Sleepy Hollow, contra el dolor de cabeza

sleepy-hollow-title

Hace unos días tuve que hacer una mudanza. El que lo haya sufrido en sus propias carnes, sabe de lo que hablo. El que no, ya lo averiguará. No quiero ser exagerado pero yo lo entiendo como una práctica de tortura que la comunidad internacional debería abolir ya mismo.

Mientras recupero extremidades dañadas, y perdidas entre cientos de cajas, me ha dado por pensar en esas pequeñas cosas de la vida cotidiana (por supuesto, voy a frivolizar, que no está el patio para ponernos serios…) que nos ponen la cabeza del revés. Se me ocurren varias capaces de poner violento al mismísimo Dalai Lama. Los atascos, por ejemplo, son una de ellas. Especialmente, cuando al cabo de una hora parados completamente, aquello arranca y compruebas que ni accidente, ni obras en la carretera, ni chica de la curva, ni nada de nada… Un misterio. Desesperante. Que el coche no arranque también toca los huevos (perdón por la expresión pero estamos hablando de cabreos). Para los del transporte público, en cambio, el atasco, si vas en autobús, empeora, cuando en un espacio donde caben 50, nos empeñamos en entrar 150 (tiro por lo bajo). Y todavía puede ser peor cuando alguien te dice aquello de “¿me deja pasar?”… Y tú, agarrado como puedes al pendiente de aro de una veinteañera, piensas (o dices en voz alta, según el grado de mala hostia que tengas ese día) cómo cojones querrá pasar, hacia dónde, y cómo pretende hacerlo por un espacio donde no cabe un folio.

Perder las llaves de casa, del coche, del joyero de la abuela, me da igual, también es un drama. Un pendiente. Nunca los dos. Solo uno. O un calcetín. En un expediente X. Si es el móvil, ya ni hablamos. No articulamos palabra. Parece que si no es ante un microfonito, nuestro cuerpo es incapaz de usar aquello que nos diferencia de los animales. Insólito, pero real. Lo de ir con prisa a algun sitio y encontrarte una cola con más gente que en la procesión de la Macarena también jode lo suyo. Y si encima se te cuela alguien, el psicópata que todos (he dicho todos) llevamos dentro, aflora con resultados impredecibles.

En mi pueblo hay una expresión que dice que “no hay cosa que más me jode que llevar alpargatas cuando llueve”. Cierto. Aquello se va hinchando de tal manera que en un cuarto de hora pareces una drag. Qué decir cuando te falla el ordenador antes de guardar lo que llevas haciendo seis horas. Aunque no se si es peor escuchar, del que tienes al lado, aquello de: “pero ¿no le has dado a guardar?”. Maaa-to.

Podría seguir hablando de miles de pequeños dramas (o no tan pequeños, según se mire), tipo: no tener cambio para la máquina de tabaco y que el camarero te diga “no tenemos cambio”, o para el parquímetro, justo cuando se acerca el vigilante; que te “roben” un sitio para aparcar cuando llevas dos horas y cuarenta y siete minutos dando vueltas (estoy cayendo en que el coche provoca muchos dolores de cabeza); que se te rompa la bolsa de basura cuando la bajas; el último corte de publicidad, allá por la una de la madrugada, justo en el momento en que van a desvelar quién es el asesino en tu serie favorita (cabrones); observar con cara de pánfilo como alguien delante de ti, se lleva el “último” (da igual qué) de lo que tú querías; que se te acabe el papel higiénico (si estás en un bar, eliges muerte); caerte delante de desconocidos (si son íntimos, tu caída pasará de padres a hijos); hacer dieta y engordar seis kilitos; votar a un partido y que haga lo contrario de lo que te prometió…

Como todo en la vida, en esto, también hay diferentes niveles. Para entendernos, pillar a tu pareja en la cama con otro, estaría en el nivel 1. Estar en la sala de espera de un notario y que se te escape una ventosidad, sería un nivel 3. Resbalarte con la bandeja en el comedor del trabajo (el día que has elegido macarrones con chorizo), yo lo pondría en el nivel 2. Que te estalle un bolígrafo en el bolsillo, no te des cuenta, te pases la mano por la cara, y acudas a una entrevista de trabajo como quien acaba de arreglar un tractor (esto es real como la vida misma), es un nivel 4. A no ser que el puesto sea para un taller mecánico, en cuyo caso, se cae de la lista de tragedias.

