Whitechapel, ¿susto o muerte?

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Supongo que si estáis leyendo esto es porque sois internautas. Y si lo sois, doy por hecho que habréis observado como en los últimos tiempos, la publicidad en internet es cada vez más intrusiva. Yo, a veces, la siento violenta. Incluso, te echan de la página en cuanto quieres cerrarla. Entiendo lo de la crisis, la bajada de la inversión publicitaria, lo del nada puede ser gratis (esto merece una reflexión aparte…). Lo puedo entender casi todo. Lo que me cuesta comprender es como esos (supuestos) cerebritos dedicados a las nuevas tecnologías, esos que tanto presumen de su condición de gurús (creerse Steve Jobs es un delirio muy común entre los CEOS patrios), no se han dado cuenta de lo molesto que puede llegar a ser. ¡Es que es abrir internet y sentirse como en el túnel del terror!. Tú imagínate que te paras a ver un escaparate y de repente, sin avisar, te agarran del cuello y te meten en la tienda contra tu voluntad. Yo no se vosotros, pero desde luego a mi me darían ganas de todo menos de comprar. De hecho, yo ya he abandonado alguna de estas páginas. Si era el efecto que buscaban, perfecto. Si no, creo que deberían convocar esas interminables que tanto gustan en las empresas de nuestro país. Eso sí, a través del mail, y con el susto o muerte que ofrecen sus inserciones publicitarias.

Notaréis mi grado de cabreo pero es que uno tiene razones de sobra. Por ejemplo, vas tan tranquilito en el AVE, y de repente, quieres leer el periódico en tu (flamante) smartphone o tablet. Abres la aplicación y ¡zas!, un anuncio de un coche, de un seguro, de una compañía de luz, de gas, personas, te estalla en la cara a un volumen que hace sobresaltarse hasta al mismísimo maquinista. Hombreeeeee, nooooo… Así no. Que hay veces que parece la película The Ring. No te sale una chica japonesa con muy malos pelos, pero así se te quedan del susto… Pero si nos gusta la publicidad, por qué este castigo. Hay anuncios que nos encantan (el de la Lotería no entra en esta categoría), que incluso compartimos con amigos. Hablo de auténticas joyas que provocan lo que buscan, que sientas simpatía por lo que venden, por la marca… Hasta te dan ganas de comprarlo. Pero si quieres provocar esa reacción positiva a base de collejas, llámame lo que quieras, pero conmigo no cuentes.

Imagínate que alguien, de esos que nos quieren hacer una encuesta por la calle, nos diera un bofetón, y luego con una sonrisa nos dijeran aquello de “¿tiene un momentito?… Si, claro, un momento es lo que me va a costar colaborar contigo en un estudio sobre delitos callejeros a punto de cometerse.

Se que no debe ser fácil, que no es por manía, ni sadismo (quiero creerlo), que llevan mucho tiempo buscando el método… pero claro, ponerle puertas al campo es tan absurdo como barrer una playa (por mucho que algún pensionista se empeñe). Y queridos publicistas, aquí se tienen que poner las pilas del primero al último. No me vale con eso de que tu tienes una profesión super cool, y los demás no entendemos nada. Es que al final, lo que estáis haciendo es barrerme la escalera y meterme la mierda por debajo de la puerta.

Desconozco si esto forma parte de una estrategia con el fin de hacernos comprender que el gratis se acabó y que por “menos de un euro al día”, puedo disfrutar de los contenidos sin tomarme la pastilla del corazón. Puede ser. Tácticas más raras se han visto (miren al ministro Wert). ¿Que sean las correctas? ¿Que den resultados? Ahí yo ya discrepo. Me niego a ser rehén del “show me the money” o “todo por la pasta”. Esto debería ser una relación de amistad, de seducción, no un atraco a mano armada. El estilo carvernícola de “te cojo por el pelo y te llevo a mi cueva”, está pelín trasnochado.

