The Fall, las damas primero

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Acabo de ver Carta a Eva, una maravillosa miniserie de TVE que demuestra (y así lo han visto en los más prestigiosos festivales del mundo) el inmenso, y siempre generoso talento que hay en este país. Qué injusto es el acoso y derribo al que está sometida la industria del cine en nuestro país. Qué injusto es cuando se le insulta diciendo que son unos subvencionados. Y la agricultura, y la pesca, y el deporte… Sin ir más lejos, la industria del automóvil, ha recibido cerca de 400 millones de euros de ayudas, frente a los 50 del cine. Y no he escuchado al señor ministro preguntarse si los coches no se venden porque a lo mejor no son buenos… En fin, no me toco más las palmas que me conozco… Entre sus muchas cualidades, esta serie presenta un duelo apasionante entre dos mujeres, Eva Perón y Carmen Polo, esposa de Franco. Dos primeras damas tan opuestas, tan antagónicas, que lo lógico hubiera sido que se amaran, por aquello de que los polos opuestos se atraen… Pero no fue así. Se odiaron. Mujer contra mujer. La historia las ha juzgado y colocado en lugares bien distintos. Mientras que Evita fue y es, todo un símbolo, una leyenda que supera a su propia figura, amada y odiada con pasión, a la esposa de Franco apenas se la recuerda. Un personaje gris llamado “la collares”, toda una (maligna) declaración de intenciones.

Precisamente, estos días leo en la prensa internacional, la visita que el presidente de China está realizando a México. Y es curioso como este periodismo (serio, cuidado), destaca y mucho, otro duelo de primeras damas. Ambas con pasado artístico (una cantante y la otra actriz) y digo pasado, porque ahora, las dos se han visto obligadas a abandonar sus carreras para dedicarse a lo que se le exige a la mujer de un presidente, que sean primeras damas, o lo que es lo mismo, que acompañen a sus maridos calladitas, sonrientes, bien vestidas… O sea, atractivos floreros. La esposa del mandatario chino, Peng Liyuan, es (era ya antes de casarse) toda una diva de la música en su país (algunos de los títulos de sus hits son Gente de nuestro pueblo, Soldado y madre o Elogio de la bandera… o sea, una especie de Marujita Díaz con aquello de su banderita tu eres gualda…). En su país, la llaman la Bruni china (qué sentido del humor). La del mexicano Peña Nieto, Angélica Rivera, una famosa actriz de culebrones conocida también como la Gaviota, mote del personaje de su último trabajo, Destilando amor. Desde entonces, y según se explica en la web de la presidencia del país, “sirve a México apoyando el trabajo del hombre que más admira” lo que representa “el más grande honor”.

Y yo me pregunto, ¿qué tiene que tener una primera dama? ¿Por qué resultan tan fascinantes para la prensa?

Empecemos diciendo que el trabajo es un contrato temporal, a tiempo completo, pero con fecha de caducidad y sin sueldo (al menos directamente). Los países con monarquía estamos a salvo. Aquí no existen. Bueno si. Aquí está la Reina, aunque cuentan que alguna insensata, al llegar su marido al poder, intentó convertirse en una de ellas, al más puro estilo americano. Le salió el tiro por la botella. Perdón, por la culata. Y es lógico que pensara en Estados Unidos, porque allí, a falta de monarquía, se venera esta figura, digamos, borrosa.

Me viene a la cabeza lógicamente Michelle Obama, convertida en un activo para su marido hasta el punto de ser responsable de varios miles, puede que millones, de votos a favor de su marido. Comprometida, sofisticada, con agenda propia, no llega al activismo de Hilary Clinton, pero tampoco es la típica ama de casa, papel que representó como nadie, Barbara Bush, esposa y madre de presidentes. Michelle cuida su imagen como la que más, y el simple gesto de ponerse flequillo, provoca debates televisados (fundamental para salir de la crisis). No es Jackie Kennedy. Ninguna lo ha sido, aunque sospecho que muchas, han pretendido ser.

El resto del continente americano apenas tiene primeras damas mediáticas, a excepción de Cristina Kirchner. Ella es un dos por uno. Primera dama y presidenta. Esto si es ahorro. Aunque al final no sea tal si pensamos que esta buena señora se ha gastado su peso en oro, en cirugía plástica. Su rostro es de los que yo llamo, hola y adiós, porque ese desparrame de botox y morros, te impide saber cómo está la señora presidenta. No se yo si fiarme mucho de un político aficionado a esto… Últimamente también se habla de la mujer del presidente venezolano. Pero la señora de Maduro parece más inclinada a la causa que a la moda.

Ya en Europa, la cosa se centra básicamente en Francia. Curiosamente, al país que abolió la monarquía, cortándola de raíz (nunca mejor dicho), le gusta una primera dama más que aun tonto un lápiz. La penúltima hizo correr más ríos de tinta que su marido. Carla Bruni, ex modelo y cantante, fue la percha perfecta para lucir la moda francesa. Eso si, al igual que la señora Kirchner, el botox en las tostadas de cada mañana, por aquello de ahorrarse la hidratante. Se casó y fue madre durante el mandato de su esposo. Lució allá donde la enviaban, y cumplió con su papel. Chapeau.