Resumiendo. Hay cientos, miles de pequeñas catástrofes, que pueden convertir nuestra vida cotidiana, en una trinchera. Nos irritan, nos cabrean, nos avergüenzan, nos deprimen…  En definitiva, nos hacen perder la cabeza.

Sleepy Hollow

Esto es lo que ocurre con la serie de hoy. Lo de perder la cabeza es un chiste muuuuuuy fácil, y pido disculpas por ello. No he podido resistirme. Pero tengo sentimientos encontrados. Vamos por partes. Sleepy Hollow, conocida también como La leyenda del jinete sin cabeza, es una historia escrita en 1820 por el estadounidense Washington Irving. Tim Burton adaptó este cuento gótico en 1999, y consiguió un enorme éxito, gracias a su exquisito sello personal. Nadie como él para crear, y recrear, ambientes tan oscuros e inquietantes como este.

SleepHollowFeature

La historia se sitúa en 1799. Un agente llamado Ichabod Crane es enviado a Sleepy Hollow, una pequeña aldea, donde un asesino en serie decapita a sus víctimas. Los lugareños no tardarán en contarle que el responsable es un aterrador jinete que deambula sin cabeza.

Pues bien, la historia se ha convertido en serie. Y aquí llega el momento de la decepción/fascinación. Lo primero, decir que se ha producido una actualización, por otra parte, imprescindible si querían que la cosa diera para más de dos episodios. O sea, que se desarrolla en la actualidad, pero con constantes flashbacks que nos llevan hasta la Guerra de la Independencia de Estados Unidos. Correcto.

Pero a partir de aquí es donde se produce cierta decepción. Porque sus creadores, ante una historia poderosa como pocas, han diseñado una receta excesivamente sencilla, donde han mezclado un poquito de Buffy, Crónicas vampíricas, Haven, Sobrenatural, Entre fantasmas… Todo a la batidora. Bien picadito. Incluso apostaría a que son fans de Guillermo del Toro y vieron su magnífica El laberinto del Fauno (cuando veáis sus criaturas ya me diréis). Y no digo que esté mal. Solo que yo me esperaba una historia más adulta, más oscura, más terrorífica, más despiadada… y lo que han construido es un magnífico producto “tv fast food” para consumo rápido, fácil, sin pretensiones, y apto para un público joven. Y esto no es malo. Que nadie me malinterprete. Simplemente, que yo me senté a ver Sleepy Hollow con una copa en la mano, y sin embargo, es más de palomitas y refresco.

FOX-Sleepy-Hollow

Culpa mía quizá. O culpa de una promoción ambigua que ponía el foco en un aspecto que al final, ha sido suavizado. Sea como sea, ya se ha confirmado que tendrá una segunda temporada. Un nuevo éxito con el sello FOX. Enhorabuena.

En cualquier caso, no seré yo el que renuncie a una serie que solo busca el entretenimiento. Faltaría más. Con la que está cayendo… Aquí ni un pero. Porque como es habitual, la factura de la serie es impecable, los actores bien elegidos, los guiones muy bien construidos. Todo sin sorpresas. Y mira tú por dónde, creo que ese es su error. Que no hay sorpresas.

Sleepy  Hollow no te hará perder la cabeza (perdón de nuevo), pero es un producto muy digno para disfrutar, por ejemplo, mientras buscas las llaves o piensas dónde coño has podido dejar la cartera…

sleppehollowt1c

Ah, por último recordarte que Personas en serie también está en Facebook. Por si te apetece echarle un vistazo…

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s