By Any Means, limpiezas clandestinas

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Siento llegar tarde a mi cita, pero entre pitos y flautas, se me ha echado el tiempo encima. Pero vengo con la prensa leída. Estoy al tanto de las últimas noticias. Y cuando hablo de últimas noticias, no me refiero a las que acaban de ocurrir, no. Hablo literalmente de las “últimas”. De las que ocupan el final de página de nuestros periódicos más serios. Hace nada ni existían. Ahora, cada vez son más visibles, más destacadas. Y estaréis conmigo, que resulta chocante que al lado de secciones clásicas como economía, sociedad, o internacional, uno pueda leer “noticiones” más propios de la prensa sensacionalista.

Por ejemplo, estos días podíamos leer un titular sobre la propuesta artística de un estudiante de la prestigiosa escuela Saint Martins, en Londres. El joven aspirante a artista, Clayton Petteet, de 19 añitos, como trabajo de final de carrera, perderá la virginidad delante de 100 personas. Su ejercicio lleva por título algo así como “La escuela de arte me robó la virginidad”. Eso sí, lo hará con un amigo, que para eso están los amigos. Nada de cómo te llamas, estudias o trabajas, te invito a una copa, en tu casa o en la mía… Demasiado antiguo. Luego abrirá un debate entre la audiencia, al más puro estilo Gran Hermano. A mi, de todo esto, lo que más me ha llamado la atención, es descubrir que quedan veinteañeros vírgenes, fíjate tu. Desde luego, parece más entretenido que el clásico trabajo de 50 folios, por una cara, 1000 palabras, a doble espacio, etc… Aclarar que tanto la escuela como las asociaciones de gays y lesbianas del país has puesto el grito en el cielo…

Leo también la denuncia que una asociación de mujeres que lucha contra la discriminación de las mujeres obesas, ha interpuesto contra Karl Lagerfeld por despotricar, una vez más, contra las gordas. El diseñador de Channel, cada vez más Coco, y hasta hace no mucho tiempo, una albondiguilla, ha asegurado que nadie quiere ver gordas en las pasarelas, y que además, le cuestan un pico a la seguridad social. Puede que haya gente que quiera ver mujeres rellenitas, puede que no… de lo que estoy convencido en que nadie quiere ver zombies subidas en tacones de vértigo, desfilando con cara de “llevo muerta seis meses”… Llámame “tiquismiquis” pero a mi me gusta que el hueso esté rodeado de carne. Qué le vamos a hacer… La presidenta de ‘Guapa, gorda, sexy y lo acepto’, (así se llama la asociación, lo juro), Betty Aubrière, considera inaceptables estas declaraciones hechas en un programa de televisión, en las que el diseñador soltó perlitas tipo “nadie tiene ganas de ver a mujeres gordas sobre las pasarelas. Son las mujeres gordas sentadas con su paquete de patatas ante la televisión, las que dicen que las modelos delgadas son repugnantes. La moda es sueño e ilusión”. También aseguró que su “única ambición en la vida es llevar vaqueros de la talla 30. No he hecho régimen para que me metan mano ni para ser sexy. Quería ser una buena percha”. No se si es para denunciarle o esperarle a la salida de un desfile con media docena de latas de fabada Litoral…

Nos vamos a París. Curiosa la campaña de un gel antibacteriano para manos. En el video promocional (disponible en internet), un grupo de mujeres, tras usar el producto, se echa a las calles para tocarle el paquete a todo aquel que se deje. Por cada pene tocado, 10 euros destinados a la lucha contra las enfermedades masculinas. Una vuelta de tuerca al dicho de “no me toques las pelotas”… excepto si tiene premio, y estoy en Francia.

De Moscú nos ha llegado algo mucho más impactante (duele solo de pensarlo). Un artista ruso llamado Piotr Pavlenki, se sitúo hace unos días en plena Plaza Roja, frente al Kremlin. Se desnudó y se clavó los testículos al suelo en protesta por la indiferencia política que vive su país. Dejadme que me recupere… Solo el hecho de desnudarse allí ya me parece un acto heroico por aquello de las temperaturas que se gastan. Pero si además, te clavas el escroto al adoquín (como lo describe El Mundo), me quedo sin palabras. La policía tardó ¡una hora! en desclavarlo. Hay que reconocer que este Piotr le ha echado huevos. Mi duda es si los habrá podido recoger.