Un ejemplo del poder mediático que tienen sus primeras damas, lo pudimos apreciar durante la visita que la real pareja, republicana, realizó a España. El tema se nos fue de las manos, y la prensa calentó el duelo que tendría lugar, curiosamente, no con la primera dama de nuestro país, o sea, la Reina Sofía, sino con la Princesa de Asturias. Y así fue. El País, prensa seria (eso dicen ellos), ilustró la visita llevando en portada una fotografía en la que se puede ver de espaldas a la Bruni y a Doña Letizia subiendo las escaleras de palacio, embutidas en un traje cada cual más ajustado, marcando trasero, y sostenidas en una tacones de vértigo (para ser sinceros, más los de la princesa, porque el francés es tipo taco, o sea, chaparrete, lo que obligaba a su mujer, a usar tacones recortados (no confundir con armas recortadas… ¿o si?) por aquello de no hacerle quedar mal y servir solo para que tu churri apoye el bolso en tu cabeza). Buscar la imagen si no lo la visteis en su momento, porque no tiene desperdicio. El resultado del choque, incluso para la prensa gala, fue de, Bruni 0 – Letizia 1.

Pero, Nicolas Sarkozy pierde las elecciones y por lo tanto, su esposa, el trabajo. Las condiciones se saben de antemano así que no hay posibilidad de reclamación (ni indemnización). Esto es, que no se puede ir el presidente y quedarte tu en el puesto de first lady. Aunque podría ser… Al fin y al cabo, ahora hay dos Papas y tan ricamente.

Sigamos en Francia porque si la señora Sarkozy dio que hablar, la de ahora da para no callar. Valérie Trierweiler. Periodista. Aunque no están casados, a los franceses no les importa (aunque que se casen otros, parece que si y bastante). Muy enamorado tiene que estar el presidente francés para no ponerla los maletones (imagino) en la puerta del Eliseo, sin pedirle taxi ni nada. Cada vez que abre la boca, sube el pan. Su vida es pura denuncia. Todo empezó cuando la buena señora apoyó a través de su twiter al contrincante de la primera mujer de su pareja. Aviso para navegantes. No se puede ser más perra. Porque yo digo, si ya es “su primera mujer”, qué necesidad hay de darle más caña… Desde entonces, un rosario de perlas (verbales) y despropósitos (no tan verbales), que la colocan (con perdón) en una posición incómoda. Las apuestas no son muy favorables y ya hay quien cree que terminará contrato antes que Hollande. Gracias por venir y cierre la puerta al salir.

El resto del continente, soso. Acabamos de saber que Putin se ha divorciado. Yo personalmente desconozco quién era la señora Putina. 30 años casados y dos hijas de Putin. Pero vamos, que si él no lo llega contar, ni nos enteramos. Es lo que se llama primera dama de perfil bajo. En Alemania, donde gobierna (y cómo lo hace la muy…) la señora Merkel (que pena de señora por dios, tiene una de esas caras que solo puede querer una madre), su marido (para que luego digan que no existe un roto para un descosido) apenas tiene representación pública. Vamos, que no existe la figura del… ¿primer caballero?. ¿Machismo? ¿Feminismo? En Italia tampoco nada que rascar (bueno, si, pero se me va de las manos). Y el resto, no merece mención.

Total, que hoy andamos escasos de primeras damas fuertes, mediáticas, capaces de eclipsar a sus maridos… Hasta en esto hay crisis. Y se echa de menos. Es lo que tiene ser cotillas implacables, depredadores de la vida de los demás… Estaremos de acuerdo en que hay que estar hecho de una pasta especial para aguantar vivir en este lugar, que ni es lugar ni es nada… Puro escaparate. Yo lo veo como si en Ikea pusieran modelos sentados en los sofás o durmiendo en sus camas. 12 horas al día. Salario mínimo más comisiones.

The Fall

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Se me ocurren varios nombres que podrían quedar estupendamente como primeras damas. Gilliam Anderson, o mejor dicho, Stella Gibson, inspectora de policía británica. Todo talento, temple, sobriedad, elegancia, inteligencia, sin olvidar, su manejo del tacón (imprescindible) y su capacidad para sobrevivir en un mundo de hombres dispuestos a triturarlas en cuanto bajen la guardia. Es una candidata perfecta. Bueno, casi, pero no puedo contar más para no destripar la serie, o sea, hacer un spoiler, que queda más fino. Pero, ¿es la perfección un punto en su contra? Rotundamente si, porque podría hacer sombra a quien se le acerque. Ya se sabe que detrás de un hombre extraordinario, hay una mujer… sorprendida. Así que, abstenerse mediocres. Volvamos al asunto. ¿Quién es esta buena mujer, os estaréis preguntando? Pues la protagonista de la última sensación televisiva en el Reino Unido, The Fall. Lo se, lo se… ¡Otra serie británica!. Pero qué culpa tengo yo, si ahora mismo, la mejor ficción del mundo, se hace allí (por cierto, el grupo Atresmedia tiene sus derechos… ¡tampoco es culpa mía si tienen un excelente equipo de compras!).

