Ripper Street, se buscan buenos jefes

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¿Qué opinas de tu jefe? Ja! Pregunta complicada. La verdad es que hay pocos estudios. Supongo que el riesgo de que una respuesta equivocada te lleve a la lista del paro, no facilita la sinceridad. Sin embargo, alguno hay, y desde su publicación, los despachos están inquietos. Se trata de Líder resonante y disonante (no empezamos bien, lo se), un libro escrito por Daniel Goleman, un psicólogo estadounidense, todo un gurú internacional de la materia. Goleman ha catalogado los diferentes tipos de líderes más habituales, y los divide en seis. A ver si encuentras al tuyo (jefes, precaución).

Autoritario. Trasnochado, más antiguo que el hilo negro. El peor de todos. Estaba en peligro de extinción. Pero ha vuelto con fuerza gracias a esta crisis eterna en la que te pueden poner en la calle por comer macarrones cuando al jefe, ese día, le apetece que comas, pollo en pepitoria. El libro asegura que espanta a los empleados. Poco rendimiento sacará la empresa de aquellos que estén por debajo de este tipejo que parece creer que los derechos laborales en la recogida del algodón eran un despiporre sindical. Resultado: convierte a su equipo en seres sumisos, desmotivados y pasotas (y yo añadiría en potenciales asesinos… sin sueldo).

Limitativo. Le llaman el jefe perfecto (manda huevos). Exigente. Solo busca objetivos. Cueste lo que cueste. No te dejaría ir al entierro de tu padre porque él tampoco iría, si es en horas de trabajo (suponiendo que sepa quién es su padre, claro). Peligro. Suele ser un autoritario disfrazado. No le temblará el pulso a la hora de apuntarse como propios los tantos de su equipo. Quiere ascender. El libro de Goleman asegura que crea mucha rotación en el equipo para asegurarse de que nadie sabe más de un tema que él. Total, que a la desmotivación hay que sumarle una falta de dedicación y una preocupante desgana consecuencia de las males artes de este lobo con piel de cordero. Ahhhh, qué recuerdos…

Visionario. Egoísta. Impulsivo. No es fácil encontrarlo, pero existe. Impregna su trabajo con su fuerte personalidad (tipo Steve Jobs, un genio capaz de despedir a un asistente por equivocarse un día en la marca de agua que le servía). Este modelo de líder suele rodearse de los mejores profesionales para que puedan cubrir sus flancos débiles. No te prestan atención, pero pueden contagiarte de su espíritu, con el que puedes dar saltos cualitativos en tu trayectoria profesional. O sea, que a veces le matarías, en cambio, en otras, le quieres comer, como dice Amaral.

Coach o entrenador. Es un gran líder. Capaz de desarrollar equipos. Extraer todo su potencial tanto al que lo tiene como al que carece de ideas (angelitos). Le interesan las personas (aquí sospecho que empieza la ciencia ficción del estudio). Dicen que este modelo de jefe te ayuda a ser tu mismo, a ser el piloto de tu carrera, no el copiloto (a estos, les termina por salir un alien del pecho, fijo). Puede ser duro al principio pero es un genio a la hora del reparto de tareas. No es paternalista y obliga a su equipo a asumir responsabilidades. Te da autonomía. ¿No te suena verdad? Por cierto, tiene un peligro. Puedes centrarte tanto en tu carrera que te olvides de los objetivos de la empresa. O sea, que te puedes convertir en un trepa tan obsesivo que te falten ramas para escalar, lo que le obligue a usar las chepas de sus compañeros (la mía tiene ya hasta carteles para no perderse).

Democrático. Suele pedir consejo a su equipo, aunque sea quién tome la última decisión. Es el tipo de liderazgo que más se ha desarrollado en los últimos tiempos. Y los expertos dicen que funciona. Le preocupan las personas. Comunica perfectamente lo que quiere, cómo lo quiere y cuándo lo quiere. En definitiva, te hace responsable. Y como premio, suelen promocionar a su equipo. Vamos, que te lo llevarías a tomar unas cañitas, y encima, pagando tu. Estoooo… si encontráis alguno, no dudéis en hacerle una foto con el móvil. Las especies raras conviene tenerlas inmortalizadas.

