Perception, locos de felicidad

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Hoy es el día internacional de la felicidad. Así que, felicidades y hasta la próxima… Nooooooo, es broma. La cosa merece una reflexión. Lo primero que se me ocurre es buscar al culpable de semejante chorrada. ¿Quién sería el cretino que propuso, y dispuso apoyado por otros de su calaña, esta celebración? Investiguemos. El origen de este día está en una resolución aprobada por la Asamblea General de la ONU en el 2011, a instancias del pequeño reino de Bután, en la que se afirma que la felicidad es un “objetivo fundamental” del ser humano. Recordemos que en Bután son todos superfelices, vamos, que no conocen el mal rollito. Los butaneses (no me acostumbro a llamarles así) tienen gratis el agua, la electricidad, la educación, la sanidad… cuentan con buenas carreteras, puentes, presas y diques, instituciones que funcionan, una democracia estable… Incluso, las semillas que plantan los agricultores (el 90% de la población vive de la agricultura y la ganadería) las proporciona gratuitamente el gobierno, que se encarga de mejorarlas cada año para aumentar la producción nacional. Tienen una Comisión de la Felicidad Nacional Bruta, un organismo gubernamental que vela porque todas las leyes, acciones e inversiones de la administración pública estén encaminadas a aumentar la felicidad de los súbditos. Resumiendo, la felicidad cotiza en bolsa. Porque allí la prima de riesgo es la descerebrada hija de tu tía que hace puenting sin arnés.

Hay que partir de la base que días internacionales hay para todos los gustos. Desde el día de los bosques al de la lenteja o la piel de naranja. Todos, o por lo menos era lo que yo creía, sirven para llamar la atención sobre problemas de nuestra sociedad. Pero he aquí que hoy nos encontramos ante algo que, según los organismos internacionales que organizan estos festejos, no debemos pasar por alto: hay que ser felices. ¿Cómo se nos ha podido olvidar? Yo estoy desolado. Claro, entre la crisis (dícese de paro, desahucios, preferentes, recortes en educación, sanidad, dependencia…), el hambre, las guerras, las enfermedades, las catástrofes naturales, el cambio climático, la corrupción y las patas de gallo, a mi se me había ido el santo al cielo, y oye, que ni me había acordado de lo de ser feliz. ¡Que cabeza tengo…

Leo que Benjamin Franklin dijo que la felicidad se encuentra en “pequeñas cosas que ocurren todos los días”. No quiero ser tocapelotas, pero lo que acabo de enumerar ocurre tooooodos los días e incluso, varias veces… Doy por hecho que el buen señor se refería a esas ‘otras’ pequeñas cosas a las que nos agarramos cuando todo va mal. No me voy a poner cursi porque todos sabemos a lo que se refieren con ‘pequeñas cosas’ (aunque a veces, esas ‘pequeñas cosas’ te pueden crear un trauma de pelotas, aunque para eso está la cirugía).

La cosa debe andar malita porque no hay medio de comunicación que hoy no recoja esta festividad instaurada hace dos años por Naciones Unidas (¡y que les tengamos que pagar por esto!) para alentar a los gobiernos a realizar políticas públicas que hagan que sus ciudadanos estén más satisfechos con sus vidas. Yo, en este punto, no se si reir o llorar. O sea, que un organismo supuestamente tan importante como la ONU, tiene que dar un toque a los mandatarios del mundo, para recordarles que entre sus obligaciones está la de hacer que la vida de sus ciudadanos, aquellos para los que gobiernan (aquí insisto en lo de supuestamente), sea un poquito mejor. Decidido. Me pongo a llorar (espero que hoy no esté prohibido por ley).

Queridos, queridas (que nadie se ofenda), estamos en buenas manos. Mientras la ONU haga calendarios con fechas como esta, no hay nada que temer. Yo de hecho, según estoy escribiendo, me estoy viniendo arriba y me brota felicidad por todos los poros de mi piel. Es más, se acabó aquello de ir en busca de la felicidad, porque el 20 de marzo, o eres feliz o eres un triste. O peor. Un antisistema. Y yo no tengo ya ni edad (ni pelo ni ropa) para unirme a este club.

De locos, ¿no?. Pues no tanto porque hay quien asegura que en la locura podría residir el secreto de la felicidad. Lo malo es que esto es un viaje solo de ida, y si una vez allí, no es cierto, la vuelta podría ser más complicada que volar un día de huelga de controladores… Aunque espera. Locura, felicidad, gobiernos, guberna-MENTAL… Me ha entrado un escalofrío. ¿Será solo una coincidencia? Me estoy rayando no?

Volvamos a esas pequeñas cosas cotidianas de las que hablaba antes. Se me ocurre una. Disfrutar, por ejemplo, de una serie pequeñita, sin pretensiones, donde la felicidad y la locura se entremezclen con el sano propósito de hacernos pasar un buen rato.

Perception

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Eso es lo que me produce Perception, serie original de TNT USA y estrenada en España por AXN. Un instante feliz. Su protagonista es Eric MacCormarck, el inolvidable Will de Will&Grace. La sinopsis es sencilla. McCormack da vida al doctor Daniel Pierce, un brillante neuropsicólogo, profesor universitario, que ayuda al FBI a resolver sus casos más complicados. Todo normal, excepto porque el doctor Pierce sufre de esquizofrenia severa. Una enfermedad que en la serie se convertirá en un arma muy poderosa que le dará las claves necesarias para dar con el asesino.

Preception Season 1 Gallery

Los brotes de paranoia del doctor son constantes, pero a pesar de la angustia que le provocan (se niega a seguir un tratamiento), le ofrecen momentos felices, realmente felices. Y es que en cada episodio, recibirá la visita imaginaria de un personaje que le ayudará a resolver los crímenes (hay secuencias realmente delirantes y nunca mejor dicho). A veces, personajes reales que forman parte de la historia. Otras, simplemente, personas que en un momento dado, han sido importantes en su vida, como su fallido gran amor o su propia madre.

Aquí es donde los creadores de la serie se lanzan sin complejos. Felicidad y locura. Un juego peligroso que sin embargo, para nuestro protagonista es vital y necesario para vivir, para vivir asumiendo su locura, y sobre todo, para vivir siendo, relativamente feliz.

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Dos temporadas, la primera de 10 episodios, la segunda compuesta por 14 (en Estados Unidos finalizó hace un par de días). No consigo averiguar si habrá una tercera. Espero que si. Porque aunque me haya puesto un poquito trascendental, Perception no es ningún tratado profundo de esquizofrenia ni un estudio sobre la búsqueda de la felicidad. Es sencillamente y como decía antes, un serie pequeñita, muy entretenida, con casos curiosos, muy bien interpretada, con toques de humor, y algún dardo dramático, pero sobre todo y ante todo, una serie policiaca con la que pasar un buen rato (no se porqué cada vez que digo esto me viene a la cabeza otra cosa)…

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En definitiva, ¿no se trataba de eso, de buscar pequeñas cosas que nos hagan felices? Pues al tajo. A veces, funciona…

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