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Empecemos desde el principio. The Fall es una serie de cinco episodios emitidos por BBC Two, que se ha convertido en un gran éxito de audiencia. La historia se desarrolla en Belfast, descrita como un lugar inhóspito, ciudad fría, lluviosa, violenta, incapaz de superar heridas pasadas, y devorada por la corrupción. El asesinato de la hija de un político provoca que la agente Stella Gibson viaje desde Londres para dirigir la investigación. Y aquí aparece una brillante Gilliam Anderson, la inolvidable Scully de Expediente X. Los años le sientan bien. Muy bien. Y los británicos saben aprovecharse de su talento. Porque Anderson ya ha participado allí en varias producciones televisivas (Bleak House, The Crimson Petal and the White). En todas, magnífica (también la podemos disfrutar esta temporada en Hannibal). Pero aquí, se sale. La composición que hace de una inspectora dura, implacable, sin corazón, poseedora de un peligroso magnetismo irresistible para los hombres, dueña de un autocontrol sorprendente… te deja sin palabras. Hasta el tono de su voz, bajo, impercetible, a veces irritante, a veces, delicioso. Pero siempre inquietante. No grita. No se enfada. Susurra. Suficiente para provocar el terror más absoluto entre sus compañeros. Y es que no hay nada que altere más que alguien… que no se altera nunca. Nada parece tener la mínima importancia en su vida. Nada, excepto… su sentido del deber, sobre todo consigo misma. Y ese deber le impone una misión: atrapar a un asesino en serie. Porque al primer asesinato seguirán otros. Todos cometidos por una mente tan diabólica como brillante. ¿Defectos? Claro. El peor de todos. Ella misma. Una lucha permanente que sin embargo, ha logrado controlar.

¿Crees que no hay nada nuevo? Espera. Porque hay algo que distingue a esta serie. En el minuto uno, el espectador conoce la identidad del asesino. ¿Qué? Pues lo que he dicho. Aquí no se trata de descubrir quién es. Aquí asistiremos a un duelo entre dos mentes privilegiadas que no descansarán hasta que uno de los dos abandone. Ha comenzado una cacería donde no se sabe quién es la presa y quien el cazador. Hay que estar muy seguro de lo que se tiene entre manos para arriesgar de esta manera. Pero es que el material es una bomba. Tanto que ya hay confirmada una segunda parte.

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Junto a la espléndida Gilliam Anderson, como siempre, un reparto excepcional. El asesino (lo puedo decir abiertamente) es Jamie Dornan, conocido hasta ahora por dos cosas. Por su participación en la serie Erase una vez, donde da vida al sheriff Graham, y por ser modelo de ropa interior de Calvin Klein. Esto ya nos da varias pistas. Una, que en la serie no ahorran momentos shirtless (se quita la camiseta con bastante facilidad y porque lo exige el guión). Dos, no es guapo, pero tiene algo. Ya sabéis cómo son estos modelos. Cara de malas pulgas, y pinta de malotes… que ya me diréis la necesidad que hay de este estereotipo si de lo que se trata es de vender calzoncillos, peeero, este es otro tema. Con todo, este chico, curiosamente nacido en Belfast, asusta al mismísimo miedo con solo una mirada, como diría nuestra querida Marta Sánchez. Pero como ya sabréis, Jamie Dornan ha sido elegido como protagonista de la versión cinematográfica de 50 sombras de Grey. ¿Qué quiere decir esto? Pues que vamos a ‘jartarnos’ de ver al muchacho en todo su esplendor. Aquí va un adelanto. Por cierto, esto no le impedirá participar en la segunda temporada de The Fall.

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Destacable la participación de Archie Panjabi, actriz inglesa conocida por la serie The Good Wife, por la que ha sido nominada al Globo de Oro en la última edición. Aquí recupera su acento, y aunque su papel es breve, será clave en la historia. Ah, y no me puedo olvidar de una niña. Un descubrimiento. Ya lo veréis (y eso que a mi, los niños en el cine y la televisión, me ponen de los nervios, especialmente desde El sexto sentido).

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Resumiendo. Estamos ante una serie brutal. Inteligente. Valiente. Con una extraordinaria mujer al frente, a la que seguramente, si le preguntásemos sobre el papel de las primeras damas, nos respondería con un ¿qué es eso?. Tampoco creo que aspire a ser una dama de primera, por muy british que sea su personaje. Presiento que ella, preferiría ser, simplemente… una mujer.

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