The Following: Tic Tac Tic Tac

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En un país donde el nivel de escándalos supera cualquier novela de John Le Carré, no es de extrañar que los ciudadanos (nosotros) tengamos que cribar información por el bien de nuestra (cada vez más escasa) salud mental. Y claro, hay algunos muy gordos que sin embargo pasan casi desapercibidos. Como los desastres naturales por ejemplo. Pero es que no damos abasto.

Ante esto, la profesión de periodista se especializa hasta el rídiculo. El que quiere saber, el que quiere investigar, el que quiere ser tertuliano (a pesar de las amenazas de Montoro contra el gremio). En definitiva, el que quiere ser más famoso que el famoso de quien habla (y luego se metían con los periodistas del corazón). Por un puñado de euros, se vende madre, marido, hermana, socio, compañero de partido… ¡Que me lo quitan de las manos! Y claro, la prensa se ha tirado a la piscina haya o no haya agua (primero va el becario). Se busca escándalo. No se necesitan referencias. Pago al contado. En negro. No se exige que sea verdad.

Uno de los penúltimos en estallar ha sido el caso de espionaje en Cataluña. Parece ser que una agencia de detectives llamada Método 3 (incluso investigó la desaparición de la pequeña Maddie) espiaba a los políticos de allende los calçots, más que una madre el Facebook de su hijo adolescente.

No voy a aburriros con la historia porque esto es como una película de espías pero de aquí. O sea, pelín cutre. Micrófonos en floreros (por favor), un céntrico restaurante de Barcelona convertido en el meeting point (pero pero pero…) de espías y espiados, y unos personajes indignados con la boca pequeña porque aquí está metido hasta Coby.

Pero es todo taaaaan casposo, que no da ni para una tv movie. En Estados Unidos por ejemplo, se hacen películas y series del caso más insignificante (véanse las sobremesas de Antena 3, sábados y domingos). Aquí no podemos. ¿Os imagináis una serie basada en Bárcenas? Digo serie porque es imposible resumir 30 años de “presuntos” robos, comisiones ilegales, sobres, viajes a Suiza, etc… No digo yo que TV3 no se lo haya pensado. Pero no. No son ellos de dramatizar tanto (y mucho menos si su casta política queda por los suelos).

Por supuesto me niego a considerar los intentos bochornosos, llamados biopics, de la Pantoja, La Dúrcal, la Duquesa de Alba o los Príncipes de Asturias, meras excusas para dar carnaza a los programas de vísceras, cuando estos andan escasos de contenidos. No. No tenemos ni costumbre ni tan siquiera casos que sirvan para una buena serie. ¿Una pena? Lo sería si no tuviéramos de qué hablar, pero lo malo es que tenemos para poner un mercadillo. Y quizá ese sea el problema, que son poco sofisticados.

Total, que en lugar de estar hecho unos zorros, me siento la mar de bien. Zapatero a tus zapatos (léase como cada uno quiera). Para buenas historias de espías, ya tenemos a los americanos. Y eso que ahora están superestresados. Porque el altísimo nivel alcanzado por la ficción televisiva en los últimos años ha supuesto un arma de doble filo para sus creadores. La exigencia es tal que muchas de las nuevas propuestas, de esas que se denominan “la serie de la temporada”, apenas consiguen durar unas semanas en antena. Asistimos a un nivel de cancelaciones que casi asusta (especialmente a las cadenas de televisión aunque con la que está cayendo, ya me dirás tu qué problema).

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The Following nacía con esa etiqueta, y aunque en Estados Unidos no ha sido el pelotazo que se esperaba, se ha crecido semana a semana, con picos de casi 12 millones de espectadores y la confirmación de una segunda temporada. ¡Bien!. Y es que la serie protagonizada por Kevin Bacon tiene elementos para triunfar.

La lucha (dialéctica) entre el policía atormentado y el psicópata cultivado (con acento británico como es habitual en Hollywood), se convierte en una poderosa trama que te mantiene pegado al sofá. Peligro. Alta tensión.

The-Following MALOSin ser un producto extremadamente original (sus creadores no quieren o no pueden disimular su devoción por El silencio de lo corderos), todos los componentes de la serie funcionan como un reloj suizo (lo digo sin segundas), un reloj que emite un poderoso tic tac, que previene al espectador de que algo va a estallar, pero sin pistas de cuándo, cómo, dónde…

Con un extraordinario Kevin Bacon, en su primera incursión en la pequeña pantalla, y un reparto brillante gracias a unos guionistas quizá un poco amordazados, The Following tiene recorrido. Mucho. Especialmente si los responsables se vuelven un poco más ‘malotes’ de lo que están siendo, y dejan que la historia sea un ‘pelín’ más oscura, más perversa, Será entonces cuando podamos hablar de una de las grandes apuestas. Y sin duda, podría ser, la serie de la temporada.

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Imprescindible su banda sonora. Cada episodio termina con un temazo que sirve de pomada ante tanta herida abierta. En el episodio 7, por ejemplo, hay que subir el volumen del televisor y rendirse cuando suena If I Had a Heart de los Fever Ray.

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