Broadchurch, una serie todo incluido

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Huele a verano. Me da igual lo que diga el hombre del tiempo. ¡Quiero que haga calor! Así que no hay más que hablar. Porque además, con la llegada del verano, llega el estrés de todo lo que tenemos que hacer y el poco tiempo que nos queda. Lo primero, decidir dónde ir de vacaciones (quienes puedan, claro). En España, uno de los destinos preferidos es la mítica Ibiza. Conocida mundialmente por sus noches interminables (por la fiesta que no es el Polo Norte), su música, sus clubs, sus celebrities, sus playas, sus aguas, y algún aderezo más, la isla blanca (manda huevos el nombre) es un paraíso en el Mediterráneo capaz de atrapar al viajero más exigente. Pero vamos al tema que empiezo a parecer un catálogo de viajes.

Cuando ya parecía que todo estaba inventado, un joven empresario de la isla se sacó de la manga un nuevo concepto de hotel. Le pidió a su padre (antiguo ministro con el señor Aznar) que le dejara 22 millones de euros y un hotel en decadencia en una de las zonas, digamos, menos agraciadas. Hasta aquí, lo normal. El chico lo tenía claro, tenía que hacer algo nuevo, diferente, original, único (ahora parezco José Luis Moreno) y en un pis pas, nacía Ushuaïa Beach. ¿Y qué tiene el Ushuaïa Beach para haberse convertido en un referente internacional? Pues entre otras cosas, que no hay que esperar a que anochezca para disfrutar de las sesiones de los mejores DJ del planeta. Aquí, a las cinco de la tarde, hora muy taurina, y previo pago de 60 euros (nada de dios mediante), Sven Väth, Luciano, David Guetta, entre otros muchos, ofrecen alrededor de una espectacular piscina, lo que la isla sabe hacer mejor que nadie: diversión con la música electrónica que marca tendencia en el mundo. Capacidad: 20.000 almas. Los clientes, entran gratis. Detallazo.

Todo un pelotazo turístico (legal) que este inquieto (y muy listo) empresario ha sabido aprovechar. De hecho, tras el éxito del primero, se acaba de inaugurar su hermano gemelo, el Ushuaïa Tower, que siguiendo a su hermano mayor, nace de las cenizas de otro hotel que ya solo conseguía clientela entre los estudiantes en su ansiado viaje de fin de curso e Imserso. Como la inflación está que se sube por las paredes, la operación de chapa y pintura nos ha salido por 25 millones de euros. Para recuperar rápido la inversión (no están los tiempos para emprendedores idealistas), ofrece reclamos que casi sonrojan: presume de tener una de las suites más caras del planeta: 10.000 euros la noche (ya tiene varias reservas). Es la habitación más grande de Ibiza (y luego dicen que el tamaño no importa). 200 metros cuadrados con jacuzzis hasta delante del microondas. Carta de almohadas, habitación para celebrar fiestas privadas con dj, bodega, vistas a Formentera y kit sexual compuesto de preservativos, lubricantes, vibrador y una bombona de oxígeno. Indispensable en cualquier hotel que se precie y mucho más práctico que eso de las biblias en el cajón de la mesilla.

Insisten en que también tienes mayordomo, al que sospecho, identificado con pulsera electrónica (y dos guardaespaldas), porque con ese precio, ya me veo a muchos llevándoselo como el champú y el gel del baño. Como extra, si quieres, te envían un avión privado a cualquier parte del mundo, y te traen a la suite. Y yo que creía que el salmón ahumado en el desayuno de los hoteles, era lo más de lo más…

Lujo (obsceno seguramente para los tiempos que corren, pero real como la crisis) al alcance de unos pocos. Según el joven empresario, las clases medias no tienen dinero, y el que lo tiene, no se lo gasta, así que pensó en ir a por las pudientes, que da la casualidad que siempre son rusos y árabes (qué obsesión la de estos países con restregárnoslo por las narices).

Vodka a 3.000 euros. Champán a 100.000. Hablo de precio por botella, no de la bodega entera. Bueno, para ser justos, también tienen uno de oferta a 46.000 euros. Que luego no digan que no piensan en que la cosa está muy malita. Las camas balinesas en la piscina, están a 6.000 euros (la cama viene vacía). Incluye un despliegue sin igual de gogos monas, limpias e internacionales. De esas que quedan bien donde las pongas. Y todo pagado con huella dactilar. Así no te enteras de lo que vas gastando y no necesitas cartera (si estás muerto, el dedo no funciona, que ya os veo venir).

