Banshee, padre no hay más que uno (afortunadamente)

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Final feliz. Tras más de dos años de disputas, papá ha dicho si (o como se diga en chino). Hablo por supuesto del rey del ladrillo hongkonés, Cecil Chao (su apellido es toda una premonición de lo que le diría a este buen hombre nada más conocerlo). Resulta que este excéntrico magnate confesaba hace unos días en una entrevista concedida a la cadena CNN (en la apareció con una chaqueta de cocodrilo naranja y gafas rojas… ahí lo dejo), que abandona la idea de que su hija se case… que se case con un hombre claro, porque Gigi Chao contrajo matrimonio en 2012 con la mujer con la que comparte su vida desde hace nueve años, Sean Eav. Algo que el señor Chao parece no querer ni oír (dice que desconoce que su hija sea lesbiana, y el hecho de que se acueste con la misma mujer hace nueve años no le da ninguna pista). Por eso llegó a ofrecer 95 millones de euros al muchacho que conquistara a su niña. Fue una segunda oferta (desconozco si por falta de interés de los candidatos o porque confía poco en los valores de Gigi). Pero a la llamada acudieron más de 20.000 candidatos. Pocos me parecen a la vista de cómo está el patio. Quiero decir por la crisis, la económica, no que el género masculino necesite incentivos (aparte de las dosis de alcohol lógicas que motiva a muchos), porque Gigi es una mujer de 33 años, glamurosa, monísima, y al frente de varias empresas (suyas). Eso si, había que cargar con el suegro, lo cual no parece que echó para atrás a los candidatos, y, detalle importante que siempre olvida el señor Chao, ser lesbiana.

La hija en cuestión, y a la vista de que a su progenitor (un inciso, a sus 77 años, nunca se ha casado y confiesa haber mantenido relaciones con más de 10.000 mujeres…) sacaba a la luz los trapos sucios familiares (sucios para él, claro), publicó una carta en la que entre halagos y demostraciones de cariño (que nadie piense que esto es carne de Sálvame, la cosa transcurre de una forma educadísima), soltó un frase lapidaria: “me casaré con un hombre cuando tu también lo hagas”. Oye, tema resuelto. Papá ha retirado la oferta, y conciliador como pocos solo aspira a que su nena encuentre la felicidad. Lo de conocer a la pareja de su hija, ni hablar, nunca. Una pareja dolida, según palabras de Gigi. Traducción. Desde que empezó esta historia han volado platos y jarrones hasta el punto de tener que doblar la producción de vajillas en el gigante asiático. Se sospecha que tiene orden de alejamiento de todo aquello susceptible de romperse u/o tirarse al entrecejo del suegro según asome por la puerta.

Pero como el buen hombre es genio y figura, e imaginamos que contagiado por las celebraciones del año nuevo chino, sus últimas palabras (en la entrevista, no dramaticemos), han sido: “el dinero se queda en mi bolsillo”. Atrás quedan cursos intensivos de hongkonés y  cómo comer sopa con palillos, de miles de mozos (y no tan mozos) de medio mundo dispuestos a conseguir la lucrativa plaza. Esto si es una dote y no lo que consiguió Urdangarín.

Tema zanjado. Gigi se ha convertido en una heroína para los movimientos de gays y lesbianas de la zona (curiosamente, ultraconservadora en estos asuntos), sigue cenando con papá, y su pareja ya no se acerca a un plato ni para meterlo en el lavavajillas.

Padres, suspiran algunos… Siempre se ha dicho que madre no hay más que una y a ti te encontré en la calle (en un bar, o en un baño o en un callejón o en eDarling…). Pero a la vista de este caso, yo diría que padre también solo hay uno (afortunadamente). Tenemos ante nosotros un dos por uno, un padre convertido en madre (de ella no cuentan nada, pero ponte tu a buscar entre las 10.000) con un par. Menos mal que la niña además de chino, sabe latín. Ha demostrado valentía y coraje. Gigi ha roto en pedazos el prototipo de mujer asiática sumisa.

Ojo, padres peores hay, y muchos. Que se lo digan sino a la protagonista de la serie de hoy… Asusta al mismísimo miedo.

Banshee

Banshee es una serie de la cadena norteamericana Cinemax. Va por su segunda temporada y ya ha confirmado que habrá  una tercera. La producción corre a cargo de Alan Ball, creador de A 2 metros bajo tierra y True Blood. Y no escapa a nadie que haya visto las dos que si le quitas los vampiros, podrían ser hermanas gemelas.

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La violencia (gratuita para muchos, imprescindible para entender la trama, según otros) no te dejará indiferente. Salvaje como pocas, no parece querer disimular sus ganas de hacer que el espectador gire la cabeza ante las cuchilladas, navajazos, tiros y peleas, cuyo realismo es más que notable. En cuanto al sexo, tampoco parece que el señor Ball quiera cambiar su registro. Al igual que en True Blood, los polvos se suceden con normalidad. Eso sí, como todos los protagoniza su estrella principal, al cuarto, resultan repetitivos. O abren el abanico o terminaremos por desear que se meta monje (aunque esto no garantiza nada). No digo que el chaval (Antony Starr, un machomen neozeolandés muy conocido en su país) no merezca un vistazo (incluso varios), pero claro, al final terminas por el verle el culo más que la cara… Y aunque eso sea muy transgresor en Estados Unidos, en Europa resulta cansino.

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Original, original, tampoco podemos decir que sea. Un delincuente al servicio de un capo búlgaro, y al que traiciona junto a la propia hija del mafioso, sale de la cárcel tras pasar 15 años por un robo de diamantes. Su única obsesión será buscar a su compañera de fechorías, y amor de su vida. La llegada al pueblo en el que reside, Banshee, será el punto de partida de una historia basada claramente en el western clásico, con el triángulo formado por forastero, malvado dueño del pueblo y atractiva chica a la que conquistar (en este caso, de nuevo).

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Entonces, si es muy violenta, el sexo no mata y la historia no es nueva, ¿por qué hay que ver Banshee? Pues porque todo lo que toca Alan Ball merece la pena verlo. Se nota su mano en estos características, sexo y violencia, también en sus personajes secundarios (en Banshee, el amigo asiático del protagonista es un puntazo), en esa eterna lucha entre el bien y el mal, y todo, ambientado en lugares claustrofóbicos, casi dejados de la mano de dios… América profunda por los cuatros costados.

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Si queréis ver padres peores que el de Gigi, echadle un ojo a Banshee, y también diréis aquello de padre no hay más que uno… afortunadamente.

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