Me pregunto si las marcas que se anuncian así, en plan comando suicida, están de acuerdo. Me pregunto si se les factura por visionado, lo que es evidente a no ser que dispares al ordenador cada vez que entras en una web (fatal para el presupuesto, ya te lo digo). Me pregunto si este modelo publicitario “te lo vas a comer quieras o no”, tiene mucho recorrido…

Debo ser de la vieja escuela porque sigo creyendo que al consumidor se le conquista de otra manera. Pero si hay alguien que piensa que es todo lo contrario, y que hay que secuestrarle en plan robo a una sucursal bancaria, allá ellos, yo, me apunto en mi cuadernito de “cosas de detesto” el nombre del contenido y del contenedor, y a comprar los calzoncillos en Fajas Manoli, donde además del trato exquisito, me llaman por mi nombre, y me preguntan por la familia. De momento, Manoli, no ha venido con pasamontañas a mi casa, para obligarme a comprarle un pack de tres slips (o bóxers).

De muertos, de secuestros, de violencia, de bofetones en la cara, habla mi serie de hoy…

Whitechapel

Whitechapel es una serie británica, como no podía ser de otra manera (y lo que nos queda, afortunadamente) de la cadena ITV, cada vez más exquisita en sus producciones. Estrenada en 2009, su cuarta temporada se ha emitido este mes de septiembre, y aunque no tendrá una quinta, podemos hablar de una serie muy recomendable. Para situarnos, decir que Whitechapel es un barrio humilde del East London, famoso por ser el lugar donde Jack el destripador cometió sus legendarios crímenes.

Whitechapel

Y este es el punto de partida de Whitechapel. Un inquietante y asombroso caso. En el Londres actual, alguien está cometiendo los mismos asesinatos que Jack el destripador (un asunto que a día de hoy sigue sin resolverse). Exactamente igual, a la misma hora, en el mismo lugar, y de la misma (y espeluznante) manera. La comisaría de la zona deberá resolver un caso que se mueve entre la realidad y lo sobrenatural. Ha nacido un copycat killer, un imitador… ¿o es el mismísimo Jack el que ha vuelto de su tumba?

Whitechapel shirtless

Comenzará una investigación dirigida por el extraño inspector jefe Joseph Chandler, y su peculiar equipo. Chandler, interpretado por una estrella británica no muy conocida en nuestro país, Rupert Penry-Jones, es un hombre atormentado por un pasado que poco a poco se irá desvelando. Devorado por manías y obsesiones, sin sentido del humor, y nada dado a tomarse unas pintas cuando termina la jornada, pronto se convertirá en un bicho raro dentro de una comisaría llena de personajes convencionales, muy reales pero singulares, que aunque no entienden los novedosos métodos de su jefe, serán muy capaces de arrojar luz al caso.

whitechapel 1

Whitechapel ha sido definida como una moderna revisión del género de detectives que combina la intriga de la época victoriana con la atmósfera actual de un barrio contemporáneo como es Whitechapel. Y la fórmula funciona. Como un reloj suizo. Por ponerle algún pero… A veces, se muestra demasiado explícita. A veces, se recrean en ese tempo tan calmado y tan propio de las producciones británicas (que unos odian y otros adoramos). Pero consiguen que el resultado final te inquiete. Y mucho. Gracias, entre otras cosas, a un guión que funciona a la perfección, a unos actores, que como siempre, son absolutamente creíbles, pero sobre todo, a una capa oscura que cubre toda la serie, y que te impide ver con nitidez lo que está ocurriendo. ¡No puedes ver al asesino! ¡Y está delante de tus narices!… Brillante. Por cierto, este es el primer caso. Después llegarán otros, en principio no tan atractivos para el espectador, pero igual o más inquietantes, más oscuros, más salvajes…

whitechapel puzzle

Así que, resumiendo, estos son algunos de los puntos fuertes que hacen que Whitechapel merezca una oportunidad:

  • ·         La atmósfera que envuelve a la serie
  • ·         Los personajes, especialmente su protagonista, y los secretos que esconde
  • ·         Un caso basado en el serial killer más famoso de la historia
  • ·         Los aspectos sobrenaturales que planean
  • ·         Una estética que combina con acierto lo clásico con lo nuevo
  • ·         Un guión inteligente que se resuelve en el último minuto

Aquí lo dejo. Si, Whitechapel es como esa publicidad tan molesta de la que hablo, es inquietante, intrusiva, radical, violenta… pero a una serie se lo permito, porque eso es lo que me vende, y yo… lo compro.

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2 pensamientos en “Whitechapel, ¿susto o muerte?”

  1. Interesante articulo . Aprendo algo con cada sito web todos los días. Siempre es grato poder devorar el contenido de otros escritores. Desearía usar algo de tu post en mi web, naturalmente dejare un enlace , si no te importa. Gracias por compartir.

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