He aquí solo cuatro ejemplos sencillos, absolutamente ciertos, que han tenido una sólida presencia en los periódicos (y en televisión y en radio…). Y es que, esa delgada línea roja que separaba la información rigurosa del mero chascarrillo sensacionalista, se ha borrado de un plumazo. La crisis del papel es la excusa para que hoy en día, haya que leer bien la cabecera del medio, para saber si estamos ante el Mundo Today o el New York Times. Ahora lo que se lleva, es taparse la nariz (o no, dependiendo de cómo de sensible tengamos el olfato), y sumergirse en las coaclas de nuestras sociedad (si vives en Madrid, solo hay que pasear por la superficie).

Curiosamente, esto ha sido recibido con aplausos, volteretas y algún medio pedillo, fijo, por aquellos a los que hasta ahora se les despreciaba, llamándoles prensa amarilla. De este color ya solo les queda el papel reciclado que nadie quiere usar, porque, dejémonos de tonterías, es muy feo. Así que ahora, todos contentos. No hay prensa amarilla, ni verde ni morada. Como mucho, azul y roja (aunque un día, combino el rojo con el azul, y otro, el azul con el rojo, según quien me pague).

Aquella máxima de “no dejes que la verdad te estropee una buena noticia” parece haberse diluido. Ahora tiramos a saco de titulares chorras que nos hagan más llevadera una actualidad intoxicada. Y este nuevo y fascinante desafío, es ya tan habitual que solo faltan visitas guiadas por las miserias de lo absurdo. Es algo así como que el fin justifica los medios… Aunque yo añadiría que quizá los medios, algunos, no tienen fin. Y si la prensa se ha tirado en plancha a este subsuelo, qué decir de los gobiernos, ahora que ya sabemos que nos espían más que a la hija de la Pantoja.

Pues esta es la propuesta de la serie de hoy…

By Any Means

El fin justifica los medios. Ese parece ser el leitmotiv de By Any Means, una reciente producción de la BBC (no digo nueva o última porque es un riesgo dado el nivel de producción que se gastan por allí). Seis episodios. Como les gusta en esas tierras. Y como me gustan a mi. Suficientes. No cansan, no aburren… No necesitas hacer planes con antelación. Te van bien cualquier día y con cualquier cosa. Así es By Any Means (difícil traducción, aunque yo la dejaría en un Por si acaso). Te sientas y a disfrutar de lo que hay al otro lado de lo correcto (que siempre es más apetecible).

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By Any Means cuenta la historia de un equipo, clandestino, creado por el gobierno británico, ajeno a la policía (como dicen ellos, están en una zona gris), que resuelve precisamente, aquello que la policía no puede. No porque no sepan, sino por “culpa” de esas leyes, que en defensa de los derechos de cualquier ciudadano, son usadas por delincuentes para escapar de la justicia (no estoy dando ideas). Terroristas, asesinos, traficantes… cualquiera puede ser objetivo de este pequeño y bien entrenado equipo de élite al servicio, no de su majestad, sino del ministro de turno. Hacen limpiezas a fondo de lo que nadie quiere (o puede) limpiar.

By Any Means

Bien contada, bien rodada, bien escrita, bien interpretada. Todo encaja. No hay piezas sueltas. Nada sobra. Nada falta. By Any Means funciona tras una aparente sencillez que hace fácil lo difícil (cuántas series deberían aprender de esta máxima). Los personajes son gente como tu y como yo, nada de marines de élite o cybersoldados. No. Porque su éxito, su capacidad para resolver los casos que se les presentan, reside en eso, en su aspecto corriente, de gente corriente. Y eso ayuda a que empatices con los personajes, desde el minuto uno. Te caen bien. Todos. Y te encantaría trabajar con ellos…

By Any Means

By Any Means plantea el clásico juego del gato y el ratón. Eso sí, reinventado. Porque la diversión empieza desde el momento en el que el gato se viste de ratón. Primero, el plan. Después, observación, conquista, engaño, atracción y… ¡te pillé!. Cuando la trampa es buena, es fácil caer. Como diría Arguiñano, un buen trozo de queso es un buen trozo de queso. Irresistible hasta para las ratas más listas.

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No es la serie del año. Tampoco lo pretende, y eso es un punto a su favor, pero está muy por encima de la media. Y vista la sequía de la temporada, ya es mucho. Ahora solo falta esperar a que una cadena de nuestro país se atreva. Yo hace tiempo, y observando de cerca lo que se está haciendo en la televisión británica, no dudaría en abrir un contenedor de series made in UK. Hay material para asombrar a los espectadores más exigentes.

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