Muchos no creyeron en su proyecto. Hasta su propio padre rezaba lo que no está escrito. Pero ha pasado el tiempo y ya es todo un éxito que pronto empezará a exportar. De hecho, un día se dio cuenta de que le sobraban 300 millones y no sabía dónde meterlos ( y yo que me vuelvo loco cuando encuentro 2 euros en un pantalón). Pues nada, otra vez le dijo a papá, necesito otro hotel, que me aburro. Y el padre, que es todo un padrazo, contestó aquello que nos han dicho a todos alguna vez, de “quédate con todos ya y no seas pesao”. Oye, dicho y hecho. Ha decidido reconvertir toda la zona, y todos esos hoteles que languidecían, se convertirán en 5 estrellas, con campo de golf y centro comercial. Mira, seguro que les ponen un Mercadona, que la zona, que yo recuerde, no tenía muchos súper donde hacer la compra antes de ir a la playa. Venga, datos, que nos gustan… 3000 puestos de trabajo estables y 1000 solo para su construcción.

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Irresistible para muchos. El horror para otros. Pero así es Ibiza. O la odias o la amas. Como la mayoría de los sitios de veraneo. Como Broachurch (nombre ficticio), un pequeño pueblecito en la costa inglesa, en Dorset (esto es real) donde se desarrolla una inquietante serie británica. Para los clientes de los Ushuaïa, una residencia de ancianos. Aunque, eso si, después, en plan spa, en plan descanso total para recuperarse de la agotadora experiencia ibicenca, puede ser una alternativa (esta más apta para todos los bolsillos). Decía que estamos ante otra buenísima serie de la británica ITV. Si, otra vez británica. Pero como ya he dicho aquí en varias ocasiones, asistimos al nacimiento de grandes ficciones que pueden poner en peligro a las hasta ahora todopoderosas made in Hollywood. Broadchurch toma su nombre de esta pequeña localidad de veraneo, de grandes playas y espectaculares acantilados (así es más fácil acabar con la vacaciones si el tiempo no acompaña, como es de esperar). Un asesinato romperá la tranquila y casi tediosa vida de sus habitantes. La cuenta atras para descubrir al responsable, comienza ya.

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Ocho episodios a caballo entre las magníficas The Killing y Wallander. De la primera toma su trama y su inteligente forma de confundir al espectador, ofreciéndole sospechosos (casi uno por episodio) para que la duda se instale y haga falta esperar a los últimos minutos de la serie para saber quién mató a Danny (cuentan que solo cuatro miembros del equipo conocían la identidad del asesino, y que el actor se enteró poco antes de rodar las secuencias). De la segunda, su estética, su fotografía, fría, nórdica, con imágenes desenfocadas, ritmo pausado, y mucha, mucha cámara lenta (quizá demasiada). Hasta su banda sonora es gélida, pero claro, corre a cargo de un islandés llamado Ólafur Arnalds (y allí, ya me dirás), que mezcla brillantemente lo clásico y con sonidos futuristas.

Broadchurch - Specials

Conviene decir que aunque a mi me ha resultado fascinante (pero claro, yo soy muy de Agatha Christie), Broadchurch reúne muchos tópicos del género. No lo digo en el mal sentido. Si no bordean el aburrimiento, los soporto. La serie tiene un poco de todo. Vamos, que está todo incluido. Tenemos un asesinato de manual. Un pueblo pequeño donde nada ni nadie es lo que parece. Secretos inconfesables. Policía bueno, policía malo. Policía atormentado, policía feliz. Una lista de sospechosos donde todos tienen un motivo… Nada nuevo, pero tampoco lo es el gazpacho y no hay dos iguales. Hasta se permite soltar una bofetada a la prensa sensacionalista, tan presente en la vida del país (y que aquí hemos importado divinamente).

Broadchurch

Los actores son brillantes. Como siempre. ¿Qué estudian allí para que todos sean tan buenos, tan creíbles, y además, vocalicen y se les entienda (es un decir)? Encabeza el reparto, David Tennat, actor escocés conocido por haber dado vida al Doctor Who, una legendaria serie británica de ciencia ficción. Junto a él, Olivia Colman, otra actriz de éxito de la televisión británica. Aunque la serie era autoconclusiva (ocho episodios y punto), el éxito de audiencia, y también entre la crítica, ha sido tal, que la cadena ya ha anunciado que tendrá una segunda parte. Aquí ha sido adquirida por el Grupo Atresmedia. Desconozco cuándo y en qué canal será emitida.

Así que, yo la recomiendo de verdad. Te va a enganchar. Pondrá a prueba tus cualidades como detective. Y si además, la ves en verano, te refrescará más que el aire acondicionado. Eso si, a los amantes de sol y playa, no se les pasará por la cabeza, disfrutar allí de sus vacaciones. Y a los clientes de los Ushuaïa, mucho menos. Pero estoy seguro que ambos, la disfrutarán igual.

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