece el spin-off de Autopista hacia el cielo, pero no. Debe ser que me cuesta explicar una serie bastante blanca disfrazada de oscura. Ni es tan blanca (aunque hay momento no aptos para diabéticos) ni es tan oscura, por mucho que se empeñen en mostrarnos malos malísimos de manual. Y esa indefinición le puede costar más de un disgusto. Al tiempo.

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Según avanza la historia, comienzan a salir algunos ases guardados por sus creadores que pueden darle un poquito de emoción a la historia. Y lo más importante, siempre nos queda saber cuáles son esos ‘dones’ de la niña, que de momento, se muestran con cuentagotas (lo mismo te levanta un coche que parte en dos la televisión de plasma), a pesar de las ganas que te entran de que acierte una primitiva, y se vayan todos al Caribe a disfrutar de la vida, que al final, con súper poderes o no, son dos días, chico…

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Así que, hay que aguantarse y esperar a ver si lo que Cuarón y Abrams diseñaron a golpe de tequilas (entiendo que de botella), funciona y avanza, o simplemente fue un calentón entre dos colegas un sábado por la noche a las seis de la mañana en plan, “mañana a las nueve en punto te paso a recoger y nos vamos con la bici a la sierra”.

Aunque, como dice la serie, esto es cuestión de creer… y por creer, que no sea.

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