Afiliativo. Adora a su equipo. Bueeeeeno, quizá me he dejado llevar, pero no es para menos. Busca incansablemente las buenas relaciones entre todos. No gusta entre los expertos (amargados). Aseguran que junto al autoritario es el peor de los jefes (toma ya). Dicen que puede llegar a mentir a sus empleados para evitarles un disgusto, aunque luego se estrellen contra la realidad. Abunda en España (¿dónde?). Se le puede encontrar en pequeñas empresas, en negocios familiares (ah, vale). No aporta nada positivo (ya estamos) y se corre el peligro de convertir el lugar de trabajo en el bar de abajo: “¡cuatro cañas, dos de bravas, una de morros y otra de boquerones! ¡Y me pasas el informe de ventas!…”. A mi no me parece tan confuso. Con evitar las manchas de mejillones en el teclado…

¿Cómo se te ha quedado el cuerpo? Espera que hay más. Analistas españoles afirman que si el directivo se ha formado en una escuela de negocios, suele ser más participativo, más flexible, más creativo, más parecido al norteamericano (esto lo dicen como si fuera un plus). Si es el cuñado del encargado, tiene todos los números para ser un cabronazo. También aseguran que la llegada de la crisis ha traído muchos nervios. Estamos de vuelta al estilo autoritario, especialmente por culpa del miedo que se ha instalado en los jefes, a quienes estos tiempos les han puesto en el punto de mira. No porque lo estaban haciendo mal (eso se les perdonaba). Se rumorea que cobran mucho y como la mayoría son mayores, ya no sirven.

Resumo. Los mejores jefes son aquellos que mezclan los estilos visionario, entrenador y democrático. Mezclados, no agitados. Se buscan. Si lo encuentra no se acerque a ellos. Son peligrosos. Están armados. Suelen llevar un ERE en el bolsillo.

No lo veo claro. Acabo de echar la vista atrás, y a mi me salen otras categorías. Menos teóricas y más reales. Mucho más de aquí, typical spanish, podríamos decir. Pero estoy convencido de que en muchos países, sería un documento clasificado. Por ejemplo, en qué categoría incluiríamos a los jefes que padecen el síndrome de Rebeca (como la peli de Hitchcock), es decir, aquellos de los que todo el mundo ha oído hablar, mal, por supuesto, pero nadie les conoce (generalmente están en otra planta, noble, atrincherados en sus despachos, y no se relacionan con el populacho). También están los que yo denomino falsos boomerang. Porque ¿cómo se llama a un boomerang que no vuelve? ¡Un palo! Y así lucen algunos ejecutivos, como si se hubiesen tragado uno. Son de esos que piensan que los trabajadores son lo peor de su profesión. Están los que son más tontos que una piedra. Sigue siendo un misterio saber cómo han llegado a donde están… Pero podríamos seguir hasta el infinito.

Hablando de jefes, se me ocurre una serie (y no es The Office, lo siento) cuyos líderes son más de aquí te pillo, aquí te mato. En el sentido literal de la expresión.

Ripper Street

Hay que ver lo que ha dado (y sigue y sigue y sigue…) de sí Whitechapel, el famoso barrio londinense donde Jack el Destripador cometió sus brutales crímenes. Se que mi último post era sobre una serie llamada Whitechapel (esto es un no parar). La de hoy se llama Ripper Street, una extraordinaria producción británica (esta obsesión por el made in UK me la tengo que mirar…) ambientada en este barrio y que arranca inmediatamente después de cerrarse el legendario caso.

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Ripper Street es como un antepasado de CSI. Utiliza unos incipientes métodos forenses (poco respetados por muchos policías) para resolver crímenes salvajes. Y lo hace en una época difícil, violenta, casi sin ley, donde la autoridad se movía entre lo legal y lo ilegal. Se respira la mugre que lo invadía todo, hasta las vidas de sus protagonistas.

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Pero además de los casos policíacos, inteligentes y originales, la serie disecciona esa sociedad no tan lejana. Injusta. Salvaje. Pobre y rica. Sin medias tintas. Donde una jerarquía malentendida podía ser más letal que cualquier cuchillo oxidado. Una estructura apoyada en policías, políticos, periodistas, nobles, putas y ciudadanos… todos juntos pero sin mezclarse. Una época donde el jefe era más que un jefe. Era tu dueño, y como tal podía ejercer con crueldad o con benevolencia. Apoyarte o hundirte. El que tenía el poder lo usaba, y lo hacía, básicamente, para que nadie se lo quitara. ¿Decisiones injustas? La mayoría. Pero lo importante era tener un trabajo que te separara de la miseria. ¿Os suena de algo?

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En definitiva, BBC vuelve a repetir una fórmula que le funciona. Nadie como ellos para llevar adelante una producción a veces clásica, a veces rompedora. Eso sí, actualizada en su banda sonora, en sus poderosas imágenes, y en sus muy originales casos.

Ripper Street es un juguete para adultos. Y como todo juguete que se precie, proporciona entretenimiento del bueno. Sucio, eso sí (dan ganas de ducharse después de cada episodio). Pero a quién no le gusta revolcarse por el barro si hay premio para el mejor…

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